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domingo, 24 de junio de 2012

Edipo Mex

La columna de Junio para RAZtudio.



Si puedes manipular a Dios, éste deja de ser Dios. Sería, más bien, tu chalán cósmico, quien gracias a mínimos esfuerzos mágicos actúa a tu antojo. Ante tal estupidez, negar la existencia de cualquier Dios, me parece la única forma, incluso, de honrar a algún posible Dios. En la mayoría de los casos, Dios me suena a un concepto rebuscado, vagamente útil para intentar negar cualquier incertidumbre: llámese el origen del mundo, el sentido de las cosas, y , sobre todo, la muerte. Esto se reduce a postular que mientras no puedas explicar algo en base a tu particular y limitada visión del mundo, entonces debe haber un Dios. Dicha falacia se ve así: Tu ignorancia = Dios.

Tales fórmulas de la fe parecen tener poca importancia, hasta que a alguien le sacan los ojos. El pasado 24 de Mayo, María del Carmen Ríos García, le amputó los ojos a su hijo. No fue una intervención quirúrgica o acaso un procedimiento médico. Su hermana (tía de Fernando) sostuvo al niño, mientras ella extrajo los ojos con sus manos. Esto sin anestesia y sin mayor excusa que: no cerró los ojos para rezar. Y estaban rezando para salvar al mundo. Mismo que  (según un sueño de Maricarmen) habría de llegar a su fin, con la visita de Dios y un terremoto, el pasado 28 de Mayo. Aquí seguimos.


Edipo también perdió los ojos; él mismo los extrajo, para lidiar con el desconsuelo (¿culpa?) de haber matado a su padre y follado con su madre. Pero llegó a tal acto de auto-flagelo por enterarse de lo que hizo, más que por haberlo hecho. Al ver sus actos, en retrospectiva, se enjuició y condenó. Es significativo que se haya sacado los ojos, y no los dedos, por ejemplo. Otro factor influyente en esta decisión (si se le puede llamar así), fue el hecho de que un vidente anunció la tragedia con mucha anterioridad. De hecho, es posible que de no ser por la profecía del vidente, Layo nunca hubiese enviado a su hijo lejos de casa. Así, Edipo pudiese haber reconocido a su padre y a su madre, evitando cumplir la profecía. Maricarmen, al querer impedir una tragedia virtual, provocó una tragedia real, por desconocer a su propio hijo ante el llamado de una supuesta deidad.

Esto me remite, desde mi cómoda distancia, al diálogo más importante de toda la trilogía de The Matrix. Primero, la pitonisa (Gloria Foster) le advierte a Neo (Keanu Reeves) que no se preocupe sobre el jarrón que está a punto de romper. Neo rompe el jarrón. Luego, la pitonisa le dice a Neo que lo que realmente va a perturbarlo más tarde, es si habría roto el jarrón aunque ella no le hubiese dicho antes. Ésta resulta, después de tanto rollo, la pregunta más importante de toda la trilogía. La cuestión sobre si la realidad es real o no, resulta infértil en comparación con una discusión sobre la causalidad. Sea o no real el mundo, igual tiene leyes básicas que importan mucho más que su estatus ontológico.


Hablando de leyes: de no ser por la intervención de las autoridades, María del Carmen Ríos García, hubiese, según sus declaraciones, matado, además, a sus otros hijos (uno de 8 años, otro de 10 meses), como ofrenda sacrificial. Ahora, ella y sus parientes --otras 7 personas que participaban en el "rito"-- se encuentran recluidos en el penal de Neza Bordo, donde serán procesados por delito de homicidio calificado en grado de tentativa. Mientras, Fernando se encuentra en terapia intensiva, con el rostro vendado, enterándose, a sus 5 años, que ha perdido la vista gracias a su madre. Y gracias al Dios de su madre.


lunes, 10 de octubre de 2011

Redención por transacción

reportaje sobre las maniobras del tele-evangelismo al estilo Pare de Sufrir, recién publicado en Milenio Semanal




 Es más complicado transportar dinero que narcóticos. No es metafísica, es una mera cuestión de volumen y rastreabilidad, pero mientras haya dinero por lavar no faltará quien lo siga intentando.

