jueves, 28 de junio de 2012

spring: a poem about living instead of merely denying death



















Our discontent had run off
and these days were an aimless fire.
Memory barely matter(ed). For 
glory now
understood: history was long
dead.

This is the wild,
we howled.
This is the wild,
we denied.

Weary alas, obliged
to learn,
how brief
incidental gestures, driven
by unassuming grace would
move mountains
sooner than all
the marching, shouting, shooting
and following. For this
was spring. And
disbelief the crowning jewel of radiant minds:
a rose-petaled tattoo,
fading
into that supple breast we
call reality.

This is the wild,
we cried.
This is the wild,
we knew.




















(photos: Peter Garfield, Mobile homes)

domingo, 24 de junio de 2012

Edipo Mex

La columna de Junio para RAZtudio.



Si puedes manipular a Dios, éste deja de ser Dios. Sería, más bien, tu chalán cósmico, quien gracias a mínimos esfuerzos mágicos actúa a tu antojo. Ante tal estupidez, negar la existencia de cualquier Dios, me parece la única forma, incluso, de honrar a algún posible Dios. En la mayoría de los casos, Dios me suena a un concepto rebuscado, vagamente útil para intentar negar cualquier incertidumbre: llámese el origen del mundo, el sentido de las cosas, y , sobre todo, la muerte. Esto se reduce a postular que mientras no puedas explicar algo en base a tu particular y limitada visión del mundo, entonces debe haber un Dios. Dicha falacia se ve así: Tu ignorancia = Dios.

Tales fórmulas de la fe parecen tener poca importancia, hasta que a alguien le sacan los ojos. El pasado 24 de Mayo, María del Carmen Ríos García, le amputó los ojos a su hijo. No fue una intervención quirúrgica o acaso un procedimiento médico. Su hermana (tía de Fernando) sostuvo al niño, mientras ella extrajo los ojos con sus manos. Esto sin anestesia y sin mayor excusa que: no cerró los ojos para rezar. Y estaban rezando para salvar al mundo. Mismo que  (según un sueño de Maricarmen) habría de llegar a su fin, con la visita de Dios y un terremoto, el pasado 28 de Mayo. Aquí seguimos.


Edipo también perdió los ojos; él mismo los extrajo, para lidiar con el desconsuelo (¿culpa?) de haber matado a su padre y follado con su madre. Pero llegó a tal acto de auto-flagelo por enterarse de lo que hizo, más que por haberlo hecho. Al ver sus actos, en retrospectiva, se enjuició y condenó. Es significativo que se haya sacado los ojos, y no los dedos, por ejemplo. Otro factor influyente en esta decisión (si se le puede llamar así), fue el hecho de que un vidente anunció la tragedia con mucha anterioridad. De hecho, es posible que de no ser por la profecía del vidente, Layo nunca hubiese enviado a su hijo lejos de casa. Así, Edipo pudiese haber reconocido a su padre y a su madre, evitando cumplir la profecía. Maricarmen, al querer impedir una tragedia virtual, provocó una tragedia real, por desconocer a su propio hijo ante el llamado de una supuesta deidad.

Esto me remite, desde mi cómoda distancia, al diálogo más importante de toda la trilogía de The Matrix. Primero, la pitonisa (Gloria Foster) le advierte a Neo (Keanu Reeves) que no se preocupe sobre el jarrón que está a punto de romper. Neo rompe el jarrón. Luego, la pitonisa le dice a Neo que lo que realmente va a perturbarlo más tarde, es si habría roto el jarrón aunque ella no le hubiese dicho antes. Ésta resulta, después de tanto rollo, la pregunta más importante de toda la trilogía. La cuestión sobre si la realidad es real o no, resulta infértil en comparación con una discusión sobre la causalidad. Sea o no real el mundo, igual tiene leyes básicas que importan mucho más que su estatus ontológico.


