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jueves, 25 de febrero de 2016

Dakini 2.0



I am cared for
by a violent dakini. She
told me so
herself.
Typed her name
on a computer screen,
amidst my dream. Then
left me 
but the traces
of a flame.

Silently
I drank her tea and
silently we spoke,
of the raging silence
that is yet to come. She
pointed at the roaring sea,
the floating flowers
and the budding of a tree. Then
gazing into empty
space, she...
she then asked me:
Once the words
are smoothed out of your grave,
by a gush of wind sanded away,
tell me then, o tell me then,
what will remain of thee?



viernes, 12 de febrero de 2016

Así.




El corazón
es
un chinga tu madre;
es la barranca
donde se arrojan
los conceptos
a morir.

Y la noche
es una selva, esta
selva. Por no decir 
jungla, por no
decir flor, por no decir
ofrenda, sin reserva,
sin resguardo,
sin ahorro,
sin después.

Y yo soy un árbol. 
las 
piedras me besan los pies.
Y
yo soy ridículo,
soy 
incienso, indeciso,
me disuelvo,
me despido 
de todo,
de todo,
de una buena vez.


jueves, 13 de agosto de 2015

Llanto de colibrí



El tlatoani
ha sido poseído;
lo han neuroprogramado
las confusiones a la moda
de la alquimia inversa,
que son fetiches,
abarrotadas coartadas
evitando el asombro crudo -porque
nos enseñan a sumar y restar, pero
no a paladear lo insoportable,
ni a que el terror de lo bello
haga del pecho flor, resignándose
a la más grande fortuna-.

Y
el mariachi loco quiere bailar -que no
le queda de otra-
sobre la ráfaga dilatada,
patrocinada, 
por tres tristes Tony Montanas
de fayuca express -porque nos adiestramos
a deletrear frenología y
a subastar la calma de las brujas enredadas en sí, pero no
a disolvernos en el alcance del oído,
ni a que tanta fragilidad es solo,
solo indicio de tan tersa inmensidad.


miércoles, 6 de mayo de 2015

Mi cena con buda

Me mira
con un par de galaxias 
crispas. 
Casi me avergüenza
no estar más despierto.
Azota la mesa,
con sus manitas
embarradas de mango,
y ya estoy
aquí.



sábado, 25 de abril de 2015

Viaducto



No ha sido relevante
discernir o debatir
si esto es una pecera
o el espacio,
desdoblando hologramas
a la velocidad del neón.

Ya intentarán
convencerme,
de que esto
es un cuarto de hotel.
Cualquier cuarto de hotel,
y que las olas
que ahora nos envuelven
en sus alas de loto,
son los autos
apurados,
transitando el Viaducto, pasada la medianoche.

Que lo intenten, pues,
con ahínco, incluso,
y argumentos sólidos. Acabaremos
por pactar,
más bien,
que de noche
somos polvo, por no decir cenizas
y ya. Y nada más.

No es que te coma chocho,
como tus muslos imperiales proclaman. Pasa
que beso una flor marina, al fondo de la mar,
marina. No es que las medusas me canten,
contando tu historia,
ida y vuelta,
desde el idioma de tus ancestros,
hasta la sal que pediste
en el desayuno.

Y no, la lengua no es metáfora.
De otro modo
no hubiese sido ballena
y toro
a la vez. Piedra, faro y naufragio.
De otro modo
no hubiese sido
serpiente asesina
acariciando tu asfixia. O el torso de un árbol de raíz enredada.
De otro modo
eso no sería
un vestido negro,
levantado
hasta tu cintura. O las sábanas, partituras
anotando tu llanto, sin los bemoles de la cordura.
Ni me habría disuelto
en una parvada de cuervos blancos,
revoloteando,
ahí
donde tu nombre se consume como el humo;
ahí,
donde los tambores mastican al reloj. Ese
que mañana dictará la luz,
el agua, el gas y los tropiezos agotadores del porvenir. Ese
que mañana habrá de omitir la inmensidad de la mar y nos tendrá
discutiendo, irreconocibles, por cualquier angustia. Por eso
ahora no hay piedad
y el coro de trompetas no entiende la guerra, pero sí
la batalla. Como las hienas hijas de puta que nos obligan
a vivir
de su insospechada limosna.

