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jueves, 20 de noviembre de 2008

Inmanencia Subversiva

Aquí va el texto de mi ponencia dada el 13 de noviembre como parte de las Jornadas de Historia, "Distopías de lo Real: Utopías de la contracultura", en la Universidad Iberoamericana.


Hay un capítulo de los Simpson en el cual Homero se determina a leer un libro de Bill Cosby sobre cómo educar a los hijos, para mejor lidiar con Bart. En dicha lectura encuentra una proposición que le parece paradójica y atractiva a la vez: Para lograr que un chico haga lo que quieres, dile que haga lo opuesto. Y le funciona. A lo que voy es—aparte de intentar amenizar el ambiente con una referencia cultural simpática y bien conocida—que la contracultura no es necesariamente contra de nada. Es decir que no se basa o se define en oposición—y/o por lo términos—de la cultura dominante a la cual presenta una alternativa o problematiza por añadidura. Creo inicialmente que este es un valor contracultural esencial: la diferencia. Sobra decirlo y es redundante, pero por algún motivo—la homologización rampante de esta época del sentido común y el brutal sintetismo jungiano de la tolerancia y el multiculturalismo por el cual se reduce y neutraliza—la diferencia es siempre radical. Es decir que marca algo que no es meramente el polo opuesto o complementario o contrario de un modelo, sino que introduce modelos distintos e inconmensurables. La contracultura no se define por la cultura dominante y sus términos.


Incluso un parte vital de las propuestas contraculturales, particularmente las que se encuentran en un estado de diáspora, es la gestación y establecimiento de lo que Hakim Bey designa como Zonas Autónomas Temporales; es decir, espacios en los cuales los valores de la cultura dominante cesen de operar, ofreciendo modalidades de interacción y vivencia de otra textura e índole. Así también las contraculturas no sólo se oponen a la cultura oficial o dominante, o el Zeitgeist, de cierto sitio o tiempo, sino que los desestabilizan y deconstruyen de paso. Es una suerte de hermenéutica de la subjetividad, subversiones de la mirada. Ya que si tomamos la palabra cultura por su designio clásico de hábitat; es decir, aquel sitio que habitamos y aquello que a su vez nos habita—espero tener tiempo para volver sobre este punto, ya que creo que hoy en día con las neurociencias tan en boga y bajo su delirio de poder y verdad, es esencial preguntarnos dónde empieza el mundo y dónde la mente, dónde quién percibe y lo percibido: es una raya tan borrosa y difusa como la que designa al narco y al gobierno.


Me parece también importante calcar una distinción entre contracultura y lo que hoy conocemos—y explotamos en los medios—como subculturas. Me gustaría aludir a esto en referencia al mercado del porno de imágenes en movimiento. Como en los años 70s que había el cine porno, con las mega-producciones y mega-narrativas como Garganta Profunda, Detrás de la Puerta Verde, El diablo en la señora Jones, EN FIN…la llamada Era Dorada del Porno. Propuestas ante las cuales se podrían presentar variaciones y propuestas alternas a sus narrativas del deseo y sus construcciones del sujeto deseante. Posteriormente, en los 80s, entran al mercado las videocaseteras Beta y con ello el mercado porno se divide en nichos, cada vez más específicos. Como analogía, mucho de lo que presenciamos hoy en día como subculturas no son necesariamente contraculturales, sino más bien nichos. Es decir que puede incluso que apoyen y reivindiquen los valores de la cultura dominante en vez de plantear alternativas o problematizaciones.