Hablando de leyes: de no ser por la intervención de las autoridades, María del Carmen Ríos García, hubiese, según sus declaraciones, matado, además, a sus otros hijos (uno de 8 años, otro de 10 meses), como ofrenda sacrificial. Ahora, ella y sus parientes --otras 7 personas que participaban en el "rito"-- se encuentran recluidos en el penal de Neza Bordo, donde serán procesados por delito de homicidio calificado en grado de tentativa. Mientras, Fernando se encuentra en terapia intensiva, con el rostro vendado, enterándose, a sus 5 años, que ha perdido la vista gracias a su madre. Y gracias al Dios de su madre.


domingo, 3 de junio de 2012

La ilusión de la voluntad consciente

De mi columna 'Síntomas de una Época', en Pijamasurf.


El hubiera no existe. No hay manera de saber, en retrospectiva, si pudimos tomar decisiones distintas a las que hemos tomado en nuestras vidas. Establecer si en verdad tuvimos una opción, o si estábamos ya determinados a hacer las cosas tal como las hicimos, es imposible. Para probar lo contrario, sería necesario viajar al pasado y tomar una decisión distinta a la que tomamos en dado momento. (Como en la serie Family Guy, cuando Stewie viaja en el tiempo para evitar que Kurt Cobain se mate ofreciéndole helado Hagen Das a cambio de su escopeta [temporada 10, episodio22]). Suponiendo que pudiésemos, por algún tipo de variación cuántica, modificar las reglas de viajar en el tiempo (ya que al alterar una decisión en el pasado dejaríamos de ser quienes fuimos y por ende no habríamos viajado al pasado), aún habría problemas. Aunque viajásemos al pasado, tal momento pasado sería, para nosotros, un momento posterior dentro de la secuencia de eventos en nuestra conciencia; en otras palabras: no hay manera de saber si tenemos voluntad consciente o no.

La sensación de tener una voluntad consciente es algo infranqueable. Pero es eso, una sensación, como la sensación que tenemos al ver un color o beber un refresco. En cierto sentido, la idea de una voluntad consciente, raya en lo que llamamos pensamiento mágico: pensar que tenemos más efecto sobre el mundo del que realmente tenemos. Cómo dicen por ahí: una sobre-estimación de la influencia personal. Recordemos, pues, las tres heridas al narcicismo de la humanidad: 1) Copérnico nos desmiente sobre ser el centro del universo, ya que la Tierra gira alrededor del Sol y no viceversa; 2) Darwin nos sitúa como una especie más entre tantas, en un enredado proceso evolutivo, y no como una especie divina, aparte; 3) Freud demuestra que no somos tan dueños de nuestros actos (o nuestra psique) como pensábamos, ya que nuestras motivaciones suelen ser manifestaciones inconscientes de fuerzas que nos rebasan por mucho.



La hipnosis fue un factor importante en las investigaciones de Freud. Fue uno de los métodos que lo alentaron a intuir que había procesos inconscientes movilizando la conducta. Consideremos, en este tenor, un fenómeno conocido como racionalización post-hipnótica. La racionalización se define como un mecanismo de defensa, donde se ofrecen razones convincentes pero falsas sobre una acción. La racionalización post-hipnótica, refiere a cuando un sujeto hipnotizado es sugestionado a realizar ciertos actos después del trance hipnótico. Usualmente se confiere alguna señal; por ejemplo, cuando suene una campana el sujeto se rascará las pelotas. Después, al escuchar la señal (la campana), el sujeto lleva a cabo la acción pre-establecida (se rasca la pelotas); pero cuando se le pregunta porqué lo hizo, dará una “razón”, ignorando el hecho de la sugestión post-hipnótica (me dio comezón).

En otra línea de experimentos, torno a los procesos cerebrales involucrados en la toma de una decisión, se llegó a una conclusión similar. Al utilizar scanners cerebrales, Benjamin Libet, de la UCSF, y su equipo, notaron que el impulso para llevar a cabo una acción surge, como una carga eléctrica en el cerebro unos 300 milisegundos antes de que ocurra un registro consciente de la decisión. En otras palabras, las decisiones que reconocemos a nivel consciente derivan de procesos cerebrales ya elaborados anteriormente, y no viceversa. ¿Será que luego, parecido al sujeto del experimento post-hipnótico, solo inventamos excusas?