Y no, la lengua no es metáfora. Y las olas
que nos envuelven
en sus alas de loto, también
son autos apurados,
transitando el Viaducto,
pasada la medianoche.


lunes, 20 de abril de 2015

El Mandado






¿Cuándo fue
la última vez
que notaste,
por primera vez,
otra vez,
lo tanto
que se parece
un betabel
a un corazón?







miércoles, 19 de noviembre de 2014

los magos también desaparecen



A veces,
llueve así, como ahora. En silencio--
ruidoso como es--cerrar los ojos
y solo,
solo,
solo
(todo pinche solo),
tan solo
ver estática. Las ganas
de desaparecer (sin morir, claro), 
se amontonan (como quien tropieza en un slam, en noviembre, con una mona en la mano. Y hay quienes sugieren que el ego es un puño apretado). Las ganas
de rendirse ante las olas
de la pulsión. Correr sin reserva o cuidado alguno, sin fingir consideración latente, correr de aquí al nitrógeno espacial. Pasando por el extasis, el horror, el absurdo y la disolución. 

Desaparecer
como el alarido de un chango en metanfetaminas, en la humedad indiferente de la jungla; como los caracoles de humo, de las chicas tristes fumando afuera del metro; como la sal,
en la lengua; como los pliegues
de la lengua, entre
los pliegues de la lengua. Desaparecer,
carajo,
como un cerdo con una granada en la panza, bailando sobre la cuerda floja, de un circo en CNN. Pero se me afloja la boca y con ello la capacidad para contradecirme, o para sopesar las dudas, como margaritas que acarician el pezón, hasta dormir.

En mis pupilas
marchan incendios y convicciones,
el peso bruto del peso bruto, un desplante de noticias y doctrinas
que se hacen
pasar por almohadas (ortopédicas). La melancolía se presenta, a la puerta, como hipoteca y un símbolo tras otro juegan a los encantados, a los crucificado y a los dados.

Quizás sean solo las ansias
por decapitar o ser, al fin, decapitado, pero aun no fumo piedra sobre las cenizas de la carne de cañón. (Esa que los buitres, de toda inclinación, se saborean sin presión). Pero la virgen
nos habla
mamando el lóbulo del oído,
ya tan acostumbrado a ser oído. En silencio--latoso como es--cerrar
los ojos
y solo,
solo
(todo pinche solo),
solo
preguntar
si en esa vasta oscuridad
llamada nosotros, 
aquel municipio que nombramos pecho
está o no habitado por algún diamante.


viernes, 26 de septiembre de 2014

Cementerio


En este cementerio
-porque eso es lo que es-,
hay flores diminutas
que bailan chachacha,
flores que deambulan,
buscando con quién platicar.

En este cementerio
-porque así se le dice-,
jadean animales heridos,
con la lengua de fuera.
Tristes sus oídos
recuerdan lo que fue rugir,
así, ante la infinitud
de la chingada,
a sabiendas
de que por casi un segundo
han sido el sol.

En este cementerio
-no hay tiempo para negarlo-,
las ansias son dictadura y
las apuestas
se dejan en un sobre sellado. Y
no por haber olvidado
la dirección,
se deja de enviar.




lunes, 28 de julio de 2014

apenas


Fuimos apenas
un grito,
interrumpiendo
la más densa oscuridad.
Un grito
generoso en su violencia,
brillante,
virulento, frágil
confeti feroz.

Nos van a ahogar, nos
van a ahogar.
Ahí,
donde el absurdo
es el más triste soberano, 
y solo quedarán las lijas.
Ahí, donde la lucidez
no es derroche, y
los pétalos
carecen del filo de navajas
para afeitar
suspiros, de par en par,
con su vértigo bonito.

Fuimos apenas
la costera de una huella,
la costura de una estrella
de mar, pestañita en un lote
baldío. Apenas,
el preludio de un diamante,
arcoíris de aceite
embarrando el pavimento,
un desafiante chiflido, una coartada, un tambaleo.
Apenas,
un chingadazo
al hígado de lo improbable;
bien puesto, bien dado, mal repartido,
y colocado sin remordimiento, 
imposible
de corresponder.


martes, 3 de junio de 2014

suck at math


Add a windmill,
add dirt
--lots of it--;
add a brute swirl of light,
a blaze of stranded chaos
disturbing every bit of matter
with its tongue. Add color. Period.

Add glitter,
neon lollipops, a shitty remix soundtrack playing in the back,
a confederacy of sly remarks and witty comebacks.
Add a martini glass.

