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viernes, 4 de enero de 2013

Inmaculada concepción


Mi colaboración navideña para RAZtudio


Dada la tecnología a la que tenemos acceso, hoy en día la inseminación artificial es una práctica común. Pero por los requerimientos técnicos, dudo mucho que haya sido posible o eficiente hace 2000 años. Comoquiera, el mito cristiano recurre a la leyenda de una inmaculada concepción para dar origen a la encarnación de su deidad: Cristo. Es sentido común considerar que una virgen no podría estar embarazada hace 2000 años. Pero el sentido común suele quebrarse cuando se busca el origen de las cosas. Como, por ejemplo, cuando un niño comienza a preguntar una y otra vez “porqué”, obligando al adulto a irritarse o admitir su propia ignorancia ante lo (aún) inefable.
Dónde un adulto asume que “no sabe”, la religión construye mitos. Generalmente hace deidad a la ignorancia. Así, yo crecí con una irritación característica de cualquier cínico ante la idea de la inmaculada concepción. Me parecía tan solo otra muestra de aquella perversa negación de la sexualidad humana tan propia de la Iglesia. Sin embargo, una tarde, recorriendo un museo, gracias al espacio y el contexto, pude tener una apreciación variada del tema. Frente al cuadro de una virgen con niño, -estando la imagen fuera de una iglesia- pude observarlo con cierta frescura.

Quizás por primera vez en mi vida miraba una ícono cristiano sin todo el repudio que me suelen causar. Incluso pude asociarlo con las imágenes de budas follando tan prominentes en el budismo tántrico; así, considerando el simbolismo de la misma. En las imágenes del budismo tántrico, dos budas follando son la representación de la indivisibilidad de la claridad y la luminosidad de la mente, y el modo en que su interpenetración es un gran regocijo. Contemplando la imagen de la virgen amamantando a su hijo [sic], llegué a la siguiente conclusión: 1) tal ícono y mito precede al cristianismo, y fue, como todos sus símbolos, apropiado de las tradiciones que iban colonizando en su kitsch imperialista.
Sí, de hecho es una de tantas concepciones inmaculadas presentes en tantas tradiciones; y sí, muchas preceden al cristianismo. Por ejemplo: Perseo es hijo de la virgen Danae, la madre del Buda fue preñada por un elefante (obvio sin penetración, dicen), Krishna fue dado a luz por una virginal Devaka, tanto como Horus nació de la virgen Isis, por mencionar solo algunos. Por ello, llegué a la siguiente conclusión: el símbolo de la virgen embarazada es otra manera de representar el origen del universo. ¿Acaso no una virgen embarazada es una manera perfecta de representar la paradoja de porqué hay algo en vez de nada?
Al mirar ese pequeño cuadro concebí [sic] que la virgen con niño es una manera antaña de elucidar sobre el origen del universo o de la vida misma: una paradoja. Es decir, el universo (por así llamarle) no puede surgir de la nada, por que la nada, si es nada, pues no existe y punto. Sin embargo, aquí estamos, ahora mismo, teniendo una experiencia vívida e innegable. Entonces, ¿cómo puede algo tener y carecer un origen al mismo tiempo? El bosón de Higgs es una aproximación a tal misterio, digamos; pero la virgen con niño es una representación antopomorfizada del mismo fenómeno.

Pero la Iglesia ha hecho de esto, para variar, otra representación de su necrofilia platónica bizarra. El gran problema con su (per)versión de la virginidad es que lo toman como algo literal, y no como una representación simbólica. Es un problema de interpretación del que padecen comúnmente. Similar a un psicótico que no comprende que al decirle “buenos días” se le está saludando y se queda considerando si, en efecto, son “buenos” los “días”. Pasa que la solemnidad es mala consejera a la hora de interpretar un símbolo, ya que descarta cualquier ironía o paradoja. De paso hacen de lado la sencilla verdad de que en tiempos antiguos las personas también tenían sentido del humor, y también albureaban.
Entonces terminamos con una suerte de culto a la virginidad, a la negación del cuerpo y su desarrollo sexual pleno, a la exploración de los sentidos. Así a cambio de una representación magnífica de la paradoja de la existencia y el asombro ante este hecho básico, se ofrece un repudio a la experiencia personal y empírica. Exhiben un asco extraño por la generación misma de la vida, a cambio de fantasmas y una eternidad siempre diferida y basada en un código de conducta que dista de cualquier sesgo de criterio propio. Con sus interpretaciones literales, brutas, tantas religiones parecen decretar que no se debe confiar en lo que se percibe de primera mano a través de los sentidos. Rechazan aquel empirismo que ha dado cauce a las ciencias, sí, esas cuyos frutos procuran mejorar y prolongar la vida humana. Y entre cuyos desarrollos se encuentra la posibilidad de la inseminación artificial para quienes llegan a tener problemas de fertilidad. Solo espero que la próxima vez que miren la imagen de una virgen con niño, sepan que nada tiene que ver con la virginidad, sino con la generación y el origen paradójico de este irrepetible instante.




viernes, 21 de septiembre de 2012

Aquella perversa inmortalidad


Reciente colaboración para Faena...