Desde Richard Nixon y su “guerra contra las drogas” se dispensa en este ámbito una política de espectáculo, por la cual se exhibe la captura de sicarios junto a toneladas de sustancias ilícitas. Pero esto tiende, sobre todo, a oscurecer lo esencial: quién gana, cuánto se gana y dónde termina el dinero. Esto aplica también para los casos donde las drogas que se ofrecen son ideológicas, y a su vez sirven de fachada para encubrir sumas provenientes de actividades ilícitas. Nada como un dilema moral para distraer de una solución práctica: en otras palabras, para negocio, las religiones.
El pasado 12 de septiembre el Ministerio Público Federal de Sao Paulo, Brasil, levantó una denuncia en contra de Emir Macedo, obispo principal de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), junto con tres de sus colaboradores, entre ellos el ex congresista Joao Batista Ramos da Silva. Los cargos son: fraude, falsificación, evasión fiscal y lavado de dinero en la forma de organización criminal. El caso se levantó, en particular, en relación a 235 millones de dólares ilegalmente transferidos de Sao Paulo a Estados Unidos por medio de una casa de cambio. Los cargos deben distinguirse claramente entre sí, ya que las cantidades que la IURD obtiene por medio de estafar a sus seguidores no necesariamente son las mismas que se lavan.
Sobre la denuncia por fraude, el procurador Silvio Martins Oliveira declaró que el dinero obtenido de los fieles se consigue por medio de “falsas promesas y amenazas de que el alivio espiritual y físico sólo llega a quienes se sacrifican económicamente por la Iglesia”. Es notable cuánto empata esta declaración con las palabras de Macedo, fundador de la IURD: “Quien no paga diezmo, le roba a Dios”.
LOTERÍA Y SUPERSTICIÓN
La IURD, mejor conocida como “Pare de Sufrir” por sus programas evangelistas en la televisión abierta, ha tenido una expansión apabullante. Desde sus primeros servicios en una funeraria al norte de Río de Janeiro en 1977, hasta ahora, apenas 34 años más tarde, suma en sus filas unos ocho millones de seguidores dispersos en 180 países del mundo. Edir Macedo, su fundador, trabajaba como cajero en la Lotería Nacional de Río de Janeiro en los años sesenta, cuando se unió a una Iglesia pentecostal llamada “Nueva Vida”. En 1974 comenzó a predicar en su primer ministerio, “Cruzada del camino eterno”, y, al ver que tenía talento, un año más tarde fundó el “Salón de la Fe” junto con Romildo Soares, pero tras una disputa terminaron por dividirse, y cada quien fundó su propia iglesia: Macedo la IURD y Soares la Iglesia Internacional de la Gracia Divina.
La leyenda del cajero de lotería que pasó a operar una iglesia con ingresos registrados de hasta mil millones de dólares al año, funciona como validación del credo neopentecostal por medio de la llamada Teología de la Prosperidad. Además de creer en sanaciones milagrosas, el juicio final y todo tipo de exorcismos, intervenciones místicas y divinas, estas Iglesias promueven la noción de que el éxito en los negocios es muestra del favor divino. En otras palabras, si no te va bien económicamente es signo de que eres malo o pecador, que tienes un demonio o un embrujo en tu vida, donde el favor divino sólo llegará si estás dispuesto a dar hasta que duela, a ofrecer todo lo que tengas a los representantes de Dios. Pero la donación no es la única muestra de fe y voluntad: las iglesias también venden productos milagrosos como agua bendita del río Jordán, partes del manto sagrado, aceite bendito, jabones para limpiarse “los demonios”, etcétera.
El imperio de la IURD cuenta ya con cerca de cinco mil templos en todo el mundo, 23 estaciones de televisión, 40 emisoras de radio, banco, compañía de seguros, agencia de viajes, una inmobiliaria, una bancada notable de diputados en el Congreso brasileño, un partido político en Portugal y, claro, la casa de cambio Diskline, en una muestra que parece más astucia comercial que don divino.
Lo que sí es un milagro es que Macedo, con un expediente criminal que data desde su primer encarcelamiento por fraude y charlatanería en 1992, siga libre y operando sin mayores trabas. Más misterio aún si le sumamos una investigación por lavado de dinero y vínculos con el narcotráfico desde 1996; quizá habría que sugerirle considere la estrategia de L.R. Hubbard, fundador de la Cienciología, quien, para permanecer prófugo de la justicia, se retiró a vivir a un barco en aguas internacionales.
VIERNES DE LIBERACIÓN
En la entrada al Santuario de la fe, en la avenida Yucatán de la colonia Roma de la Ciudad de México, lo que salta primero a la vista es el cartel enmarcado con el registro de la IURD como asociación religiosa otorgado por la Secretaría de Gobernación. No puedo dejar de preguntarme bajo qué criterios se otorgó en 2001 el permiso SGAR/2499 a una organización con un ya para entonces largo expediente criminal internacional; supongo que será similar al aplicado en Puebla para incluir en el currículo educativo del estado preceptos de la Cienciología.
Ya entre las butacas de lo que fue el Teatro Silvia Pinal, veo a la gente congregarse ante un escenario típico de telepredicador: parece la sala de un set de televisión. Sobre el escenario un chico toca música solemne en un teclado y arriba, en enormes letras doradas, dice “Jesuscristo es el Señor”. Sin más aparece sobre el escenario un hombre y dice: “A toas persons que tienen un problema en sua vida, venga para acá, pase al frente con suas manos extendidas al cielo, a la casa de Deus”, dice el pastor con marcada pronunciación carioca. Eso da inicio a una dinámica que se repetirá durante todo el servicio: la de “Simón dice”. Las canciones recitadas profusamente infantilizan a los asistentes con frases como “yo estoy perdido, tú eres mi pastor”; el entrenamiento de obediencia inicia con “pon las manos en el corazón, ahora pon las manos hacia el cielo, ahora siéntate, ahora levántate”. Deduzco que luego de suficiente tiempo y repeticiones del ritual se puede lograr que los feligreses obedezcan en muchas otras cosas.
El famoso diezmo se pide unas cuatro veces durante el servicio, de modos distintos y por motivos varios: en una de las ocasiones se pide que los asistentes pasen al frente a donar dinero, pero siempre en un orden dependiente de la cantidad de la cual se van a desprender. Con frecuencia se habla de brujería y de males, cosa que no deja de parecer una suerte de chantaje. Los trucos de vendedor incluyen el uso reiterado y estratégico de la palabra “Amén” durante el servicio; al principio se usa para hacer afirmaciones sobre la bondad de Dios o el poder de la palabra. Sin embargo, hacia el final del servicio, se exhorta a decir “Amén” para comprometerse a venir nuevamente al Santuario y traer consigo a algún familiar.
Otro recurso usado es el llamado “anclaje”: cada vez que se tiene una experiencia de catarsis o tras una plegaria se regalan pulseras, oraciones o una rosa, para anclar así la experiencia en un objeto y asegurar que el asistente tenga un recuerdo constante. El momento cúspide de un “Viernes de Liberación” es la histeria colectiva. Las personas, visiblemente desesperadas y dolientes, con las manos sobre la cabeza, son instruidas a “hablar con Deus de seus problemas y pida a ese problema que se vaya de sua vida”; por unos minutos hay dos mil personas que vociferan y gritan al mismo tiempo. Dos mil personas que dejan alguna forma de diezmo, en efectivo, cuatro veces por servicio, en alguno de los cuatro horarios que “Pare de Sufrir” ofrece a diario. Lo increíble es que por estos “servicios” la IURD cuenta con una exención de impuestos.
PARAÍSOS (FISCALES)