Add the delta of a river,
add arms
--literally--(many of them).
Add more,
and have them blur into constellations.

Add that fresh sparkle
of rainbows undoing space
in any given drop
of water. Add laughter (or giggles,
if you rather).

Add mud
and the flicker of dilated pupils
under the strain of awe.
Add pieces of what is to be,
add ennui and repetition. Add
trepidation and stolen glances.
Keep adding.

Add an amusement park,
call it "now",
call it "mind",
call it "me",
call it by its true name,
while adding
a bubble bath of distractions,
a marmelade rhizome of rhetorical questions,
a frothing fountain at the mercy of chance. Add possibility.
Add bewilderment, and glam rock
and a tablespoon of "who gives a fuck?"

Add the angles of a diamond,
add attempted prayer books
and a urge to make sense.
Add a collection of tropes,
an eagerness to connect
and some bitter flower known as irony.
Add caramel,
mild psychotropic substances, hot fudge, ferocity
and a bright fuckin' cherry on top.

Add dollar bills
--make them hundreds;
make them more-- and then some. Make it so there is no final sum.
Add vividness
(lovely particles of filth)
and an urge for comfort. Add
nipples
and all the ways they stare back at you. Add
an irrational number dictating the curve of lips. Add a rose.

Add compulsion.
Add apples. Make them green. Make them grow.
Chewing gum, pop corn and tv commercials.
Subtract the weight of dreams,
divide the time by time (till it cracks like a whip),
multiply by the daze of desire (baptize your thoughts in fire).
Crosscheck. Double check the digits.
Then add the tip.

Add masturbation,
and soprano's cries
breaking windows
and hearts, and flight schedules and stopwatches.
Add velocity,
make it exponential,
factor in assorted amounts of infinity
and g-spots
and emotional undertones
and complexity beyond recognition. Add preservatives and soda.

Add intoxication, moonlight, hubris and
simplicity. Add dewdrops,
whispers, the taste of pussy, the
capacity to listen and a sea of attention. Add fever
and dread. Add silver,
add gold, and all the things she said
and all the things better left untold.

Add ten times your weight in pain
and shake it up--fuck it,
make it a hundred times your weight in pain, to keep you busy, to keep you
guessing--. Add all the shit bound to happen,
add the smell of hospital emergency rooms,
and a one way ticket. Add the rest stop.

Add more confusion,
add more confusion,
add
elation, euphoria tinted eyes savoring dawn, add
melancholy and killer instincts. Add excuses and a hint
of compassion. Just a hint, and a razor-blade.

Add poorly formulated apologies.
Add ambivalence.
Add admiration.
Add an ease for fascination.
Add cloth.
Add soap.
Add a whole DJ set of symptoms.
Add denial.

Keep adding. Keep at it. Keep taking notes. Keep paying up.
Add some sort of sugar.
Add a keen sense of expansion,
and the axis of tenderness. Add a chaser of lemon.

Add a map.
Forget it.
Forget about it.
Mumble the right answer.
And doubt.

Quit counting.
Keep adding.
Give it away.
Add more courage than previously considered necessary.
Subtract yourself from the equation.
Stir slowly.
Serve medium rare.








martes, 8 de abril de 2014

Tumbando caña



No seré
reivindicado. El olvido
tiene muelas
impunes, y
el hidrógeno sabe
guardar silencio,
como una tumba en primavera.
Pero si
alguna vez
has mordido un caramelo en la oscuridad,
ahora mismo
puedes conjurar cómo cruje
cualquier trozo del sol, cualquier
cristal tornasol, cómo cruje, mientras
irradia dulzura
a los dobleces de la lengua. Entonces
le has partido toda su perra madre al buda que encontraste en el camino, y conoces
la naturaleza del cronómetro, y
el vuelo de la golondrina.


viernes, 7 de febrero de 2014

martes, 14 de enero de 2014

A veces siento como que el Hubble me habla



Tu cabeza es una cítara. Justo ahora vibra, maremoto terciopelo de luces certeras. Ni la escuchas, solo retumba la voz sonámbula del público--las ansias de un testigo--que habla sin parar, por puro miedo a perderse en alguna infinitud.