El Dr. Daniel Wegner, profesor de psicología en la universidad de Harvard, propone algunos elementos a considerar en la construcción de lo que él llama La Ilusión de la Voluntad Consciente [The Illusion of Conscious Will, MIT, 2002]. Son tres factores centrales: Consistencia, Exclusividad y Prioridad.  La Consistencia indica que parte de esta ilusión se produce debido a que hay temas afines a la acción en el pensamiento, antes de llevarla a cabo; sumado a que el Yo –como figura gramatical- recurre en esta línea de pensamientos. Por ejemplo: vas a la tienda y compras un cigarro; antes de hacerlo en tu mente hubo pensamientos del tipo: “Se me antoja un cigarro” o “Ya no debería de fumar tanto”. Segundo, la Exclusividad, refiere a que para llegar a la ilusión de la voluntad consciente es necesario ignorar los efectos de otros factores u otras causas para la acción. En este caso: el clima, la adicción a la nicotina, una asociación de un olor con el recuerdo de alguien que conocías que fumaba, la publicidad, etc. Finalmente, Prioridad se refiere a que los pensamientos relacionados a la acción aparecen en la mente poco antes de llevar ésta a cabo. Es decir, que poco antes de ir por un cigarro a la tienda, pasa por tu mente la idea de que fumas o dejas de fumar un cigarro, haciéndote suponer que la acción deriva del pensamiento.

Lo interesante no es si tenemos o no voluntad consciente —las pruebas indican que no—, sino preguntarse ¿por qué tenemos la ilusión de ello? Es decir, ¿para qué sirve esta ilusión? ¿Sería insoportable la vida de otro modo? ¿Ayuda a nuestros procesos de aprendizaje? Poco importa que sea o no una ilusión, de todos modos es parte de nuestra vivencia; si viviésemos en un videojuego, no es tan importante si es o no un videojuego, sino de qué trata y cuáles las reglas del juego. De cualquier forma estamos dentro del juego y no fuera de él: qué más da si es una simulación. Aunque nuestra voluntad consciente sea una ilusión, no por ello dejamos, o dejaremos, de evaluar nuestras (supuestas) opciones en pos de mejores decisiones: aquellas con consecuencias medibles más favorables —ilusorias o no.


lunes, 21 de mayo de 2012

November Rain


Cuando pones una canción de Guns n’ Roses en alguna rocola, sabes que hará valer tus 3 pesos. Será una canción emotiva y satisfactoria para aquella adicción a la gloria que el Rock alivia. Además durará más de 5 minutos. ‘November Rain’ no es mi canción preferida de G’N’R’, es mi cuarta, después de ‘Estranged’, ‘Rocket Queen’ y ‘Welcome to the Jungle’. Comoquiera, es la mejor balada rock jamás compuesta. Si la lista oficial de Mejores Baladas Rock estuviera a mi cargo, pondría ‘Hey Jude’ de los Beatles en segundo lugar, y en tercero ‘Home Sweet Home’ de Mötley Crüe. El segundo y tercer lugar son disputables, incluso cambio de opinión al respecto con frecuencia; pero el primer lugar no lo es. La lista oficial de las 100 mejores baladas rock de digitaldreamdoor.com, por ejemplo, coloca a ‘November Rain’ en el sitio 35, justo debajo de ‘I don’t want to miss a thing’ de Aerosmith (sí como no), con ‘Imagine’ de John Lennon en primer lugar. No  niego que ‘Imagine’ sea una tremenda canción—profunda, sentida, memorable—, pero ‘November Rain’ es jefa.


Estimo que por demás de su formidable composición musical, esta canción perdurará, paradójicamente, a través de los tiempos por sus letras. La paradoja consiste en que es una canción sobre la naturaleza efímera de los fenómenos del mundo, particularmente el amor. El tema exotérico de la canción es una relación difícil. Y si hay alguien en el imaginario pop que resulta fácil suponer teniendo dificultades para relacionarse es Axl Rose, vocalista y compositor de la letra. Podría suponerse por el video, que ‘November Rain’ trata sobre la relación que Axl mantuvo con la modelo Stephanie Seymour; ella lo dejó tras un pleito legal donde lo acusó de golpearla y él de serle infiel. Hay otras versiones que sugieren que Rose trabajaba en esta canción ya desde 1983, unos 8 años antes de que saliera la canción como parte del multiplatino Use your illusion I. Comoquiera, llegado el momento, se la dedicó a Stephanie.