Como lo he mencionado antes, es crucial diferenciar los cargos por los cuales se ha denunciado a Macedo, ya que la indignación sobre las cantidades que logra extraer de sus feligreses no debe distraer la mirada legal de las sumas derivadas de “donaciones anónimas” susceptibles de ser lavadas. Al observar una organización con sedes en todo el mundo y una gran red de empresas y fachadas asociadas, que además cuenta con las exenciones particulares de una asociación religiosa, no puede dejarse de lado la investigación rigurosa al margen de las nebulosidades místico-mágicas. Ya habiéndose ubicado transacciones de grandes sumas por parte de la IURD destinadas a los llamados paraísos fiscales, resulta irresponsable por parte de las autoridades no indagar a fondo la totalidad de sus transacciones.
Marcelo Decoud, director para América Latina y el Caribe de la International Compliance Association, advierte: “Yo llamo a esto ‘el lavado perfecto’; las iglesias pueden ser utilizadas o pueden constituirse para ser utilizadas por los cárteles para ejecutar un lavado que no deje rastros, por un lado, y que a la vez permita un alto flujo de lo que es dinero en efectivo”. No obstante, en México, donde la IURD tiene ya más de 100 templos, la Ley Federal antilavado sigue estancada en la Cámara de Diputados porque los intereses de por medio son de un amplio alcance.
TEOLOGÍA DE LA LEGISLACIÓN
Por más ridícula que sea la estética y la teatralidad tele-evangelista de organizaciones como “Pare de Sufrir”, no se puede negar su proliferación y sus operaciones. No por ridículos son inofensivos. De entrada, al ofrecer falsas esperanzas, estimulando la superstición, impiden que las personas desesperadas procuren ayuda profesional. Esto es delicado especialmente en casos de patologías mentales como la esquizofrenia o en casos de abuso sexual. Debe reevaluarse en su totalidad la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público considerando con mayor rigor el artículo 8 (II) que delinea entre los deberes de éstas “abstenerse de perseguir fines de lucro o preponderantemente económicos”, así como el artículo 29 (IV), donde se establecen los motivos de sanciones y las procedencia de las mismas requiere una especificación sobre la salud mental y no sólo la integridad física de los participantes. Además, habría que exigir se revaloraren los estándares bajo los cuales la Dirección General de Asociaciones Religiosas otorga el estatus de Asociación Religiosa y, finalmente, concuerdo con el procurador Martins Oliveira en que debe revocarse la exención de impuestos a organizaciones como “Pare de Sufrir”, procurando con ello un mayor rigor en las investigaciones sobre el uso que hacen de sus recursos y los servicios y productos que ofrecen. Pero mientras estas plegarias se conceden, el espectáculo debe continuar…






sábado, 31 de julio de 2010

hacerse a un lado

Este texto fue recién publicado en el blog de Letras Libres, tomando la ocasión de la inauguración de un secta-centro-corporativo en la alameda para reflexionar sobre cuestiones a/teológicas...