Tu cabeza es una cítara, sus cuerdas ondulando en las manos de una hija bastarda de Ravi Shankar. Ni es su hija, sino la causa de cada constelación, girando el compás del sol en sus yemas. Sus manos recorren escalas, obligando a la luminosidad de la galaxia a bailar quebradita en un cielo abierto que gira entre jazmines coloridos y nubes que recitan lotos al dulce coño de la no-virgen maría. Eclipse, cáliz, la roja risa de un ahora escurridizo. Pero ni la escuchas, tocar, con esos dedos que algunos llaman satélites, porque no vaya a resultar siendo que algún concepto sea un fetiche cómodo.

Tu cabeza es una cítara, hace vibrar las columnas de un templo sobrado, y sus temblores recuerdan, precisan, que tu cabeza ni está en tu cabeza, sino en algún órgano que no por flotar deja de palpitar, en eso llamado espacio. Y no hay obstrucción que valga ante el galope  de elefantes que son tus pupilas al reflejar. Pero ni la escuchas, ni dejas que su áureo silbido recorra tus vértebras, dislocando el ojete GPS que has imputado e impuesto, sin querer insistiendo, a la puta realidad, con tal de no perder la cabeza ni la tierna torpeza de su nombre.

Tu cabeza es una cítara, y finges escándalo, solo porque nadie puede leer las letras del karaoke y porque las canta un androide que nació en una rosa blanca en el bosque de tu (así llamado) pecho.

Tu cabeza es una cítara, y nada ni nadie te va a salvar de su brutal suspensión; no, nada de eso, porque justo ahora estás soñando, apenas.

lunes, 16 de diciembre de 2013

uncertainty



Certain that certain
eyelashes flutter
the entire history of an era,

I've walked these streets,
fearless, regardless
of the so-called state
of affairs.

For I am a poet;
one who is not stalling,
or stalking the skies
to open; merely
a beast
with a tongue,
certain
that my true name
is milk,
spellbound
by the dumbfounding
glitter of awe,

certain
that certain
eyelashes flutter
the entire history

of an era.




lunes, 2 de diciembre de 2013

you



What was once
unblemished,
is now

a heart-shaped stain
in god's eye,
while she fondles
herself;

and you,
darling,
are but her
softest, sweetest
sigh.



viernes, 29 de noviembre de 2013

Photon.


Sure,
we were flying
in space (or was it
"floating", or
was it "falling"?).
Sure,
we thought
we knew what was meant by


"space"

   
          -even as the spectrum
           of mind
           gangbanged time
           impregnating the collision of particles,
           on and
           on,
           with particular textures
           seldom
           recognized as bright
           dreams, rainforest dewdrops
           &
           shooting stars, all
           feverish
           at the seams,
           giggling on the edge of
           a champagne lotus,
           staring back
           at the sun
           beams of crisp stripper
           sweat; ice
           at the bottom
           of a glass, melting
           into clouds upon lips upon lips upon
           dispersing
         


blue.

Sure,
we were flying
in space (or was it
"floating, or
 was it "falling without end"?).




miércoles, 4 de septiembre de 2013

ruleta rusa



Jugué ruleta rusa
con los posibles brillos de su
mirada; los
gajos de su iris
girando, cargados
de balas expansivas. (La
brecha entre el zumbido de mi cierre y, y, y, y
y el párpado vulva celestial
queda
desnuda; es decir
que
la composición química de la saliva dibuja
un laberinto paleolítico casi
real. Diamantina amatista, carnívoro
pétalo de luz eriza
y los coros de perras
ladrando sin collar y sin
motivos. Y
algo de la palabra "amniótico" recuerda al azul,
casi
total). Ya no
sabemos quién dispara, pero
resucito cuál
sol de fayuca, mandala sobre un nopal
--por aquello de que Osiris conlleva al iris; es
elemental--, transitando
entre el cerquitas y el aí
nomás. Occidente,
ese negro hondo de la pupila, tan
azul como el azul donde
los astronautas pierden
la razón, y los
chemos buscan
la nostalgia de un vientre. Materia
oscura, materia
negativa, el sin
fin de la pupila. Y el girar del revolver,
batidora de tormentas confeti astroplus. Arroja,
las pupilas como puntos a conectar
en fichas de dominó sobre la pista para bailar. Nunca
me alcanza para apostar
así. Así,
ahí, así, así,
así, no estoy dispuesto a contar,
a sumar y restar, así,
me juego la tirada
desprovisto de estrategia:
a puro bluff,
y chiste de charlatán.


jueves, 18 de julio de 2013

el clutch


yo era un Lincoln plateado
tú, una incógnita variable
entre lo inefable y lo hiperpalpable. y
te gusta la gasolina y
la geometría de aquello
que llamas espacio. (ahí
donde brota el contorno indeciso del caracol, la orilla
de tu labio encandilado, el ojo
de la mariposa). Aquel asombro soluble
en esta espesa leche,
cuyas convenciones de la época y los mapas
de evaporación denominan tiempo.