Para las enseñanzas budistas es crucial contemplar la preciosa vida humana. Se instiga al practicante a considerar lo raro que es estar vivo como ser humano, y no como un mosquito, por ejemplo. Pero, para una religión que cree en la reencarnación, esto suena a hipocresía. Más que apreciar la vida humana parecen estar preocupados por no convertirse en hurón, guacamaya o amiba en alguna futura encarnación. Además, si suponen que se reencarna una y otra vez sin cesar, suponen también que en cuestión de un par de eternidades volverán a ser humanos y así sucesivamente. Entonces, la vida humana deja de ser tan preciosa o rara.
A pesar de mi interés por las enseñanzas y prácticas budistas, nunca he comulgado con su credo en la reencarnación. De hecho, me parece que sobra y que es mucho más interesante considerar lo que el budismo puede ofrecer desprovisto de este sortilegio. Prácticamente toda religión promete una forma u otra de inmortalidad. Hay dos corrientes principales de esta promesa: a) un alma eterna que irá al cielo o al infierno; y b) una continuidad singular que reencarnará una y otra vez en alguno de tantos planos. Lo único verificable de esto, es que ambos modelos se basan en la conducta, y en intentos por controlar la conducta con premios y castigos. Con estas promesas, las religiones suelen llevar a cabo, en complicidad con sus devotos, una suerte de terrorismo existencial. Chantajean para obligar ciertas conductas a cambio de los secretos de cómo enchularse la eternidad.
La falacia de fondo en la que inciden estas religiones con sus inmortalidades, es la de suponer una esencia individual e inmutable que de alguna forma entra y sale del cuerpo (como un pedo) justo para evitar la muerte. Tal idea es insostenible ante la lógica y, sobre todo, ante nuestro saber empírico. Digo, si es una esencia inmutable, entonces ¿cómo diablos entra en contacto con otros fenómenos? Porque cuando dos fenómenos interactúan, inevitablemente cambian. Pero al rebatirse estos argumentos, los creyentes suelen recurrir al argumento moral: cada quien debe pagar lo que hace en esta vida. En otras palabras, postulan una justicia divina o karma. Pero estas son patadas de ahogado, un gran “ya las pagarán” mistificado. Diario vemos hijos de puta cuya astucia les libra de pagar, así como gente buena cuya ingenuidad las hace víctimas de algún daño. Por algo tenemos leyes, y sí, son imperfectas, pero prefiero existan.
El credo en la inmortalidad metafísica, dicen, promueve un mejor trato entre personas. Pero las buenas intenciones para la moral y la convivencia humana no hacen más cierta esta inmortalidad. Además, no es ético por una sencilla razón: está basada en una premisa falsa; se basa en un deseo y no en un hecho. Y la vida es un hecho, un hecho cuya preciosidad aumenta conforme se le observa por sus evidencias. Según el modelo matemático del Profesor Andrew Watson de la Universidad de East Anglia, las probabilidades de que exista vida humana dadas todas las condiciones que se tuvieron que dar para ello, y más aún la secuencia precisa de sucesos, son menores al 0.01 porciento. Entonces, pues claro que es comprensible que la idea de que moriremos nos cause aprehensión suficiente como para querer negarlo a toda costa. Pero, considerar que aparte de las escasas probabilidad de que exista vida tal como la conocemos, ésta es, además, brutalmente breve, es comenzar a contemplar la preciosidad de la vida humana.
Hay quienes sugieren que la ciencia es dudable porque no ha concluido aún. Caben así dos posibilidades para la vida eterna del alma o la reencarnación: 1) el universo material es efecto de la mente y no viceversa, lo cual es un argumento solipsista, (ya que la evidencia que tenemos al ver a otros morir es que ya no respiran, comen, cagan, follan o acaso se expresan de forma alguna); y 2) que dado un lapso infinito de tiempo puedan volverse a juntar las causas y condiciones que ahora nos configuran como individuos conscientes, (pero esto es confundir lo posible con lo probable). Así, vivir en base a lo palpable es una decisión ética; y asumirse como un simple mortal la única base sólida para cualquier forma de “espiritualidad”.
Este instante, tal cual, es irrepetible. Y asumir esta postura ética (empírica) incurre en la siguiente consecuencia: no sabemos de ninguna otra forma de vida consciente en el cosmos. Nuestros cálculos, aunque concederé también son abstractos y especulativos, estiman terriblemente escasas las probabilidades de que existan otras formas de vida. En respuesta a esto, es nuestra responsabilidad como especie asegurar nuestra supervivencia como tal (bajo las mejores condiciones posibles), o al menos intentarlo cabalmente. Para ello tenemos a la ciencia, aunque las religiones en general nos tendrían más bien resignándonos a morir cultivando nuestro carácter. Así, nuestra inmortalidad no será una fantasmagoría de ultratumba, sino el legado que dejamos al mundo que sobrevivirá nuestra aniquilación individual. Este legado no será un monumento o nuestro nombre en un tratado histórico —dado suficiente tiempo esto también se borrará—. Nuestro legado es aquello que compartimos ahora, aquello que nos reafirma motivos para preservar la preciosa vida humana.