Cuán aplacadas se miran las caras de los castrados en la tele: recuerdo la nauseabunda paz que simulaban los miembros de Heaven’s Gate en las entrevistas que pasaron al aire tras sus muertes en Marzo de 1997. Repaso la perpleja molestia que me causaba ver sus gestos infantilizados, rebosantes de convencimiento kamikaze platónico. La explicación que ofrecían para sus actos es la siguiente: Detrás del cometa Hale Bopp se desplazaba una nave espacial (como cuando un auto sigue de cerca una ambulancia para evitar tránsito en el Viaducto), la cual abordarían para al fin regresar a casa. Esto, claro, porque eran almas alienígenas (alienados, diría Marx), provenientes de un sitio al que escuetamente llamaban El Siguiente Nivel. Su procedimiento para agarrar aventón intergaláctico no involucraría ninguno de los trabajosos, costosos y primitivos métodos usados por la NASA, sino que tras mutilarse los genitales humanoides en Tijuana, adquirieron pastillas para dormir (también en Tijuana) que ingirieron con pudín (de chocolate, supongo) y unos tragos de vodka, se recostaron con una bolsa en la cabeza para así dejar sus “vehículos” (no los llamaban Cuerpos, claro). Pero hay otro dato, de tantos, que cabe agregar en este recuento: para su “ascensión” (no lo llamaban Muerte o Suicidio Colectivo) todos —37 miembros— estrenaban unos Nike negros. La cuestión es: ¿si creían que alguna suerte de esencia singular transmaterial iba a eludir la muerte para abordar una nave extraterrestre, para qué los Nike nuevos?

Parece —y bien puede que lo sea— una pregunta sobrada y burlona, pero es un ejemplo que exhibe algunas de las contradicciones fundamentales de tantos credos oficiales y extraoficiales. Resulta interesante observar las operaciones del pensamiento religioso (religiosón, para ser precisos), ya que despliegan algunas de las lógicas fundamentales mediante las cuales imponemos sentido a nuestras vivencias para eludir ciertas angustias existenciales. El que la vida, como tal, no requiera explicación no necesariamente implica que es un sinsentido, como el nihilismo sugiere. La vida en su tragicómico resplandor inmediato rebasa cualquier noción de sentido. Pero asumir esta terrible libertad y su espacio creativo, en vez de creer en un hoyo negro ante el cual el vértigo exige una definición, es un acto de sensatez personal que requiere valentía y curiosidad. Lo curioso es que tantos de los credos que abundan en el panorama globalizado son, en su núcleo, nihilistas; es decir, están tan convencidos de que la nada es un algo y el sinsentido un sentido, que se esmeran por embutir, agüebo, la experiencia viva dentro un marco teórico (gelatinoso, por cierto). Pero la experiencia viviente en su inefable dinamismo jamás acaba de encajar del todo al molde del dogma.


El recién inaugurado Magnocentro (¿bunker?) de Cienciología en plena Alameda Central me ha llevado a cavilar sobre estas cuestiones, ya que al igual que Heaven’s Gate, se trata de una secta Marcianocristianona que busca pasar al Siguiente Nivel, (como una suerte de Mario Bros bioenergético). Buscan la garantía de una especie de pureza ontológica, ensuciada por Marcianos Luciferinos, repudiando el caos del mundo con diagnósticos semiclínicos, para así liberarse de tendencias habituales o cualquier forma de contradicción. ¿Pero qué no era el exceso de libertad lo que les molestaba? La Dianética promete la omnipotencia, a cambio de un sin fin de costosos exámenes y de firmar un contrato por —literalmente— un billón de años al servicio de su organización. Al igual que tantos otros dogmas, no se limitan a intimidar a sus miembros con las premisas de la salvación y la condena, sino que promueven, y en ocasiones exigen, el distanciamiento (“desconexión”) completo con cualquier persona crítica a su organización. Menudo gesto, encontrar ahora como huéspedes VIP, en el corazón de la ciudad, a una secta con prácticas de reclutamiento despiadadas; una corporación multinacional con políticas de terror para con sus críticos (llegan a amenazar y sembrar evidencia falsa); una organización multimillonaria con un récord criminal internacional que incluye conspiración, espionaje, chantaje, robo, evasión fiscal, abuso...

De poco sirve la indignación en estos casos (¿cuándo sí?); ojalá, de menos, se les continúe negando el estatus como religión, obligándoles a rigurosos impuestos y revisiones sobre la validez de sus “productos”. Pero, para no caer en diatribas moralinas, argumentemos, sencillamente, que su fundador era un escritor de ciencia ficción venido a menos, cuya mitología ni siquiera es tan original o estrafalaria, habiendo autores de Sci-Fi mucho más hábiles, entretenidos, sensibles y delirantes incluso. Puede ser que lo más perturbador (y provechoso) de sectas como estas sea no su poder adquisitivo o la insípida enajenación de sus miembros, sino que exhiben los argumentos de fondo de tantas religiones oficiales, transparentando, por instantes, los febriles nudos en sus constructos de significado. Digo, ¿de qué credo religioso (incluido el cinismo quesque empírico) no puede decirse que es una colección de vagos postulados de algún autor de Sci-Fi chafa?

