miércoles, 4 de septiembre de 2013

ruleta rusa



Jugué ruleta rusa
con los posibles brillos de su
mirada; los
gajos de su iris
girando, cargados
de balas expansivas. (La
brecha entre el zumbido de mi cierre y, y, y, y
y el párpado vulva celestial
queda
desnuda; es decir
que
la composición química de la saliva dibuja
un laberinto paleolítico casi
real. Diamantina amatista, carnívoro
pétalo de luz eriza
y los coros de perras
ladrando sin collar y sin
motivos. Y
algo de la palabra "amniótico" recuerda al azul,
casi
total). Ya no
sabemos quién dispara, pero
resucito cuál
sol de fayuca, mandala sobre un nopal
--por aquello de que Osiris conlleva al iris; es
elemental--, transitando
entre el cerquitas y el aí
nomás. Occidente,
ese negro hondo de la pupila, tan
azul como el azul donde
los astronautas pierden
la razón, y los
chemos buscan
la nostalgia de un vientre. Materia
oscura, materia
negativa, el sin
fin de la pupila. Y el girar del revolver,
batidora de tormentas confeti astroplus. Arroja,
las pupilas como puntos a conectar
en fichas de dominó sobre la pista para bailar. Nunca
me alcanza para apostar
así. Así,
ahí, así, así,
así, no estoy dispuesto a contar,
a sumar y restar, así,
me juego la tirada
desprovisto de estrategia:
a puro bluff,
y chiste de charlatán.


2 comentarios:

Pablo Rendón dijo...

Ya lo dijo Baudrillard, todo es un simulacro. Acudamos jubilosos a la gran ruleta rusa.
¡Abrazo!

fausto dijo...

abrazote, compa.