          -tiempo sin vernos
          -tiempo que pasó
                     -que pasé pensando en ti
                                    -pensando en ahora
                                                        -ahorita
                                                        -ahoritita.

mamita. huella de las llantas sobre el pavimento
fresco, candor de luna burlona,
el vaso de tu voz, cristal
quebrado, cortadas que no conocen el mertiolate. Mientras
te muerdes la mano
hecha un nudo,
       
          -dale
dices
          -dale
dices
          -papi
me dices.

yo era un Lincoln plateado
tú un código variable,
entre lo irresoluble y lo hiperpaladeable. Destartalado
brío de caderas fuera de cautiverio. Asientos de piel. Y el verbo
hecho criptograma de una lengua luz,
saliva diamantina. Y sé
que te gusta la gasolina.
Ese químico vapor que todo lo
ilumina. Mi camino lo rondo
con parabrisas roto y
las casetas me hacen los mandados,
la carretera sigue
y yo tengo el pie pesado.



martes, 18 de junio de 2013

Síntomas de una época: el Diagnóstico

De mi columna en PijamaSurf, esta reflexión sobre el sesgo del diagnóstico psiquiátrico...


La salvación no me interesa. Ni la propia ni la ajena. A lo más, puedo decir que me gustaría evitar el sufrimiento propio y de quienes me importan. Por mera probabilidad asumo que entre menos crueldad haya en el mundo, menos probable es que me toque a mí o a quienes quiero. Comoquiera, a ratos me pregunto si hay algo en el sufrimiento ajeno que produzca un retorcido consuelo. Como si por mera substracción me considere librado de ese sufrimiento que padece el otro, al menos por ese momento. Es estúpido, sí, pero muy poco de mi cerebro humano funciona estrictamente de acuerdo a la razón. Quizás sea por irracional que la salvación no me interesa. Quizás no.
El DSM-V, además de ser muy útil para cualquier escritor a la hora de diseñar personajes, se usa como guía para realizar diagnósticos psiquiátricos. En otras palabras, este Manual Estadístico y de Diagnóstico de Desórdenes Mentales, se considera una autoridad a la hora de evaluar la conducta y determinar el estatus de la sanidad mental de alguien. Veinte años después del manual previo, el DSM-IV, esta versión enchulada presenta todo un arcoíris de nuevas patologías y síntomas. También ha modificado, de modo muy sensato, cabe señalar, algunas categorías y criterios de diagnóstico. Sin embargo, es, en cierto sentido, la nueva moneda de la salvación. La salud mental se considera desde muchos ángulos la medida de la felicidad y del modo adecuado de estar en el mundo. Por ello, no sobra preguntar cuánto de la psiquiatría no será también un intento por consolarse con el sufrimiento ajeno. ¿Acaso la locura ajena es indicador de la sanidad propia? Resulta evidente que no, pero eso no quita relevancia a la pregunta.

¿Pero sino por las conductas bizarras de otros, qué es la locura? ¿Es una distorsión de la mente ante la realidad (y alguien sea tan amable de definir “realidad”)?; ¿o será, tan solo, una interpretación de la conducta según cierta sociedad humana? El primer caso se basa en la claridad de la cognición, y supone distinguir los hechos de la especulación. El segundo caso, en cambio, si bien incluye estas variantes, inserta también una cosmovisión: una versión del mundo y del humano. La pregunta es, entonces: ¿existe tal cosa como la locura fuera de la sociedad humana? Y es una pregunta boba, como un koan Zen pintado en un cuadro chic en el baño de un café. Resulta de poco provecho preguntarse sobre la esencia absoluta de cualquier concepto. Digo, ni que estuviésemos por fuera o por encima de nuestras vidas.
Por ello es mejor contemplar algo relativo, como, por ejemplo aquella novela de Ken Kesey One Flew Over the Cuckoo’s Nest, también conocida en español como Atrapados sin salida.Y no hace falta ser maestro Zen para deducir que me refiero a la película (1975) y no al libro (1959). En la cinta, Jack Nicholson actúa como Randle Patrick McMurphy,  un tipo que se hace pasar por “loco” para se admitido a un psiquiátrico, con tal de evitar ir a prisión por estupro. Por más peculiar que pueda parecer su personaje, resulta, más bien, un tipo mañoso que, digamos, alguien dado a conversar con sus heces a la entrada del palacio de gobierno (cosa que además seguro ya es un performance de arte conceptual en algún sitio). La trama se enreda y McMurphy, más por la antipatía de una enfermera y los médicos que, acaso, por falta de sentido común, termina con una lobotomía. No importó, jamás, si estaba o no loco, el mero hecho de estar en un psiquiátrico bastó para que se le diagnosticara, medicara y operara.