La paradoja es que los miembros de Heaven’s Gate creyeron que matándose evitarían el “Reciclaje del Planeta”; es decir que se mataron para no morir. Pienso que tiende a ser mala idea dejar que algún credo dicte el sentido que otorgamos a la muerte, siendo que se muere en primera persona y jamás se ha oído hablar a un muerto sobre su muerte (o sobre cualquier otro tema). Es tan mala idea como perder todo sesgo de humor ante estos temas. Pero ahí está Tom Cruise, cienciólogo-celebridad, como caricatura híbrida de sus personajes en Magnolia y Mission Impossible, decretando la defensa totalitaria de su doctrina: “O estás con nosotros, o hazte a un lado”. ¿Acaso se debe responder a un argumento así con la condescendencia de la tolerancia? No, la réplica adecuada es aquella que le remata el Coronel Jessep (Jack Nicholson) al Teniente Kaffee (Cruise) en A Few Good Men: “You want the truth?; you can’t handle the truth” (“¿Quieres la verdad?; tú no puedes soportar la verdad”). Si no, pregúntenle al Pulpo Paul.


lunes, 14 de abril de 2008

La Locura es la Cancelación del otro

Aquí un texto de hace un par de años acerca de las sectas, la cree-ncia, ese mítico yo y esa mítica libertad. ¿Sea nuestro egocentrismo la secta más gacha y prolífica hoy en día?







Un paranoico es alguien que ve todo en relación a sí mismo, es alguien cuyo egocentrismo es invasivo…
-Jaques Lacan, Seminario 3, p.274

Si tu hermano, el hijo de tu padre o de tu madre, o tu propio hijo o hija, o la esposa o esposo que abrazas, o tu más intimo amigo, intentara secretamente seducirte, diciendo, “Vayamos a servir a otros dioses,” extraños para ti y tus ancestros que te precedieron, dioses de pueblos vecinos, lejanos o cercanos, de cualquier parte del mundo, no debes consentir, no debes escucharle; no debes mostrarle piedad, no debes guardarle o esconder su culpa. No, tú debes matarle, tu mano deberá lanzar el primer golpe para matarle y las manos del resto de la gente seguirán. Has de apedrearlo a muerte, ya que ha tratado de separarte de Jehová tu Dios. …
(Deuteronimo 13:7-11)


El paranoico es alguien que se encuentra más allá de la negociación; para él/ella no existe nadie más. El diálogo no es posible. Está envuelto en un proceso sináptico de silogismos que se sellan en un pacto letal. Por ejemplo, si yo creyera que un grupo de marcianos implantaron un chip en mi cabeza que hace que perciba lo que percibo de manera que a ellos conviene (una versión neuro-ovni del genio malvado de Descartes), necesitaría deshacerme de la posibilidad de que no es cierto; para lograr esto, cuando alguien más, por cercano o indiferente a mí que sea, intentara convencerme de que eso del chip y los marcianos son sandeces, yo los inscribo dentro de mi ‘teoría’ y determino que quieren engañarme como parte de la conspiración marciana. He cancelado al otro; sólo existo yo, creyendo poseer una verdad absoluta e irrefutable.[1]


Como un farmacodependiente que tacha de moralizadores incómodos o personas que simplemente ‘no entienden’ a quienquiera que le confronte con otra versión de sus actos, el dogmático define a priori a los demás, los significa contundentemente. Todo el mundo queda obviado—todo fenómeno ha sido asignado un sitio dentro de un orden fijo. El dogmático estructura al mundo y toda experiencia, incluida la presencia de otros, en base al dictamen que les ha impuesto. Entonces no le queda más que asfixiarse en un sentido de vida totalizador y seguirlo hasta su fin último: la próxima inyección o la salvación, hablar en lenguas o convertir al vecino, suicidarse o matar a un infiel, y esto bajo un augurio de angustia terrible de constantemente tener que proteger y confirmar su paradigma. Está agujerado, y por ello se ve obligado a constantemente estar tapando un hueco, sólo para encontrar otro, y así tener que indignarse, violentarse, encubrirse, prevenirse.

No sólo los toxicómanos o las sectas o religiones organizadas crean y promueven este efecto de sentido; sino que podríamos decir que la mayoría lo hacemos de una manera u otra. En general estructuramos nuestra identidad y entorno de alguna forma que nos permita una sensación de “saber qué hacemos y por qué”. Es como un mandala en el cual colocamos algo al centro del esquema y todo lo demás gira a su alrededor, en función a este supuesto ‘núcleo’. Proyectamos una jerarquía de valores para todo lo que nos rodean, y en base a esto configuramos nuestras relaciones, reacciones y comportamiento[2].


En cierto nivel todos nos las damos de cosmólogos y visionarios. Pretendiendo comprender el porqué, cómo, qué y dónde de la vida (aunque sea de forma muy rudimentarias); en base a nuestro mito personal redactamos profecías o expectativas acerca de lo que esta constelación traerá, y nos comportamos como si fuera La verdad. Si bien creer que Sai Baba, el Pápa, Guru Maya o Maradona son la encarnación de un Dios único, total y omnipotentemente cariñoso con completa exclusividad es ciertamente una forma de opresión, así también creer que todo lo que pensamos o sentimos es verdad, y creer en las formulas de sentido que nuestra narrativa personal atribuye a nuestras experiencias como si fueran netas es igual de opresivo y desolador.

Aunque esto de generar sentido quizás sea una función inevitable, puede que exista la posibilidad de vivir un mundo desconocido sin la necesidad de ser xenofóbicos. Al igual que cuando vamos a un espectáculo de prestidigitación nos engañamos ‘conscientemente’ a creer en la magia y no en la gama de artimañas de un equipo de producción, así mismo nuestra mente y la realidad están constantemente en contacto (de manera indivisible), pero se súper-impone todo un texto de significados para establecer cierto sentido y parámetros operativos.[3] Quizá les necesitemos para disfrutar de un show de magia, pero hay muchas otras experiencias que podemos vivir, además de ser espectadores pasivos y aislados en un evento costoso.