Ahora bien, el tema esotérico de la rola, entre violines, coristas, desgarradores solos de guitarra y el piano, es la impermanencia: el hecho irrefutable de cómo en este mundo todo cambia, nada perdura. De modo vívido y personal Axl relata el quiebre de una relación ante el peso de la realidad y el tiempo. Alude así a la “fría lluvia de noviembre” como metáfora para el desamor. Cual poeta romántico o monje taoísta, hace analogías a las estaciones para denotar el cambio de la épocas de la vida y las turbulencias de los sentimientos, que al igual que el clima no están bajo el control de nuestra voluntad. La canción da un lúcido recuento de lo que el pensamiento budista denomina las 3 marcas de la existencia; es decir, cualidades que en la existencia humana son inevitables: impermanencia, sufrimiento, ausencia de ego.


Suena complicado y rebuscado, pero es evidente. Sufrimiento se refiere a que nuestras vidas están marcadas por el sufrimiento: por perder lo que tenemos, por no saber qué hacer cuando obtenemos lo deseado, por intentar hacer durar lo que tenemos, por no obtener lo que queremos, etc. Impermanencia se refiere al modo en que todo fenómeno de este mundo cambia de forma y perece, cediendo paso a otras cosas. En cuanto a la ausencia de ego, sencillamente alude a que los fenómenos en este mundo (nosotros incluidos) no existen por sí mismos, sino siempre en dependencia con un sin fin de causas y condiciones. En este sentido ausencia de ego, es un modo de decir no-esencia: los fenómenos no tienen nada absolutamente propio, cohabitan en constante intercambio con todo lo demás. Tú, yo, Slash y Axl incluidos. En el caso de ‘November Rain’, vemos como se vinculan estas 3 marcas: Axl sufre porque no es un ente autosuficiente, depende de miles de factores para vivir o querer seguirlo haciendo, uno de estos factores es el afecto de los demás (o de las damas); a lo largo de la canción sufre por la separación con Stephanie y por el anhelo de volver --por los cambios que se viven en cualquier relación. Admito es bastante reductiva esta lectura, pero agregaré que si bien Axl sufre, lo hace con estilo. Y dadas las condiciones de este mundo, a veces es lo único que se puede hacer.


 “Nada dura para siempre/y ambos sabemos que los corazones pueden cambiar/es difícil sostener una vela en la fría lluvia de noviembre”, es la primera mención que hace la canción a su título. Deja claro el punto más obvio de la impermanencia: el perecer. El cese de algo que antes estaba ahí, en este caso un sentimiento de amor, y una visión de un futuro compartido. Pero precisemos, en los tratados budistas sobre la impermanencia, dividen a ésta en tres aspectos: surgir, estar, decaer. Una flor, por ejemplo: germina la semilla y surge como tal, aparece un determinado plazo de tiempo, para después declinar y expirarse. Pasa que en general nuestra percepción, al considerar la impermanencia, se enfoca en el declive. Pero claramente el surgir de algo es muestra también de la impermanencia, del constante cambio. Incluso cuando de la semilla surge el primer brote, implica que la semilla expira para que surja la planta; al igual que cuando surge la primera flor, sucede solo gracias al perecer de la forma anterior de la planta…