jueves, 16 de febrero de 2012

divina publicidad

una nota para RAZtudio sobre la visita papal y MadMen, (la propaganda teológica o la teología de la propaganda)...



En México solo un personaje es capaz de mover más gente a verlo en vivo que Michael Jackson: el Papa. El Papa actual, Benedictino XVI, no cuenta con el carisma y la aptitud para las relaciones públicas del ya beatificado Juan Pablo II; comoquiera, a finales de marzo hará una breve gira por el bajío mexicano. Se esperan ya, al menos, medio millón de espectadores. Ante tal evidencia, no es gratuito que el estratega de comunicaciones Bruno Ballardini afirme que la Iglesia Católica prácticamente inventó lo que hoy conocemos como Marketing. En su bestseller, Jesus Lava Mas Blanco (2007), desarrolla este argumento, punto por punto, para establecer su tesis. Considera, por ejemplo, los testamentos que conforman la Biblia (mega bestseller de todos los tiempos) como testimonials, parecidos a los que ahora vemos en los infomerciales: "antes estaba perdido, pero ahora, con Jesus & Co., soy un hombre nuevo." Así también habla del Logo de la Iglesia, uno de los símbolos más conocidos en el mundo, con una identidad de marca (branding). Pensemos también en sus uniformes, siendo los primeros en introducir uniformes estándar para todo el staff, reafirmando así la identidad de la marca (cosa que, por ejemplo, McDonald’s también logra). O consideremos el product placement que consiguen con tantas sucursales (branches), sumando una red internacional de 1.1 miles de millones de miembros. Desde una perspectiva mercadológica, estas prácticas son admirables, y vale la pena considerar sus milenarias estrategias publicitarias. Puede parecer una postura cínica ante la religión o la Iglesia; pero, sin afán de ofender, Ballardini sostiene un buen argumento.


Llevemos este ejercicio analítico que propone Ballardini un paso más lejos. Además de considerar la salvación como un producto milagro, consideremos una cuestión inversa: lo religioso que resulta el marketing como tal. Pensemos en la beatificación de los productos —que habrán de interceder por nosotros en búsqueda de una satisfacción escurridiza—, tanto como su proyección (omnisciente, omnipresente, y omnipotente) en todos los medios posibles. El marketing es un fenómeno religioso, no solo en cuanto al credo que suscita en nosotros sus consumidores (quienes lo ingerimos como liturgia, participamos en la eucaristía que redefine nuestra realidad, para luego comulgar con sus mercancías), sino también en cómo resuelve los dilemas básicos de la condición humana a los que responde. Al igual que una religión, la publicidad presenta modos de darle sentido al entorno y en consecuencia a nuestras vidas. He ahí el confort que otorgan los anuncios: ofrecen términos bajo los cuales pensar sobre nosotros y nuestro lugar en el mundo. (Por ejemplo cuando pensamos que un anuncio es "estúpido" ya estamos pensando en ciertos términos: estupidez-genialidad). Todos tenemos un credo—un modo de configurar nuestras experiencias y una serie de ideas básicas sobre la naturaleza de las cosas y el propósito (o sin-propósito) de la vida—; creer que no tienes un credo es muestra contundente de que sí lo tienes. La publicidad no se engaña: sabe que tienes un credo.