Con esto quiero hacer hincapié en un punto esencial en el estudio de la contracultura: distinguir la ética de la estética. Y esto no porque inicialmente estén separadas, sino porque una de las maneras más efectivas de cómo se desarma un movimiento contracultural es depurando su estética de la ética. El movimiento punk es un claro ejemplo de ello. Surgido a principios de los años 70s a la par del desencanto que trajo consigo la respuesta de la derecha global a las protestas de finales de los 60s, el Detente, el punk basó sus fundamentos ideológicos en la noción de comunidad y de escepticismo primordial y encarnado ante los criterios convencionales, incluso los ya instalados en la mente del individuo. Era de entrada un movimiento con una propuesta ética y política clara. Como muchas de las manifestaciones contraculturales, surgió de una comunidad para esa comunidad, y al ser asimilado y cooptado por el mercado, fue dirigido hacia un grupo demográfico desde un interés de capital, logrando mediar las relaciones entre los participantes por medio del consumo, generando un sentido de jerarquía antes ausente, pero ante todo, alienando a los sujetos, desarmando así el movimiento en su ámbito político. Depurado de su ética, hoy podemos incluso ir a Pabellón Polanco y a un lado de Radio Shack, comprar ropa "punk"; hoy en general tendemos a creer que el punk es mucho gel en el pelo pintado y aretes en las cejas y pulseras con picos de metal, y música apática. Cuando en su trama ideológica incluso la ropa tenía un sentido, la hacía uno mismo para no alienar a otros en su producción así como para desafiar la noción de belleza establecida. El sonido tenía un propósito, minimalista, para permitir la expresión de quienes no eran virtuosos musicales, y a volúmenes altos para descentrar al sujeto. Incluso había métodos para mantener alejados a los dorgadictos, para no darle escusa a la policía de irrumpir las tocadas y modos de presentar las tocadas, sin división entre público y banda para no hacer de la banda, ni de nadie una autoridad cultural. Fugazi es una banda ejemplar en estos sentidos: sus tocadas son siempre en lugares que no rebasen cierto tamaño para no permitir esa división, no se cobra más de cierta cantidad en la entrada para no excluir a nadie por falta de recursos, así mismo se hacen de tal manera que puedan entrar personas de todas edades.


O pensemos incluso en el movimiento Gótico, cuya propuesta en gran medida ha sido poner en escena algo obsceno: la tristeza. Darle sitio y movimiento dentro de lo público a la tristeza, a la melancolía. Creo que es una propuesta digna, en particular en una época que no porque tengamos I-Pods deja de ser feudal, y en la cual estamos, de una u otra forma normativizados por el protocolo más que el castigo, la disciplina y la vigilancia, de tener que gozar. Obligados a gozar en forma, en lo que bien podríamos designar, en acuerdo con Alexander R. Galloway, como una adhocracia. Me hace pensar en un espectacular de seguros monterrey que vi hace poco en Parque Lira, que decía: Ríe, nosotros nos encargamos del resto. O, "nosotros controlamos tu vida y hacemos lo que se nos antoje de ti, pero tu riete; no vayas a dar indicio de que no estás de acuerdo". Ahora no sólo hay que hacer lo que la autoridad con todo su aparato represor dictamina, sino que nos debe agradar. El jefe, como bien lo plantea Zizek, ya no ejerce su autoridad como lo que es, terror, sino que es más insidioso, ahora llega y nos cuenta un chiste obsceno, despliega un nuevo albur y nos dice "güey"; no sólo hay que hacer lo que dice, sino que hay que amarle. El movimiento gótico me recuerda un poco a Bartleby en este sentido, es decir, que el trabajo es trabajo y el hambre es hambre.


Pero no idealizemos al movimiento gótico tan pronto, ya que en general me encuentro con personas que visten de negro y traen unas botas francamente increíbles, pero no tienen idea de porqué o para qué o nada de eso. Curioso dato dentro de este esquema es que tanto el movimiento punk como el movimiento gótico, en sus propuestas ideológicas, tienen una gran aceptación a sexualidades fluidas, pero al ser asimilados se configuran hasta como modelos de hombría: más hardcore=más machin, o más dark= más machin.


Si bien la historia es también así—o sobre todo—la versión de lo acontecido que hace que hoy sea hoy; es decir el cuento, la trama, el choro de lo sucedido y el choro construido por lo sucedido—en sus términos—cabe, por ello echar un vistazo a la narrativa de la contracultura hoy en día; en un sentido quizás, por jugar con las palabras, estrictamente estético. En esta cuestión me viene a la mente esta suerte de propuesta literaria llamada literatura basura o hiperrealismo. De entrada, Bukowski y Burroughs tuvieron su época, y está claramente fechada, y lo que es más, son intentos de Celine, pero lo que me concierne en esta trama es la manera en que lo real y la realidad (y no dejemos de distinguirles…) son equiparados con lo sórdido en una variedad de exacerbación de ello. Es decir que entre más auto-obsesivos, egocéntricos y auto-críticos los personajes—nihilistas a fin de cuentas, que es una forma de considerarse realista "yo conozco la realidad de la situación, es grave y por ello yo soy apático y vivo fatiga empática"—, y entre más sórdido lo que acontece, más muertos, más vacío, menos sentido, más putas y cocaína y orina y demás, más real. Alguien realmente se ha meado en este tapete, ha sido realmente real. Alude mucho a la retórica de derecha extrema de la transparencia, que todo sea transparente. Y con ello conduce a la retórica del "a fin de cuentas" o el "bottom line" en inglés, tan en boga ahora con la sociobiología—a fin de cuentas lo que quieres es una Hummer nueva, a fin de cuentas todos sólo queremos más obscenidad…Y no sólo esto, sino que presenta un sujeto despolitizado por completo, absorto en sus pato-aventuras de lo sórdido, confundiendo esta "realidad" con la transgresión—transgresión que es ahora la norma incluso.