Mecanismos de Culto

Entre más alta la barda, entre más impenetrable la membrana, lo mas firme la frontera que separa al “yo” y al “otro”, más segura parece estar la identidad del sujeto.
Mark C. Taylor, Erring: Towards a Postmodern A/theology, p.130


Recuerdo algunas impresiones que tuve cuando pasé una tarde en la cocina leyendo un librito que me “regalaron” unos cristiano-evangelizadores: salían símbolos de otras religiones, como un yin-yang, símbolos islámicos, un pentagrama, un buda, y a un lado “explicaba” porqué eran diabólicas y por ende te llevarían al infierno (por el resto de la eternidad, ni más ni menos); sentí una mezcla de nauseas, risa, ternura, miedo y enfurecimiento al ver la ilustración del cielo: un zoológico con personas de todas las etnias vestidas en ropa tipo Polo paseándose de manera muy higiénica,[4] afectiva y castrada por un zoológico acariciando leones mansos; todos, los animales incluidos, sonriendo enajenados con una felicidad violentamente light derivada como de una combinación letal[5] de anti-ansiolíticos y anti-depresivos .


La premisa detrás de este libro es que si adoptas el tipo de vida que ellos sugieren—adaptando tu comportamiento, tus creencias, tu voto, y claro, tu dinero—serás aceptado al muy exclusivo club semi-deportivo-vacacional, “el cielo”; pero si no lo haces sin titubeo alguno, si llegaras a dudar en lo que promueven, o consideraras por aunque fueran unos instantes un paradigma alternativo, estarías inmediatamente e irrevocablemente excluido del zoológico-safari-parque-de-diversiones-extra-limpio-y-estéril de Ralph Lauren, para entonces Terminar [sic] habitando un tormento insoportable por el resto de la eternidad.[6]

Si te dicen en qué pensar, qué ingerir o no, qué y cómo desear y lo aceptas sin cuestionarlo, es posible que comiences a sentir menos y menos confianza en tus capacidades críticas, quizás hasta las denomines “la voz del diablo” o algo así. Sin poder cuestionar, dudar y replicar pronto lo único que podrás hacer es buscar complacientemente una posición de prestigio dentro de la jerarquía que te oprime, y posiblemente termines introduciendo vodka en tu cuerpo intravenosamente esperando con ello irte en una nave alienígena[7] que viene detrás de un cometa. Y sí, nos podemos burlar, pero de ciertas formas somos muy similares en nuestras afirmaciones y reificaciones diarias--por moderadas o liberales que las consideremos--que el miembro de una secta.

Analizando las estrategias que utilizan los cultos para funcionar como tal, se vuelve aparente la manera en que cada uno de nosotros, seamos o no miembros de un culto o secta, usamos este tipo de estrategias para hacer de nuestros credos (egos) algo fijo y protegido. A continuación un breve desglose de algunos de los axiomas que conforman el funcionamiento de un culto o secta:


· Un compromiso excesivamente ingenuo hacia el líder, esté vivo o no, en lo que concierne a su sistema de creencias, ideología y prácticas, considerando éstas como la Verdad.

· El escepticismo, la duda y el desacuerdo son desalentados o hasta castigados.


· El líder no es responsable ante ninguna autoridad.

· El grupo tiene una mentalidad polarizadora de ellos contra nosotros.


· Se anima a los miembros a que vivan y socialicen únicamente entre ellos.

· El grupo predica que sus objetivos tan supuestamente exaltados justifican cualquier medio necesario.


Lo primero que ocurre aquí es que se establece una autoridad, un centro que define todo lo demás. Está autoridad no es cuestionable, es final y absoluta. Se generan mecanismos de protección para desalentar cualquier tipo de crítica o duda, censurando[8] toda voz que no muestre conformidad con lo establecido. Simultáneamente se construye y propaga un propósito de vida e una identidad en base a este esquema, y se plantea como algo urgente, indispensable y absolutamente crucial.

Esto no es tan distinto a la atención y credibilidad que le prestamos a los media o a las celebridades, y definitivamente es igual al fervor con el que creemos todo lo que pensamos y sentimos, bajo la premisa de que “como Yo lo pienso, debe ser cierto”, otorgando a nuestro ego la palabra final en toda materia. Todos nuestros traumas, deseos y motivaciones no examinadas pueden regir el resto de nuestras vidas; la manera habitual que tenemos de narrarnos lo que ocurre llega a ser una compulsión que impide la comunicación. Si bien es rara la ocasión en que no nos percibimos los unos a los otros como objetos simbólicos de nuestras narrativas personales, es aparente que en general las personas elegimos pertenecer a grupos sociales que sean afines a sus versiones de la realidad, a expensas de excluir una gama infinita de posibilidades alternas.
Mismo solemos apoyarnos en círculos en los cuales no se genera ninguna especie de confrontación. Aún más, obviamos nuestro entorno en base a lo que suponemos como el fin último o el cenit de la existencia, dedicando nuestras vidas a la infatigable persecución de este; entretenidos al grado de no poder siquiera considerar cuestionar lo que estamos haciendo.