Creer que se es demasiado astuto para ser influenciado por la publicidad es muestra de la peor de las ingenuidades. La mayoría creemos que somos mejores que la mayoría —y en esto consiste ser parte de la mayoría. La publicidad entiende esto. De no haber evidencias de los efectos de la publicidad, ¿por qué hay compañías dispuestas a pagar millones de dólares para anunciarse por 30 segundos durante el medio tiempo del Super Bowl? Comprenden cómo regular y disponer de nuestra atención. Incluso a ratos he llegado a considerar en que hay campañas que te ofrecen la satisfacción secundaria de sentirte más listo que su anuncio. Pero en general, las imágenes que muestran, y las asociaciones afectivas a las que conducen, dejan impresiones de todos tipos en la psique. Nos guste o no. Digo, por algo prefiero tomar Coca que Pepsi, y en mi caso, que yo sepa, nada tiene que ver con el sabor.

Lo siguiente no implica coincidencia alguna: el 25 de Marzo, cuando Ratzinger se retira de territorio Mexicano para visitar Cuba, también se estrenará la 5ta temporada de Mad Men. Me gusta cómo se oye eso: la quinta de Mad Men, con aires de sinfonía; y no es para menos, considerando todos los detalles que deben tomarse en cuenta para producir una serie de esta naturaleza. Situada en una agencia publicitaria en Nueva York a principios de los años 60s, esta serie reproduce fielmente la escenografía y los vestuarios, así como los hábitos y el modo de pensar de sus personajes. De los mayores aciertos de esta serie, sumado a sus formidables guiones, y actuaciones, ha sido la de mostrar una época y un ámbito que definieron la mitología que ahora nos rige. En dicha época, ahí en las agencias publicitarias de Madison Av., se gestaron las imágenes —y los usos de éstas— que proliferan y circulan por nuestro entorno y nuestras cabezas hoy en día. Esto es ineludible en una ciudad como el DF, con espectaculares que parecen, cual santos protectores, vigilar las calles desde sus alturas, con sus novenas (mantras) manando de pantallas y radios encendidos por doquier.


No podemos descartar la capacidad de marketing de una institución como la Iglesia Católica, como tampoco es posible negar el halo teológico que emana la publicidad hoy en día. Lo experimento cada vez que un comercial en la TV me ofrece esa sensación de que me están hablando a mí personalmente y del sentido de mi vida… Mad Men describe cómo se gesta y propaga esta mitología que ahora habitamos. ¿Qué efectos ha tenido el hombre Marlboro sobre mis ideas sobre el tabaco y la masculinidad?; ¿cómo lograron que asocie la cerveza con tetas?; ¿por qué motivo ligo un auto nuevo con el prestigio y la individualidad? Son tantas las imágenes que vinculo, sin querer, con sentimientos específicos y las marcas que ahora circulan retacadas de asociaciones. No es que me parezca siniestro o que esté en contra de la publicidad y en busca de un paraíso perdido de la pureza radical. Para nada, que lo apocalíptico me suena a una campaña también pasada de moda. Solo que habitando esta sociedad no puedo evitar participar en su imaginario, y por ello lo analizo.

La iglesia católica en su momento hizo lo mismo, apropiándose de mitos previos, resignificándolos para luego divulgarlos a su medida. Sitio al que han llegado sus productos, adapta estos a la estética local. Por eso, bien lo dice Ballardini, no hay nada más kitsch que el Catolicismo. Muestra del continuo esfuerzo por colocar su producto recordemos el contrato que firmó Benedictino XVI para grabar un disco con Geffen Records en 2009. El disco, de cantos y rezos para la Virgen María, salió en noviembre de ese mismo año, bajo el sello que que produce también a Snoop Dogg, Nirvana y Ashlee Simpson. Ahora claro, el World Tour (Visita Papal) debe continuar, siguiendo la pista de las reliquias del anterior vocalista de la banda (JPII). Para difundir sus mensajes y promesas, sus esperanzas y temores. Aquellos mismos anhelos y miedos que la publicidad moldea en sus espectaculares creaciones.