En su texto sobre La Transitoriedad, Sigmund Freud relata una cuestión similar. Pasea cerca de un río con un par de amigos, sobre la marcha comentan lo pasajero que es todo en este mundo. Uno de ellos, un poeta (claro), con melancolía y nostalgia, lamenta la belleza del mundo, ya que no puede asirse a ella. En su pesimismo, considera que la transitoriedad devalúa a la belleza, porque la hace dolorosa y engañosa. Freud, por su parte, duda del pesimismo del poeta, y aprovecha para desarrollar un poco más su teoría sobre el duelo. Así, resuelve dos cosas cruciales: 1) la naturaleza efímera de lo bello (las cosas o momentos), tan solo acentúa su valor y por ende nuestra apreciación; y 2) Freud concluye con una nota entusiasta ante lo inevitable, un modo de afrontar la condición del mundo con vitalidad —incluso frente a la terrible guerra que en esos momentos ya se extendía por Europa—, dice: Lo construiremos todo de nuevo, todo lo que la guerra ha destruido, y quizá sobre un fundamento más sólido y más duraderamente que antes.

Tal es la suerte de ‘November Rain’, que transita por la impermanencia, doliéndose por el perecer de un amor, para al final notar que esta transitoriedad significa que ese dolor y esa niebla también, como todo, llegarán a su fin. El caducar de una relación permite el surgir de otra, incluso con la misma persona. Axl arriba a la realización de que si nada dura para siempre, tampoco lo hará esa maldita lluvia de noviembre: “pero no te fijes en la oscuridad/aún podemos encontrar un camino/nada dura para siempre/ni siquiera la fría lluvia de noviembre”. Con esto la rola se vuelca sobre un solo de guitarra legendario (como los arma el maestro Slash), que de modo no-conceptual invoca la valentía del corazón para seguir a través de esa niebla, hacia el ámbito de lo posible.


De tal suerte, ‘November Rain’ me remite a aquellos Cantos que el yogui tibetano Milarepa vociferaba, para ofrecer a otros sus descubrimientos meditativos sobre la naturaleza de la realidad. En esta caso, la más grande balada de rock de todos los tiempos no se queda atrás: Es un réquiem contemporáneo, uno con el que sí me puedo relacionar, sin todos los términos obtusos del tibet feudal. Me quito el sombrero ante esta rolota de Guns ‘n’ Roses, aunque después la impermanencia, implacable, haya hecho de las suyas con el grupo y sus integrantes.



jueves, 19 de abril de 2012

Santa superstición

Texto para mi columna en RAZtudio, algo sobre sacrificios humanos, la santa muerte y el pensamiento mágico...



El pasado 30 de Marzo se anunció el arresto de 8 personas en Nacozari, Sonora, presuntos culpables de asesinar a dos niños y una mujer. Ese es el hecho, así a secas: homicidio; sin embargo, los arrestados, lo llamaban sacrificio humano. Miembros de una secta dedicada a venerar a la Santa Muerte (o al menos su versión de la Santa Muerte), declararon que los asesinatos fueron realizados para obtener protección y dinero. Ahora en la cárcel y sin dinero, me pregunto si han dejado de creer en el sacrificio humano como manipulación cósmica-financiera, o será que ahora llegan al convencimiento de que se equivocaron al sacrificar a la señora en vez de otro infante virgen. Porque vaya que en prisión y por infanticidio van a necesitar protección y dinero.

Los homicidas
Este es aún un país carente de oportunidades para sus habitantes. Sin embargo no puedo dejar de considerar que 8 personas con la determinación suficiente para asesinar, sumada a su bizarra imaginación ritual, pudiesen haber obtenido fortuna de otro modo. De haber invertido su creatividad y disposición en un negocio, en vez de persuadirse por el pensamiento mágico, otro sería su destino. A estas alturas hasta un puesto de limonadas les hubiese resultado más favorable.

La palabra sacrificio, deriva del latin sacre y facere, y quiere decir: tornar (algo) sagrado. Pasa que eso de lo sagrado en general se considera como algo del más allá. Cuando en sentido estricto, restituirle la sacralidad a algo es regresarle su conexión con este mundo, con el más acá. El tipo de sacrificios (asesinatos) realizados por esta secta, sirven a un fin utilitario: más lana. No que la lana no sea sagrada, pero a lo que voy es que son sacrificio hechos para obtener un objetivo a futuro. Y, para ser precisos, lo sagrado es siempre lo inmediato, en todo su esplendor. Una inmediatez a la que todos tenemos acceso, y de le que, a su vez, a menudo estamos privados por nuestras fijaciones a futuro.