Aquí quisiera citar a Baudrillard, de su libro La Inteligencia del Mal, en el cual dice: La realidad es la manera en que lidiamos con y encubrimos la radical incertidumbre e ilusoriedad del mundo. Contemplo eso como lo real: la radical ilusoriedad, la infinitud de la contingencia y nuestra completa permeabilidad. Estas tramas de lo sórdido como lo real, entre más chafa el video de camarita de celular, o entre más gacho el cuartito de hotel que se filma en tacubaya para el video de hoteles de México, más real, yo lo llamo el efecto chafita. Pero en este contexto quisiera plantear dos cosas: primero una defensa y profunda apreciación del sentido onírico de la vida del sujeto—de la subjetividad para ser redundante—, esa radical ilusoriedad y, segundo, que como historiadores una tarea que ahora les atañe en su sentido genealógico, foucauldiano-nietzschiano es la de estudiar lo que Barthes delineo como el Efecto de Realidad. Efecto que puede darse como en las series de televisión médicas (ER, Greys Anatomy, House) cuando el guión hace a los actores decir cefalea en vez de dolor de cabeza para darles mayor credibilidad. ¿Hemos confundido la credibilidad con la realidad? ¿Qué relación tiene esto con la historia de la locura? ¿Por qué creemos que el desencanto y lo sórdido son la realidad?


Bien, quisiera ahora plantear un valor contracultural que me atreveré de momento a llamar, abrazando las contradicciones de ello, como universal: la sabiduría. Y me refiero a ello en el sentido Hegeliano y también en el sentido del Budismo Mahayana y Tántrico a como lo destina Nagarjuna en el Sutra del Corazón de la sabiduría, como una inmanencia dialéctica (negativa). Es decir, cesar la arbitraria división del sujeto y el objeto—que luego culmina en inmersión y fascinación más que en inmanencia, la diferencia siendo que la inmersión no es dialéctica en el sentido que ya no hay un otro. A lo que voy con esto es que considero que una base para la contracultura es el involucramiento, en vez de la indignación. Hay que decirlo, desde estas supuestas literaturas hasta el periodismo mexicano, amén de la indignación y el tono indignado. Y cuán cómodo resulta, cuánta seguridad ontológica y qué noción de prestigio se construye el autor, como tal, tanto que incluso me parece que hay tales beneficios secundarios de tener un mundo que le indigne, que ya con ello ha resuelto gran parte de su vida. El involucramiento es asumirnos como parte inmanente de ese monstruo que nos asecha—no hay afuera del texto—y desde ahí, desde esa consciencia y claridad de la interdependencia que somos, actuar.


Así sucede, antes las contraculturas eran asimiladas y puestas en jaque en una constante necesidad de vanguardia, que se torna prontamente en innovación de mercado o de valores publicitarios. Ahora se denomina contracultura, muy prontamente, a la exaltación de estos valores de mercado. La estética o la pinta de la contracultura en vez de un movimiento sociopolítico. Asumimos sin reservas que ciertas apariencias son por ende contracultura, cuando gran parte de lo que constituye la contracultura no tiene este glamour prestigioso de contra y es más bien un trabajo riguroso y atinado de modificar políticas públicas. Si todas las personas que creyeron que metiéndose una dosis de LSD iban a cambiar al mundo hubiesen estado en lo cierto…hoy viviríamos en poco menos que un idilio.