La 5ta temporada de Mad Men amenazaba, en su momento, con ser la última de este genial drama televisivo. Pero no solo Ratzinger firma contratos con empresas de entretenimiento; Matthew Weiner, productor de la galardonada serie, concluyó negociaciones con AMC (American Movie Classics). Así, los feligreses de Mad Men podemos estar tranquilos, ya que a finales del 2011 declararon que esta obra y sus personajes extenderá su trama hasta una séptima temporada. Con esto prometen que veremos más de sus atractivas secretarias, jugosas tramas y complejas interacciones, hasta que su protagonista, Don Draper llegue a viejo, culminando la serie en nuestros días (con iPhones y toda la cosa). En fin, mientras tantos estarán conmovidos —o indignados— despidiendo al Papa (que de nuestros impuestos financiamos dicho viaje, así que más le vale dar un buen show de despedida), yo me avocaré al primer capítulo de la 5ta de Mad Men, procurando así aprender algo sobre la religión de ayer y hoy, y pasar un rato entretenido.

lunes, 10 de octubre de 2011

Redención por transacción

reportaje sobre las maniobras del tele-evangelismo al estilo Pare de Sufrir, recién publicado en Milenio Semanal




 Es más complicado transportar dinero que narcóticos. No es metafísica, es una mera cuestión de volumen y rastreabilidad, pero mientras haya dinero por lavar no faltará quien lo siga intentando.