En cuanto a la Santa Muerte, cabe señalar que hay muchos grupos que le rinden culto, y los brutales actos de esta secta no tienen porqué reflejarse en todos sus fieles. Yo no sé si la Santa Muerte sea santa o no—en realidad no me importa—, pero algo sí puedo asegurar: no es muerte. La muerte, como tal, no puede ser representada: nadie jamás la ha visto o probado, porque al morir, pues ya se está muerto. Suena a obviedad digna de chiste de pepito, pero la fascinación que ejerce el pensamiento mágico, deviene, en gran medida, de un intento por negar la muerte. No es que piensen que serán como Drácula y no morirán, sino que buscan creer que la muerte no es muerte. La conciben como un pasaje a otra dimensión, permitiendo la continuidad eterna de algún hilo de conciencia; y eso no es muerte, es especulación metafísica.

La figura de la Santa Muerte no representa a la muerte, ni siquiera como símbolo, sino, más bien, a una supuesta entidad sobrenatural a la que se puede emplear (como chalán) a través de una coreografía de gestos: prende una vela de tal color a tal hora, repite alguna frase tantas veces, mata un par de niños frente a una estatuilla. En la historia de la humanidad no hay quien sepa qué es la muerte; un muerto jamás ha hablado. Incluso los resucitados (si es que resucitan), para cuando hablan ya no están muertos lo que se dice muertos. La única observación neta que tenemos de dicho fenómeno es que implica el cese de las funciones vitales, y hasta donde sabemos de cualquier sensación, percepción o emoción, dando cauce a un proceso de descomposición. Para citar a George Bataille: “Solo tenemos certeza de dos cosas: que no somos todo y que habremos de morir”.

Fosa donde se encontraron los cadáveres
Claro que hay modelos lógicos que rebasan la lógica lineal, y claro que todo lo que es posible es posible. Pero andar buscando magia es un modo de encubrir nuestra infinita ignorancia con una teoría gelatinosa. Estar vivo es asombroso; no requiere de magia extra. Pero dicha lucidez se da solo ante el trágico contraste de la muerte, restituyendo con ello el fulgor de cada efímero instante, preciso e irrepetible. Quizás al dejar de lado tantas suposiciones sobre el mundo, podamos palparlo en su esplendor...

Harry Houdini, ese sí era un mago (aunque nunca llevase a cabo el gran truco de David Copperfield: ligarse a Claudia Schiffer). Al morir su hermana, Harry se sumergió en una pena terrible—estaba inconsolable. Este duelo lo llevó a participar, esperanzado, en varias sesiones espiritistas, para buscar contactar al espíritu de su fallecida hermana. Siendo Houdini el jefe de jefes de los trucos e ilusiones, no pudo evitar notar cada estafa que trataron de hacerle. Así, se dedicó durante años a vengarse de estos charlatanes, por lucrar con las dolorosas pérdidas de otros. Houdini se apropiaba de los carteles de cada medium que desenmascaraba, armando así toda una colección de publicidad espiritista. Querido lector, comience hoy la suya.

Houdini

domingo, 8 de abril de 2012

Apofenia


Segunda entrega para la columna en Pijamasurf... Algo para perturbar al foreverismo...