Otro punto vital para la contracultura en estos tiempos, es la defensa de la palabra del sujeto, de la subjetividad. Y en este caso sí es una defensa; una defensa contra el supuesto saber de la nueva religión: la ciencia. Ese saber que es siempre ya una abstracción—bien lo plantea Hegel—ya que para constituirse parte necesariamente de la suposición de un sujeto aparte del objeto que estudia. ¿Pero, dónde cabe entonces el peso de la mirada? ¿La distancia ideológica entre el sujeto y el objeto? ¿Los intereses de poder y prestigio del sujeto en su observar al objeto? ¿Si no están relacionados, entonces cómo puede entrar en relación de observación? Es el saber en función y servicio del poder. Poder que luego se proclama "natural", se reifica a través de las tramas de la ciencia como lo más evolucionado, como el mando de aquellos cuyos genes son superiores, el resultado lógico de un proceso biológico de supervivencia milenario, y por ello como el mejor sistema político posible. No sólo el mejor, sino el único. (Creo que aquí cabe decir que una de las tareas más importantes del arte ahora, es la de crear espacio, espacio desde el cual la ideología pueda surgir, ideología que desafíe la noción de fin de historia del capitalismo tardío neoliberal, la idea de que es la única y mejor idea, y la última ideología, y lo único que podemos ya hacer es afinar sus tuercas, pero ya no pensar y proponer alternativas).


Así la sociobiología pretende estudiar al sujeto, al sujeto cuya palabra construye la política y propone ideologías, en tercera persona, cuando su experiencia es inasible y es siempre-ya en primera persona. Y sólo por su palabra la comunica. Bien podrán decirme que estoy deprimido porque mis neuroreceptores están bloqueados, pero el cómo es esta vivencia para mí sólo puedo decirlo yo. La palabra se borra con el diagnóstico y la totalidad de un neoliberalismo naturalizado y garantizado por las ciencias que le sirven.


Así mi angustia es un problema, uno que habrá de tratarse con un fármaco. Ya no habrá acceso a mis emociones y a lo que mi vida psíquica crea y expresa en relación al mundo, no, ya no. Será ahora una experiencia mediada por el capital, por un fármaco, por ese supuesto saber de la ciencia, yo me vivo en absoluto narcicismo: en tercera persona, alienado de mis emociones y mi decir. Creo entonces pertinente planear otra preferencia, y avocar por la empatía sobre el empirismo. Me baso aquí en lo propuesto por George Lakoff y Mark Johnson en su libro Philosophy in the Flesh, en el que describen cómo el empirismo se basa en una serie de metáforas cognitivas, tales como: Ver claramente y la manera en que el Ver y el saber y la iluminación y el entender terminan por equipararse generando el efecto del empirismo. Sugieren así, que el empirismo es una construcción metafórica (y me gusta aún más esto en el sentido Lacaniano de que no hay metalenguaje, no se puede vivir en 3era persona lo que se vive en 1era, no hay Otro del Otro), mientras que la empatía, al asumir la permeabilidad e involucramiento del sujeto, sus indudables interdependencias con ese supuesto objeto es tanto más atinada, así mismo, un modo de involucramiento basado en la sabiduría mas no en el saber. (He aquí otro tema interesante para los historiadores: la empatía).


Defendamos las causas pérdidas: al sujeto, a la inmanencia, a la sabiduría (y recordemos con esto que la filosofía no es una colección de paradigmas, sino un amor, una relación erótica-afectiva con la sabiduría—vis a vis, como sugiere Sloterdijk al principio de Crítica de la Razón Cínica, la sabiduría por vía del amor), así mismo, defendamos a la ternura y al amor, en tanto creaciones del sujeto y no como meras respuesta inventadas en el Medievo para procurar la perpetuación un dado gen, sino como un profundo asombro y un responder adecuado a la radical ilusoriedad del mundo. Asumamos nuestra permeabilidad e involucrémonos, de tal manera que dejemos colapsar ese modelo por el cual habitamos en un pánico constantemente vigilando nuestra noción de territorio, y a su vez, optemos por inspirarnos mutuamente sin buscar ventaja…y sin piedad.

lunes, 13 de octubre de 2008

Punk, Vanguardia y Espacio

Aquí va un texto sobre el PUNK que puibliqué hace un par de años en Replicante...