Desde Richard Nixon y su “guerra contra las drogas” se dispensa en este ámbito una política de espectáculo, por la cual se exhibe la captura de sicarios junto a toneladas de sustancias ilícitas. Pero esto tiende, sobre todo, a oscurecer lo esencial: quién gana, cuánto se gana y dónde termina el dinero. Esto aplica también para los casos donde las drogas que se ofrecen son ideológicas, y a su vez sirven de fachada para encubrir sumas provenientes de actividades ilícitas. Nada como un dilema moral para distraer de una solución práctica: en otras palabras, para negocio, las religiones.
El pasado 12 de septiembre el Ministerio Público Federal de Sao Paulo, Brasil, levantó una denuncia en contra de Emir Macedo, obispo principal de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), junto con tres de sus colaboradores, entre ellos el ex congresista Joao Batista Ramos da Silva. Los cargos son: fraude, falsificación, evasión fiscal y lavado de dinero en la forma de organización criminal. El caso se levantó, en particular, en relación a 235 millones de dólares ilegalmente transferidos de Sao Paulo a Estados Unidos por medio de una casa de cambio. Los cargos deben distinguirse claramente entre sí, ya que las cantidades que la IURD obtiene por medio de estafar a sus seguidores no necesariamente son las mismas que se lavan.
Sobre la denuncia por fraude, el procurador Silvio Martins Oliveira declaró que el dinero obtenido de los fieles se consigue por medio de “falsas promesas y amenazas de que el alivio espiritual y físico sólo llega a quienes se sacrifican económicamente por la Iglesia”. Es notable cuánto empata esta declaración con las palabras de Macedo, fundador de la IURD: “Quien no paga diezmo, le roba a Dios”.
LOTERÍA Y SUPERSTICIÓN
La IURD, mejor conocida como “Pare de Sufrir” por sus programas evangelistas en la televisión abierta, ha tenido una expansión apabullante. Desde sus primeros servicios en una funeraria al norte de Río de Janeiro en 1977, hasta ahora, apenas 34 años más tarde, suma en sus filas unos ocho millones de seguidores dispersos en 180 países del mundo. Edir Macedo, su fundador, trabajaba como cajero en la Lotería Nacional de Río de Janeiro en los años sesenta, cuando se unió a una Iglesia pentecostal llamada “Nueva Vida”. En 1974 comenzó a predicar en su primer ministerio, “Cruzada del camino eterno”, y, al ver que tenía talento, un año más tarde fundó el “Salón de la Fe” junto con Romildo Soares, pero tras una disputa terminaron por dividirse, y cada quien fundó su propia iglesia: Macedo la IURD y Soares la Iglesia Internacional de la Gracia Divina.
La leyenda del cajero de lotería que pasó a operar una iglesia con ingresos registrados de hasta mil millones de dólares al año, funciona como validación del credo neopentecostal por medio de la llamada Teología de la Prosperidad. Además de creer en sanaciones milagrosas, el juicio final y todo tipo de exorcismos, intervenciones místicas y divinas, estas Iglesias promueven la noción de que el éxito en los negocios es muestra del favor divino. En otras palabras, si no te va bien económicamente es signo de que eres malo o pecador, que tienes un demonio o un embrujo en tu vida, donde el favor divino sólo llegará si estás dispuesto a dar hasta que duela, a ofrecer todo lo que tengas a los representantes de Dios. Pero la donación no es la única muestra de fe y voluntad: las iglesias también venden productos milagrosos como agua bendita del río Jordán, partes del manto sagrado, aceite bendito, jabones para limpiarse “los demonios”, etcétera.
El imperio de la IURD cuenta ya con cerca de cinco mil templos en todo el mundo, 23 estaciones de televisión, 40 emisoras de radio, banco, compañía de seguros, agencia de viajes, una inmobiliaria, una bancada notable de diputados en el Congreso brasileño, un partido político en Portugal y, claro, la casa de cambio Diskline, en una muestra que parece más astucia comercial que don divino.
Lo que sí es un milagro es que Macedo, con un expediente criminal que data desde su primer encarcelamiento por fraude y charlatanería en 1992, siga libre y operando sin mayores trabas. Más misterio aún si le sumamos una investigación por lavado de dinero y vínculos con el narcotráfico desde 1996; quizá habría que sugerirle considere la estrategia de L.R. Hubbard, fundador de la Cienciología, quien, para permanecer prófugo de la justicia, se retiró a vivir a un barco en aguas internacionales.
VIERNES DE LIBERACIÓN
En la entrada al Santuario de la fe, en la avenida Yucatán de la colonia Roma de la Ciudad de México, lo que salta primero a la vista es el cartel enmarcado con el registro de la IURD como asociación religiosa otorgado por la Secretaría de Gobernación. No puedo dejar de preguntarme bajo qué criterios se otorgó en 2001 el permiso SGAR/2499 a una organización con un ya para entonces largo expediente criminal internacional; supongo que será similar al aplicado en Puebla para incluir en el currículo educativo del estado preceptos de la Cienciología.
Ya entre las butacas de lo que fue el Teatro Silvia Pinal, veo a la gente congregarse ante un escenario típico de telepredicador: parece la sala de un set de televisión. Sobre el escenario un chico toca música solemne en un teclado y arriba, en enormes letras doradas, dice “Jesuscristo es el Señor”. Sin más aparece sobre el escenario un hombre y dice: “A toas persons que tienen un problema en sua vida, venga para acá, pase al frente con suas manos extendidas al cielo, a la casa de Deus”, dice el pastor con marcada pronunciación carioca. Eso da inicio a una dinámica que se repetirá durante todo el servicio: la de “Simón dice”. Las canciones recitadas profusamente infantilizan a los asistentes con frases como “yo estoy perdido, tú eres mi pastor”; el entrenamiento de obediencia inicia con “pon las manos en el corazón, ahora pon las manos hacia el cielo, ahora siéntate, ahora levántate”. Deduzco que luego de suficiente tiempo y repeticiones del ritual se puede lograr que los feligreses obedezcan en muchas otras cosas.
El famoso diezmo se pide unas cuatro veces durante el servicio, de modos distintos y por motivos varios: en una de las ocasiones se pide que los asistentes pasen al frente a donar dinero, pero siempre en un orden dependiente de la cantidad de la cual se van a desprender. Con frecuencia se habla de brujería y de males, cosa que no deja de parecer una suerte de chantaje. Los trucos de vendedor incluyen el uso reiterado y estratégico de la palabra “Amén” durante el servicio; al principio se usa para hacer afirmaciones sobre la bondad de Dios o el poder de la palabra. Sin embargo, hacia el final del servicio, se exhorta a decir “Amén” para comprometerse a venir nuevamente al Santuario y traer consigo a algún familiar.
Otro recurso usado es el llamado “anclaje”: cada vez que se tiene una experiencia de catarsis o tras una plegaria se regalan pulseras, oraciones o una rosa, para anclar así la experiencia en un objeto y asegurar que el asistente tenga un recuerdo constante. El momento cúspide de un “Viernes de Liberación” es la histeria colectiva. Las personas, visiblemente desesperadas y dolientes, con las manos sobre la cabeza, son instruidas a “hablar con Deus de seus problemas y pida a ese problema que se vaya de sua vida”; por unos minutos hay dos mil personas que vociferan y gritan al mismo tiempo. Dos mil personas que dejan alguna forma de diezmo, en efectivo, cuatro veces por servicio, en alguno de los cuatro horarios que “Pare de Sufrir” ofrece a diario. Lo increíble es que por estos “servicios” la IURD cuenta con una exención de impuestos.
PARAÍSOS (FISCALES)