Cómo desprecio la frase “todo pasa por algo”, y más aún cuando alguien la dice en un intento de hacerte sentir mejor sobre una pérdida. Pero aunque la frase me disgusta, hay una palabra asociada que me irrita 100 veces más: Diosidencias. Mientras que la primera es una coartada, efímeramente consoladora, para no asumir los eventos de nuestras vidas por lo que son; la segunda enfatiza connotaciones de orden divino personalizado. Pueden cantar misa, pero no cambian los hechos.
Los humanos estamos cerebralmente programados para ubicar patrones; gracias a ello hemos sobrevivido como especie a través de los tiempos. Poder distinguir un animal peligroso a la distancia, las formas de una planta venenosa o el gesto de un marido celoso ayuda a no perecer tan pronto. Solo que hay un problema cuando esta función de la mente se exagera en pos de un significado ulterior en los sucesos: cómo funcionan las cosas y sus patrones es física, inventarle un porqué es metafísica. Las coincidencias son solo eso, coincidencias, no tienen porque significar algo.
A diario percibimos alguna coincidencia, son parte rutinaria de la vida. Pero hay quien es propenso a buscarle algún significado o tomar las coincidencias como señal. Digamos que a las 11:11 conoces a una chica que nació el 11 de noviembre —¡el mismo día que tu abuelita que murió hace 11 días!—, y supones, naturalmente que es tu alma gemela (hasta que te pide 11,000 pesos para la fianza de su novio). O quizás crees que las muertes siempre vienen en tríos, cuando la muerte es un hecho constante de la vida. O, si te dedicas a las apuestas, juras que después de 7 veces que la rueda cae en rojo, la próxima vez caerá seguro en negro; de hecho las probabilidades, al girar la rueda de nuevo son iguales que antes: 50-50.
Atribuirle significado a hechos aleatorios se llama Apofenia, y es justo eso, una proyección. Vemos lo que queremos ver, así como preferimos números redondos a la hora de hacer cuentas. Es un fenómeno parecido a cuando vemos formas conocidas en las nubes, o a la virgen de Guadalupe en la escarcha en el congelador del Oxxo (esta hipérbole gestáltica se llama Pareidolia). El problema no es que nos parezca encontrar un orden en el caos, sino además creer que es personalizado, y predestinado. Como se dice coloquialmente: sientes que la virgen te habla.
Las situaciones de la vida claramente son expresivas, de no ser así no tendríamos experiencias. Punto. Cada vivencia expresa algo muy particular y específico, así como decimos que un árbol es un árbol porque no es un pelícano. Pero una comunicación así, directa, con nuestras experiencias, solo es posible si se deja a un lado la compulsión interpretativa, si renunciamos a buscar evidencias de que todo significa algo, y de que somos especiales. Pero no lo sé, hace rato vi unas placas de un auto que decían SEX666, mientras el reloj en el taxi parpadeaba la fecha de mi cumpleaños; ¿será que follaré con Sarah Palin esta noche?

domingo, 25 de marzo de 2012

Super-Ilusión


Texto para mi columna en RAZtudio; algo breve sobre el deseo, las fantasías, el amor, la heroína y los diarios de Nikki Sixx...


El amor acaba, canta José José, interpretando aquella letra de Manuel Alejandro, y al paso de los versos sentencia: hasta la belleza cansa. Terrible paradoja de la condición humana: no solo se sufre por anhelar, sino también cuando se obtiene lo anhelado. Comoquiera, desear es inevitable. En alguna ocasión, recostado sobre el diván declaré que si J Lo me ofrendara su apetecible trasero, podría estar satisfecho. Mi psicoanalista concedió, sin más, lo siguiente: “solo mira a Marc Anthony”. Pero ni la infelicidad de Marc Anthony es suficiente para disuadirme de fantasear. Así, cada quien lidia con sus deseos y frustraciones como puede, ya sean los glúteos de J Lo, helado de menta, ideologías varias, tachas y perico, o meditando en una cueva por años.
Sobre este último método, cabe recordar una anécdota del maestro budista del siglo XI, Marpa Lotsawa. Cuando muere su hijo, se le acerca un alumno suyo quien para intentar animarlo dice, “pero como tú enseñas, es solo una ilusión”. Marpa, inconsolable, responde, “sí, pero esto es una superilusión”. Y claro, en cierto sentido es una ilusión (el mundo y sus sucesos), todo está en constante flujo, nada dura, ni siquiera un instante. Pero esto poco importa, porque también nosotros somos ilusión. Estamos hechos de los mismos elementos que conforman al mundo. ¿Qué más da que sea ilusorio, si no estamos exentos de ello? En otras palabras: las pérdidas duelen, y duelen de la chingada, seas quién seas, hagas lo que hagas. 