Cuestionar la conformidad involucra
también un cuestionamiento a la autoridad.
Craig O’Hara (The Philosophy of Punk, AK Press: San Francisco, 1999)



Lou Reed, ex-vocalista/guitarrista de The Velvet Underground, alguna vez dijo que para hacer una buena rola lo único que se necesita son tres acordes y una mala actitud. Parece ser que muchos le tomaron la palabra, salvo por un pequeñísimo detalle: olvidaron la mala actitud.



Tener una actitud nefasta o patética, o peor aún, emularla por la prisa de alimentar un narcisismo desenfrenado con aplausos zombis, es parte del paradigma que una mala actitud busca desintegrar. Hay un fenómeno recurrente en el mundo de la música, uno que a través de la historia de los movimientos musicales aparece tarde que temprano; es algo que llamamos asimilación o cooptación. En la historia del Punk esto ocurre una y otra vez. El Punk es asimilado y regurgitado como New Wave, para luego regresar con el Hardcore a mediados de los ochentas y ser inscrito dentro de un parámetro social moderado como Grunge. Pasa repetido en cualquier instancia de contracultura o oposición que un elemento problemático, algo que cuestiona las normas de comportamiento en una cultura, es depurado de su ética y catafixiado por una estética hueca ideológicamente. Así es como acabamos creyendo el Punk no es más que pelos parados o pulseritas de cuero con picos y piercings; productos que lejos de parodiar y criticar la alienación no hacen más que promover y perpetuarla. Es como decir que para ser punk necesitas dinero para comprar tinte de pelo, playeras de los Ramones y un tatuaje.



El corazón de la filosofía punk es un repudio casi innato a cualquier forma de autoridad, jerarquía u opresión. La música es minimalista no por estupidez, sino por convicción; es así para que no sólo los virtuosos que pueden pagar ir al conservatorio puedan tocar y expresarse. El sonido es veloz y a alto volumen para descentrar al individuo y abrirlo al presente; y lo más importante es que se toca en espacios pequeños sin distancia entre el público y la banda, para que la banda no se vuelva una autoridad—como las grandes y distantes bandas de estadios—sino que sean parte de un desacuerdo colectivo, como un carnaval pagano. La vestimenta es en parte parodia del circo de la formalidad; deviene de la ideología del Hazlo Tú Mismo, separarse de la producción de masas y manifestar la individualidad como algo poderoso. Pero otro aspecto de la vestimenta es un aliarse con quienes están marginados, además de retorcer los estándares de belleza. Otra cosa que suele olvidarse es que el Punk desde sus inicios fue una propuesta en la que se practica la equidad entre los géneros (biológicos y eróticos). Y todo esto con mucho sentido del humor…



¿Quién no ha escuchado las irritantes conmiseraciones del ahora llamado “Happy Punk” en el cual no se canta más que de derrotas amorosas y fiestillas con los cuates?; se emula el estilo musical pero se despolitiza el movimiento. Esto es similar al RAC, música neo-nazi, en la cual se utiliza un sonido minimalista y veloz para inspirar racismo, odio y violencia. En una instancia no considera siquiera el retar a la autoridad y en la otra se centraliza. El Punk no es una forma estética, es una forma de vida. Lo terrible es que dentro de la escena punk se repiten patrones que se buscaban invalidar: a ver quien es más “punk”, quien trae más picos más pintado en el pelo, quien es el más “loco”, quienes llevan más tocadas, quienes conocen a los Misfits en persona. En fin, mientras el ideal punk es generar espacios que operen bajo un paradigma libre de jerarquías, las mismas prácticas del punk pueden llegar a convertirse en una especie de código elitista.



Esto es algo que ocurre una y otra vez en la historia de las contraculturas, donde un movimiento se ve obligado a convertirse en una especie de vanguardia constante, defendiéndose de ser re-significado constantemente como una novedad por un mercado acelerado e indiferente; pero irónicamente al seguir siendo vanguardia se le sigue viendo como innovación de un mercado. El Punk surge de una comunidad para esa comunidad, expresando su estado y desacuerdo. Mas como sucede con tantos movimientos musicales llega a ser adoptado por intereses corporativos y luego vendido a una comunidad, desligado de las vivencias de esa comunidad. Simulacro. Se disocia, pierde su contacto, y quienes lo escuchan también se desconectan unos de otros: alienación y ventas—el individuo por debajo del producto.