Como lo he mencionado antes, es crucial diferenciar los cargos por los cuales se ha denunciado a Macedo, ya que la indignación sobre las cantidades que logra extraer de sus feligreses no debe distraer la mirada legal de las sumas derivadas de “donaciones anónimas” susceptibles de ser lavadas. Al observar una organización con sedes en todo el mundo y una gran red de empresas y fachadas asociadas, que además cuenta con las exenciones particulares de una asociación religiosa, no puede dejarse de lado la investigación rigurosa al margen de las nebulosidades místico-mágicas. Ya habiéndose ubicado transacciones de grandes sumas por parte de la IURD destinadas a los llamados paraísos fiscales, resulta irresponsable por parte de las autoridades no indagar a fondo la totalidad de sus transacciones.
Marcelo Decoud, director para América Latina y el Caribe de la International Compliance Association, advierte: “Yo llamo a esto ‘el lavado perfecto’; las iglesias pueden ser utilizadas o pueden constituirse para ser utilizadas por los cárteles para ejecutar un lavado que no deje rastros, por un lado, y que a la vez permita un alto flujo de lo que es dinero en efectivo”. No obstante, en México, donde la IURD tiene ya más de 100 templos, la Ley Federal antilavado sigue estancada en la Cámara de Diputados porque los intereses de por medio son de un amplio alcance.
TEOLOGÍA DE LA LEGISLACIÓN
Por más ridícula que sea la estética y la teatralidad tele-evangelista de organizaciones como “Pare de Sufrir”, no se puede negar su proliferación y sus operaciones. No por ridículos son inofensivos. De entrada, al ofrecer falsas esperanzas, estimulando la superstición, impiden que las personas desesperadas procuren ayuda profesional. Esto es delicado especialmente en casos de patologías mentales como la esquizofrenia o en casos de abuso sexual. Debe reevaluarse en su totalidad la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público considerando con mayor rigor el artículo 8 (II) que delinea entre los deberes de éstas “abstenerse de perseguir fines de lucro o preponderantemente económicos”, así como el artículo 29 (IV), donde se establecen los motivos de sanciones y las procedencia de las mismas requiere una especificación sobre la salud mental y no sólo la integridad física de los participantes. Además, habría que exigir se revaloraren los estándares bajo los cuales la Dirección General de Asociaciones Religiosas otorga el estatus de Asociación Religiosa y, finalmente, concuerdo con el procurador Martins Oliveira en que debe revocarse la exención de impuestos a organizaciones como “Pare de Sufrir”, procurando con ello un mayor rigor en las investigaciones sobre el uso que hacen de sus recursos y los servicios y productos que ofrecen. Pero mientras estas plegarias se conceden, el espectáculo debe continuar…






jueves, 22 de septiembre de 2011

Profanar los śimbolos


Una reflexión para el décimo aniversario del 11-S, publicado el pasado domingo 11 en el Milenio Semanal.
Con frecuencia los símbolos se consideran más valiosos que la vida. A menudo se vive con base en ellos, y en ocasiones se llega al convencimiento de que vale la pena morir o matar por ellos: sería imposible explicarse la Inquisición o el nazismo sin toda su parafernalia. Si no, ¿cómo es que una persona termina por creer que al secuestrar un avión comercial para estrellarlo contra un edificio merecerá recompensas por parte de su deidad? Una parte de ese efecto de incredulidad suscitado al ver el derrumbe de las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001 (11-S) deviene de la caída de un símbolo que sustentaba el triunfalismo histórico de una nación; lo que ahora se conoce como Zona Cero es el remanente de lo que fueron dos columnas de entrada a un imperio, representativas de una versión del progreso y su expansión.

Ahora que ha transcurrido una década tras aquellos ataques, los teóricos de la conspiración aún no muestran pruebas contundentes para enjuiciar a los responsables ocultos de esta devastación. Lo que es evidente es que el discurso religioso fue axiomático en el desarrollo de esta catástrofe. Si bien no se requiere de una afiliación religiosa para cometer actos de violencia (pensemos en Mao, por ejemplo), la religión jugó un papel central en estos sucesos en particular. Y no sólo la de los terroristas.