El insaciable culto al mito del “yo”, ese entretejido de discursos cruzados que defendemos a capa y espada. Esta defensa ocurre por medio de una auto-vigilancia constante; los discursos operantes catalogan a cualquier otro discurso, cancelándolo con sentimientos de vergüenza, negando, rechazando, o asimilándolo dándole un significado en acuerdo con lo previamente establecido. A fin de cuentas lo que trabaja aquí es una firme convicción en algo como verdad total, aunado a la mala fama que se le adjudica al estar equivocado. Al siquiera considerar, QUIZÁS esté equivocado.


Tener ideas fijas y un sentido de vida personal no es lo mismo que ser miembro de una secta (de acuerdo); sin embargo, toda la materia no-examinada de nuestros deseos, temores y motivaciones nos hacen botín fácil para la ideología de una secta—ser predecible nos convierte en presa; y vivir huyendo de la reflexión nos hace muy predecibles. La costumbre de osar que sabemos, y de darle orden a nuestro entorno y nuestras experiencias sirven de tierra firme en la cual la opresión de un dogma se puede anclar.

Tocar, el sacrificio

Lo sagrado es ese rebullir pródigo de la vida que, para durar, el orden de las cosas encadena y que el encadenamiento transforma en desencadenamiento, en otros términos: en violencia. Sin tregua amenaza romper los diques, oponer a la actividad productora el movimiento precipitado y contagioso de una consumación de pura gloria…El mundo divino es contagioso, y su contagio es peligroso.

Georges Bataille, Teoría de la Religión, p. 56.

Lo primero que considerar aquí es la terriblemente ignorada distinción entre el mundo y nuestra versión del mundo. En terminología lingüística esto concierne la diferencia categórica entre significante, significado y referente; es decir que cuando yo pienso y digo, “árbol,” no indico algo real, sino a una imagen mental, a una representación conceptual de una serie de percepciones que he configurado arbitrariamente como una forma. Pero a lo que mi dedo apunta cuando digo árbol extendiendo la mano en dirección de lo que creo es un árbol, no tengo la más mínima idea de qué sea.

Esta división de nuestra experiencia fue observada y planteada por el psicoanalista francés Jacques Lacan de cierta manera como los tres registros de la experiencia: lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real. Lo Imaginario se refiere al conglomerado de imágenes y representaciones que tenemos en mente, es el mundo percibido desde la perspectiva de la imagen nuestra, de una identificación total con aquella formación en el espejo. Lo Simbólico trata con la relación entre la imagen y el mundo, el juego de contrastes e intermitencias a partir de las cuales se generan las imágenes; son todas las palabras que oímos mientras vemos esa imagen nuestra en el espejo, las connotaciones y asociaciones. Lo Real es simplemente inefable, es lo que evade toda significación; es fugaz e innombrable; no-dual, no-localizable e inmanente: aquel sincero ‘No sé’, ese vértigo que se presenta entre el nuomeno y la palabra...


Y aquí jugaremos con los nudos borromeos como silabas que bailan...

A distinción de la monolítica e insípida obviedad seudo-profética del orden de las cosas, lo Real está impregnado y agujerado de curiosidad y deseo. Paradojicamente, tanto al ingenuamente asumir el discurso de una secta, o al proliferar la verborrea mental como verdad propia, bajo la tesitura de escéptico, yo, claridad, neutralidad, o naturalidad, en ambas instancias negamos la experiencia directa. Tanto las sectas, como el ego, filtran la percepción por un palimpsesto de cuentos reiterativos, desesperadamente buscando preservarse (a toda costa…y vaya que cuesta: lagrimas y daños), vigilando y evitando a como de lugar, la experiencia directa (inclusive de sí—el choro). Siendo esto, lo que nos sana. Y podemos ver la brutal lógica que opera aquí para prevenir la experiencia: “nos va a matar, no debe llegar, no basta, nos va a doler.” Y así es. Claro que nos va a presentar un disturbio. Lo que asumimos y sus consecuencias han de develarse y disolverse en una gloria inconmensurable. Sí, puede ser avasalladoramente enternecedor vivir nuestra implicación y relación con el mundo.


Esto lo podríamos entender como la diferencia entre religión y misticismo; es decir, que el misticismo es un proceso de reencuentro con lo Real, interferencias en el disociado y alienado espectro especular por parte de lo Real; mientras que la religión es un método de prevenir el contacto con lo Real, es la asimilación y cooptación del misticismo. La inmanencia es peligrosa para el orden de las cosas, para la utilidad y las jerarquías; en el presente, desprovisto de la carga imaginaria del pasado o del devastador sueño del futuro, la versión oficial del mundo y del propósito de la vida no son más que cosquillas.