Nuestro escepticismo interfiere con nuestra ingenuidad; no es una pose, es una aspiración. Pero que fácil nos resulta irnos con la finta de la imagen y se nos escurre entre los dedos la vitalidad de la música y la filosofía de la cual se alimenta. No queremos ídolos, no queremos una moda, no queremos juzgar, comparar y competir unos contra otros, queremos música, queremos bailar, protestar y brincar. Queremos un espacio alterno donde podemos operar e interactuar sin las jerarquías y reglas explícitas e implícitas de un mundo hostil, alienante, violento y apático; o como lo pone Hakim Bey: una Zona Autónoma Temporal…para empezar.

jueves, 6 de marzo de 2008

Selecciones de False Prophet: Fieldnotes from the Punk Underground

False Prophet

De Steven Taylor

Traducción: Fausto Alzati Fernandez
A continuación una pequeña muestra de la obra de S. Taylor; guitarrista de los Fugs, quien fuera el colaborador musical y asistente personal de Allen Ginsberg durante 20 años y es ahora el director de la facultad de letras en Naropa University. Este texto fue publicado parcialmente en Picnic hace un par de años; estaré publicando partes de este libro en el blog, ya que me parece una muestra ejemplar de la teoría llevada a la vivencia y viceversa—de manera inmediata e inmanente…

Selección del Capitulo 1, Libro 1

La Paradoja Punk y el Problema de la Cultura


[…] Tomando prestada una frase de la teórica de estudios de género Judith Butler, en el punk la identidad está "en problemas."

La palabra problema viene del sustantivo latín turbula,* que quiere decir grupo desordenado. Su forma verbal significa desarreglar, causar un disturbio, agitar, confundir, poner a prueba, complicar, incomodar, causar molestias, preocupar, perturbar o acosar. En este caso, problema invoca un disturbio a las reglas y a las categorías naturalizadas, exigiendo que se cuestione lo que se considera la norma. Esto también describe la manera punk de bailar. Lo que estoy llamando la comunidad punk es un "grupo desordenado" cuya manifestación más típica puede ser vista en su música y danza. Fueron los músicos y quienes bailan con esta música los que iniciaron y codificaron al punk como un movimiento. Tocar música y bailar son las actividades más características del punk, y son el foro en donde la "identidad" se constituye y se cuestiona, donde se construye y se desconstruye. En el punk la identidad es representada como una paradoja.
Una paradoja (proveniente de para, mas allá; doxon, opinión, derivado de dokein, pensar o suponer) es una declaración que es contraria a la opinión publica; una declaración que parece contradictoria, increíble o absurda, pero que puede, a fin de cuentas, ser verdad; así también puede ser una declaración que se contradice a si misma y es, por lo tanto, falsa; o puede aludir a una persona cuyo carácter o comportamiento sea inconsistente o contradictorio.
paradoja es fundamental para definir la situación punk. Para empezar, el punk fue un movimiento anti-mercancía que se manifestó a través de mercancías. El punk reconfiguro productos del mercado de masas que estaban hechos para proliferar la igualdad e hizo que significaran diferencia. Pero la re-significación es una calle que va en ambas direcciones. Todas las personas con las que he vivido y/o trabajado que se consideran, bajo varias circunstancias, "punks," son ciudadanos de estados capitalistas. Su material y sus productos simbólicos, les guste o no, han informado e inspirado al mercado global, a veces hasta convirtiéndose en mercancías de éste.


El impulso punk fue inmediatamente apropiado -en ciclos al igual que el rock, que desde finales de los cincuentas periódicamente se recuperaba- primero a finales de los setentas como "New Wave," y luego, a principios de los noventas como "Grunge." El grado en que el punk ha influenciado las tendencias del mercado de masas comprueba una paradoja que es central para el estado moderno: entre más revolucionario el producto, mayor es su potencial para servir a la reacción.


La paradoja es central en el punk de varias maneras. El nombre de False Prophet (Profeta Falsos) es un buen ejemplo. En 1988 el lema de la banda, que aparecía en calcomanías, parches y otra parafernalia, era "beware False Prophets" (ten cuidado con Profetas Falsos). Detrás del nombre había la convicción de que, como advierte la Biblia (Mateo 24:24), los "Cristos falsos y los profetas falsos" no se presentaran como tales. Son los profetas auto-proclamados, los que dicen poseer la verdad, de los que uno tiene que cuidarse -esto siendo un punto que nunca pudimos expresar con suficiente claridad al grupo de jóvenes cristianos, bien bañaditos, y cortésmente fervientes que se opusieron a nuestro concierto, bloqueando la entrada, en el Capitol Theater de Flint, Michigan el siete de Octubre de 1988.