Cabe hablar de los efectos del 11-S sobre la religión en Estados Unidos (EU) y en el mundo entero. Los hechos y su implacable impacto confrontaron a una nación —y al mundo— con su propia vulnerabilidad, y con las secuelas del fanatismo. Aquel discurso multicultural de la tolerancia ha sido, desde entonces, sujeto a continua revisión de cara a la seguridad nacional y las relaciones internacionales. El 11-S situó al Islam como tema de discusión y debate global, y el diálogo interreligioso se volvió una prioridad; las facciones más abiertas de cada religión comenzaron a llevar servicios comunes, y la Casa Blanca, desde la entrada de Barack Obama a la Presidencia estadunidense, inició un programa universitario de estudios interreligiosos en el que participan ya alrededor de 250 universidades.
Como reacción salieron a mayor luz dos posturas radicales en los EU, encarnadas por los pastores tele-evangelistas Jerry Falwell y Rob Patterson, por un lado, con su retórica Cristoamericana, conservadora y nacionalista: Falwell salió al aire en el programa de Patterson apenas dos días después del atentado, y culpó a la Norteamérica Liberal por la ira de Dios manifiesta en los ataques. Por otro lado, Sam Harris y Richard Dawkins, autores de The End of Faith y The God Delusion, respectivamente, comenzaron una campaña masiva por una revisión de la religión como tal. Ambos libros pronto se volvieron bestsellers, y generaron un impulso revitalizado para el ateísmo en EU y el mundo, el que se conformó como lo que se conoce ahora como el Nuevo Ateísmo.

                                 
La tensión que han generado estos dos discursos ha provocado un debate serio en torno a la religión y sus efectos en lo social, traduciéndose al discurso público como una postura atea radical, intolerante incluso, que ha sido crucial para plantear la urgencia de reevaluar el sitio de la religión en el mundo, pero también para reubicar el espectro de posturas moderadas.
Porque cada cultura tiene símbolos que es delito profanar, ya sea con un libro como Los versos satánicos (1988), que le ganaron una fatwa en su contra a Salman Rushdie, o las caricaturas de Mahoma en el Jyllands-Posten de Dinamarca (2005), que causaron más de 200 muertes por la indignación de grupos musulmanes. Cabe señalar dos casos recientes que además ejemplifican las dos posturas antes mencionadas: 1) Terry Jones, un pastor del Dove World Outreach Center en Gainsville, Florida, amenazó el año pasado con incinerar 200 ejemplares del Corán justo en la Zona Cero durante el noveno aniversario del 11-S. Fue tal la indignación pública, con protestas internacionales y peticiones por parte del gobierno de EU, que el pastor terminó por retractarse, pero sólo para regresar, en marzo de 2011, para enjuiciar una copia del Corán en su iglesia local, donde, tras haber declarado culpable al libro de “crímenes contra la humanidad”, quemó una copia. Entonces la organización Jama’at-ud-Da’wah, en Pakistán, emitió un fatwa de 2.2 millones de dólares para quien asesine al pastor Terry Jones, mientras que el Hezbollah anunció un botín de 2.4 millones por su cabeza.
2) Por el bando ateo, el abogado australiano Alex Stewart también decidió hacer tributo a las víctimas del 11-S incinerando símbolos religiosos. Este caso muestra motivos distintos y un método peculiar: preparó dos churros de lo que parece ser marihuana, uno con una hoja de la Biblia y otro con una hoja del Corán, y se los fumó en un video que subió a YouTube. El video, donde sale Stewart declarando que la Biblia quema más suave que el Corán, fue prontamente censurado y retirado de circulación. Stewart, quien vestía una playera con la frase de Buñuel “Gracias a Dios soy ateo”, declaró: “Es sólo un maldito libro ¿a quién le importa?... son tus creencias las que importan”.
Este 11-S, para la ceremonia oficial en conmemoración de las dos mil 977 víctimas que murieron a causa de los cuatro aviones secuestrados por miembros de Al Qaeda, no habrá, dentro de los oradores oficiales, ninguna figura religiosa. Ahora que se conmemorará por primera vez ya con Osama (y no Obama, como los fallos de Fox News suponen) Ben Laden muerto tras más de 10 años de persecución por parte de las agencias de espionaje y el Ejército estadunidenses, sólo participarán los familiares de las víctimas y figuras políticas de los EU, como el presidente Obama, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, y el alcalde Michael Bloomberg. Eveline Erskine, la vocera oficial de Bloomberg, lo explica así: “En vez de tener discordia sobre qué líderes religiosos deben participar y cuáles no, quisiéramos enfocar esta ceremonia en los familiares de aquellos que perecieron. Los seis momentos de silencio solemne incluidos en la ceremonia permiten a cada individuo un momento para la introspección personal y religiosa”.
Bien dicho: lo que se requiere es silencio. Precisamente ese silencio donde la reflexión es posible y donde los símbolos no imperen sobre la experiencia humana. Un silencio sin el imperativo por evangelizar, convencer o suicidar a nadie. Será un silencio penoso, pero certero.