En 1973 David Rosenhan elaboró un experimento, no solo una ficción torno a este fenómeno, intitulado: On Being Sane in Insane Places. Él y 7 colaboradores simularon tener alucinaciones auditivas para ser ingresados a distintos institutos psiquiátricos. Seguro existen mejores maneras de pasar el verano que en un psiquiátrico por convicción, pero Rosenhan quiso establecer un sesgo de confirmación dentro del diagnóstico psiquiátrico. Es decir: si estás internado en un psiquiátrico (contexto) es prácticamente imposible que no crean que estás loco. Rosenhan y sus colaboradores tenían la instrucción de, primero decir que escuchaban una y otra vez la palabra “thud” [ruido sordo], para luego, al ser admitidos, dejar toda simulación y conducirse como lo harían normalmente, indicando al staff que ya no escuchaban esa voz. La mayoría estuvieron internados, sin poder salir, alrededor de 20 días. Solo fueron liberados bajo la obligación de aceptar su diagnóstico (esquizofrenia) y de continuar tomando el medicamento. Rosenhan publicó sus resultados, describiendo, en algunos casos, el maltrato que recibían algunos pacientes por parte de los empleados del hospital.
El experimento demostraba algo terrible: el diagnóstico cancela la credibilidad. Es decir, quien es ingresado a un psiquiátrico pierde el peso de su propia palabra —aunque se trate con sus impresiones y vivencias personales y subjetivas—.  La APA (American Psychiatric Association) puso el grito en el cielo; ofendidos, quisieron invalidar, también, el experimento de Rosenhan. Se quejaron sobre sus métodos y sobre la falta de ética en su experimento, pero no pudieron invalidar los resultados, ya para entonces públicos. El director de un psiquiátrico lo retó a enviar, durante tres meses, falsos pacientes, a fin de que pudiesen demostrar su capacidad de diagnóstico. Rosenhan, por supuesto, aceptó el desafío. Pasado el plazo, el director de dicho hospital declaró, con jactancia, que habían detectado a 41 impostores. Rosenhan, tranquilamente le aclaró que jamás envío a una sola persona. Ouch. Rosenhan – 2 – infalibilidad del diagnóstico psiquiátrico – 0.
No estoy por avocar contra la psiquiatría o de sus fármacos –ni que fuera Tom Cruise en Oprah a punto de demostrar cuánto necesita un Risperdal—. He sido testigo de los beneficios de las intervenciones químicas y de los tratamientos psiquiátricos. Mejor aún si se acompañan con alguna forma de terapia o análisis, son de gran utilidad y alivio. Lejos de estar contra de cualquier avance de la ciencia, pienso que la psiquiatría necesita apegarse más al método científico. En este sentido requiere estar dispuesta a cuestionar el sesgo de confirmación que puede generar el método diagnóstico al que recurren, tanto como cuestionar la relación que existe entre la industria farmacéutica y manuales como el DSM-V. A la par, nosotros podemos indagar sobre el uso popular de términos clínicos y la facilidad con que psicopatologizamos nuestras conductas (o las ajenas). Ahora resulta que toda repetición es TOC y que toda distracción es ADD, o que un gesto de introversión es ya alguna suerte de autismo. Pero que sea una reflexión sin alarmismos, paranoias, conspiraciones o purismos chafas (que muy rara vez son otra cosa que un intento por mostrar alguna forma de superioridad moral, para estar por encima o por fuera de una situación). Solo ciencia para el progreso, para el alivio, en este caso, de los padecimientos mentales. Sálvese quien pueda. Sálvese quien quiera.