Uno de los grandes apelativos de las religiones organizadas es que proponen con aparente convicción y contundencia teorías acerca de todo—le adjudican un sitio y fin a todo, aunado a un colectivo que te lo “confirma” y aplaude. Lo primero que pretenden definir es la muerte, y de ahí se siguen de corrido poniéndole nombre y forma a toda aporía que se presente. Es el asesinato de la duda, del desacuerdo, de las preguntas: de la curiosidad. Un siniestro intercambio en el cual se hace un triste trueque de lo inmanente por una proyección especular, del contacto por un simulacro de confort.


No estoy avocando por la ambigüedad, sino por un agnosticismo valiente y vulnerable. Son muy diferentes: la ambigüedad es una postura y el agnosticismo una apertura. La distinción reside en que la primera es un debate narcisista sin fin[9], con las implicaciones inmediatas de quien decide no decidir—que es a fin de cuentas una decisión; es un sitio de solidificación discursiva y sus términos son preestablecidos, sus supuestas contradicciones y polémicas fijamente determinadas; en cambio desde una perspectiva agnóstica el debate cesa en brazos de la curiosidad, la ausencia de pretensión y lo inmediato.

Siguiendo esta línea de pensamiento: si bien no vamos a tragarnos el mareador balbuceo teológico de alguien más, tampoco vamos a creernos todo lo que pensamos, dándole a ese ruido una autoridad definitiva. Parte vital de la relación con lo real, cosa que gran parte de las religiones promulgan, es saber que no somos el centro del universo, y de que hay fuerzas mucho más grandes que nuestra sensación de auto-importancia. En vista de esto, me opongo al nihilismo pesimistoide que relativiza todos los fenómenos socio-religiosos, y propongo que el dogma como tal, y el daño psicológico y violencia física que generan algunas sectas y/o creencias—a veces incitando suicidios colectivos, y/o abusos sexuales—, es peligrosamente perverso y no es meramente una cuestión de open mind en la cual todo ha de ser aceptado como parte de una ingenua versión del multiculturalismo, sino que en efecto existen cultos cuyas propuestas buscan dominar y agredir incluso a quienes las aceptan sin participar. Habrá que considerar una educación sobre la creencia como tal y atender a plantear límites. Mismo, propongo un contagio inverso: la inmanencia es contagiosa, hay que permitir que prolifere su virulencia, siempre a sabiendas de que no podemos definirla.


A esto se refiere el Sacrificio, poner sobre el altar, ante el cuchillo de obsidiana toda nuestra concepción del mundo, nuestra (a)versión de la realidad, toda la autoridad que conferimos al “yo”, toda nuestra fantasía de seguridad y entretenimiento y dejar que muera en instancias de permeabilidad. Tocar.

Si bien, como seres sociales, no nos es posible salirnos completamente de las exigencias simbólicas, discursivas y utilitarias de la supervivencia, cada interrupción que permitimos por parte de lo real nos devela más flexibles ante la complejidad de perspectivas en las que habitamos—instigando nuestra curiosidad, desafiando a la obviedad. Es primordial asumir la carga y responsabilidad de nuestra perspectiva, de nuestros deseos y temores, siendo cuidadosos de no encajonar otros paradigmas desde la hermenéutica de nuestra versión oficial. Los parámetros de nuestra versión no son los parámetros de lo real…una vez más citando a Bataille:

“Para quien la vida es una experiencia que debe ser llevada lo más lejos posible…”

[1] La ironía siendo que inclusive para sostener este tipo de fantasías mesiánicas, requiero de réplicas y pruebas de su invalidez, para preservar la sensación de heroísmo que a su vez brinda a la paranoia esa sensación de solidez.
[2] Es una variedad de página de Excel, en la cual se cuantifica y osa verificar la totalidad inasible de la experiencia en un reducido marco de referencia. La apertura se vuelve un parámetro más dentro de una hoja de cálculo que busca infatigable y unívocamente una ganancia específica. Artilugio para sostener alguna ilusión de cohesión de sentido de dirección y voluntad absoluta.
[3] Generalmente son oposiciones binarias que parecen resaltar contrastes así enfatizando una especie de ontotología: yo/tú, adentro/afuera, arriba/abajo, más/menos, bueno/malo, blanco/negro, hombre/mujer, verdad/mentira, cielo/infierno…en fin, términos que se “definen” de manera reciproca; es decir, sin base alguna; es decir, que no sólo se permiten aparecer mutuamente, sino que se cancelan por lo mismo.
[4] Era prominente el resplandor de un buen acondicionador y de el cepillado regular con pasta de dientes enblanquecedora.
[5] Siempre y cuando uno siga siendo mortal; así que en este caso, de vida eterna, uno sólo puede imaginar lo que aquel gran equipo psiquiátrico que funge en un ámbito de “eternidad” puede hacer medicando sin tener que considerar efectos secundarios o sobredosis.
[6] Habría que considerar preguntarse (a riesgo de cada quien), ¿qué quieren decir por amor cuando se respalda con infinitos tehuacanazos y violaciones con electroshocks?
[7] Palabra que alude sin duda a la Alienación.
[8] Una de las formas de censura “menos aparentes” y por ello más eficientes, ya que disimulan neutralidad y hasta comprensión son: el ostracismo, la humillación, la ridiculización, y la minimización…
[9] Un solipsismo dilemático.