El uso irónico de pseudónimos u otros signos ofensivos o auto-despreciativos en el punk, data desde los comienzos del rock subterráneo con los Fugs y los Stooges, y se continuó en el proto-punk de Nueva York con Richard Hell. Los punks ingleses siguieron el ejemplo con tipos como Johnny Rotten o Sid Vicious de los Sex Pistols, Rat Scabbies de The Damned y Polly Styrene de X-Ray Spex. Esta tendencia volvió a cruzar el Atlantico inspirando de vuelta a Jello Biafra y su banda, los Dead Kennedys. Esta practica era una broma irónica, una apropiación de los nombres de marcas y productos mezclada con una exageración ritual de todas las peores suposiciones que el mundo "derecho" mantenía acerca de la cultura juvenil. Era un desplazamiento de nombres, una manera de perturbar, a través de una inversión, los signos sociales más fundamentales; y era a su vez, paradójicamente, tanto una manera de asumir una identidad nueva, como una forma de demostrar la artificialidad de la identidad misma. El reto a las normas fue amplificado todavía más por la puesta en escena de desnudez y sexo en las actuaciones de las bandas y por la adopción, por parte de algunas bandas, de nombres que no se podían decir en los medios oficiales (los Sick Fucks vienen a mente), el uso de iconografía Cristiana (como la grafica de un crucifijo en flamas que usaba False Prophets), y el uso, por varios, a principios del movimiento, de la svástica Nazi. Con el tiempo el uso de pseudónimos decreció; un chiste se hace viejo pronto. (Los pseudónimos punk regresaron en los noventas en otra arena -el Internet- y por otras razones: el anonimato y la parodia). Como el movimiento se enfocaba más y más en políticas de izquierda, y debido a que grupos neo-Nazis adoptaron el estilo musical punk, la svástica continuó apareciendo en graficas punk, pero como algo roto, algo que era aplastado por un enorme puño debajo de algún slogan antifascista.

Mientras la ética punk se movía de los antros a la calle, y los líricos de protesta inspiraban acción social, la política punk también evolucionaba del nihilismo al anarquismo: de una negativa perpetua a una visión utópica. La paradoja punk empezó a tomar proporciones mayores: cuando los árbitros de la moralidad son ladrones, comportarse éticamente es un acto revolucionario.
Lo paradójico tiene múltiples vectores de asociación en este proyecto. Una de estas líneas traza la idea Marxista que trata acerca de la inversión que ocurre cuando en un capitalismo de mercancías, el valor de intercambio remplaza el valor de uso, efectuando una visión al revés "como en una camera obscura," mediante la cual los productos de la labor terminan por regir a quienes los producen. La evidente absurdidad de que haya masas de hombres y mujeres vivientes obligados a tomar una posición subordinada ante los objetos inanimados que producen, esto es el eje sobre el cual gira la crítica del capitalismo de Marx. Con el punk, miles de jóvenes, la mayoría de los cuales habían tenido muy poco contacto con la teoría Marxista, encarnaron visiblemente esta crítica.

A nivel de historia intelectual y artística la paradoja es central al surgimiento del modernismo y el postmodernismo. Hegel, al introducir en la dialéctica un tercer término, describe un cambio paradigmático que nos lleva de la contradicción a la paradoja. Una contradicción nos presenta con un punto muerto e insoluble entre dos términos irreconciliables, pero una paradoja -que en sí puede significar ambigüedad (una característica a menudo asociada con el arte vanguardista)- sí admite la posibilidad de una síntesis. La paradoja propicia movimiento. La fluidez de la forma y la ambigüedad son clave. Como lo dijo un colega mió en una conferencia reciente, "Después de que la guerra mundial ha bombardeado toda certeza hacia el olvido, no hay identidad." El problema de la identidad que el punk presenta es una manifestación de la negación Hegeliana, la experimentación vanguardista y la alienación de las masas -la problematización por medio del arte de las absurdidades de la vida al final del milenio.