Recién leí los diarios de Nikki Sixx, el bajista y líder de la banda de rock Mötley Crüe. Heroin Diaries se intitula el libro; en sus páginas Sixx relata un año de su vida en la cumbre del éxito, mientras, simultáneamente, toca el fondo de su adicción. Es un libro lleno de lugares comunes y una historia que oímos hasta el cansancio en el mundo del rock. Sin embargo, es un libro honesto. Disfruté leyendo las hojas del diario de Sixx y los comentarios al margen de quienes estuvieron a su lado en esa época. Transmite un mensaje claro: si no asumes tus problemas, estos te asumen a ti. Y ningún disco de platino, hilera de adolescentes en minifalda dispuestas a chupártela en el baño del aeropuerto o jeringa llena de heroína persa cambia esto. 
Sixx ideó Mötley Crüe, compuso las canciones y diseñó el look de la banda. Cosas que a muchos les parece una estupidez; claro, porque no se les ocurrió a ellos. Comoquiera, esta capacidad visionaria, fue la condena de Sixx: su afán por el control y el modo en que los demás lo necesitaban para cobrar, evitaba que lo pudiesen confrontar con su problema. Aunque la mayoría de las personas a su alrededor estuviesen demasiado apantallados por la imagen de Sixx para darse cuenta: él era miserable, incluso durante el apogeo del Crüe. Sobre todo durante el apogeo de Mötley. La tortura de la fama es un cliché, sin duda; pero uno que en este libro Sixx refleja vívidamente. De hecho, en la cumbre del rock Nikki pasaba gran parte del tiempo recluído en el closet de su mansión en Van Nuys, padeciendo delirios y ataques de paranoia aguda, incapaz de dejar de meterse la siguiente dosis.
No es que todo fuese tragedia; el diario tiene también momentos de triunfo y de humor, pero en general lo que ofrece, es un retrato íntimo de un ser miserable. Pero hay matices, por ejemplo una noche de gira cuando Sixx ejecuta una de sus bromas pesadas. Coloca sillas reclinadas sobre las puertas de los cuartos de todo el pasillo de hotel designado a la banda y su staff. Encima de las sillas balancea botes de basura llenos de orina y demás fluidos hediondos. Luego, Sixx echa spray de cabello sobre las perillas de las puertas—es bastante elaborado el plan, ahora que lo pienso—, para luego pasar y prenderles fuego. Entonces, cuando comienza a sonar la alarma de incendios, todos salen de sus cuartos, para, al abrir las puertas, ser bañados en orina. El peor caso fue el jefe de seguridad, quien salió a medio coito, en pelotas y erecto aún; persiguió a Sixx por los pasillos del hotel. Nikki remata la entrada de su diario, diciendo que espera que haya podido volver a tener una erección el jefe de seguridad. Creo que esto fue lo que salvo a Sixx del fatal desenlace al que lo llevaba la adicción: el sentido del humor. Y claro, su diario, y esos espacios que se tomaba para tocar base y escribir.


El Dr. Feelgood de Mötley, fue de los primeros albums que compré. De hecho era un casete. Recuerdo la portada con el fondo de azulejo color aqua y encima un báculo médico diabólico. ¿Pero quién no busca al Dr. Feelgood? La dosis perfecta. Llámese el nirvana, o (para los teístas) Dios en el fondo de una jeringa, el éxito, una teoría, o comoquiera que le digas. El deseo no deja de movernos, las fantasías no paran de surgir. Y menos mal, sino estaríamos muertos. Si algo describe el diario de Nikki Sixx es lo difícil que puede ser ver tus deseos saciados, porque entonces tienes que inventar nuevos. Sixx apenas sobrevivió: fue resucitado tras una sobredosis en un hotel, solo para llegar a casa, aún en bata de hospital, a meterse otra dosis. Pero tan como hondo es el abismo, así de amplio es el espacio.
La adicción puede ser reconfortante porque es predecible: otra dosis y luego otra… Sin embargo, cuando nada basta cabe la posibilidad de que tal y como estás ahora, con todas sus imperfecciones y dudas, está bien. En la voz de José José: porque somos como ríos, cada instante nueva el agua.
Foto de una serie realizada por Nikki Sixx.