lunes, 11 de mayo de 2009

forever never

Este texto recién salió en Picnic... las imágenes de este número están de lujo...


Lo difícil de las generalidades simplistavagoexperienciales
Dharmicocristianas quesqueespirituales
Es que como explicaciones todo lo que tienen son analogías

Luís H. Valadez, Eye likes it when ya die/Lord, hear our prayer

Imaginemos por un momento que te dedicas a la actuación (no por dudar de tu tan auténtica autenticidad—ni tantito). Ahora, tan sólo por seguir con este ejercicio, supongamos que desde mediados del año pasado, tu agente, en un frenesí de metanfetaminas y ginebra, cerró un trato tremendo. Este contrato te habrá de convertir en el próximo protagonista de la más históricamente desproporcionada y espectacularmente costosa producción de la vida de Jesus Christ (si eres chava no importa, te maquillan denso, barba postiza, efectos digitales, túnicas holgadas, etc.).

Todo marcha de ensueño durante tu primer año: leyendo el guión en un convento guadalupano, recortándote la barba para viajar a tierra santa, fumando mucho, dejando de fumar, dando entrevistas con lentes oscuros para Oprah, recibiendo bendiciones papales ante una multitud, tomando clases de arameo y de cómo ser crucificado—ya sabes. De pronto, tras un chequeo médico rutinario, se te informa que habrás de morir en exactamente una semana (evitaré los grotescos detalles de cómo y porqué; para no exhibirte—no es TV-Notas).

Aparte de todas las cosas que nunca hiciste y que ahora juras siempre quisiste hacer, te encuentras con el siguiente dilema: el director-guionista (además de ser pedante), ha decidido que a manera de homenaje, quiere que seas tú quien escoja tu reemplazo para este monumental papel. Sólo que hay un pequeño problema: la casa productora detrás del casting y demás, tiene un contrato eterno y definitivo para este guión, por lo cual te presentan únicamente tres opciones: Keanu Reeves, Diego Luna, o Gael García-Bernal.

Al oír la noticia, Keanu, tras hojear con fatiga e indiferencia el guión, declara públicamente que ya está completamente hastalamadre de salir en posiciones fetales y salvar al mundo. A la mañana siguiente amanece muerto en la tina de un hotel en Utah (¿o fue en Tijuana?)—sí, adivinaste, en posición fetal. Ni modos: ¿cuál de los charolastras consideras que mejor pueda imitar “la mirada mesiánica”?

A LO QUE VOY ES, que mucho de lo que consideramos “espiritual” suele no ser más que la perversa emulación de ciertos gestos. Una suerte de semiótica de lo trascendente. Decimos las frases en coordinación con las muecas correspondientes, compramos el collar, aprendemos a pronunciar palabras como “karma” o “dominus”, viajamos a la India (o a Tepoztlan), nos persignamos mirando al cielo con cara de misericordia, miramos invasivamente a los ojos a los demás… Es como si creyésemos que por vestirnos con terciopelo púrpura y hacer cosas peculiares con nuestro pelo facial, automáticamente vamos a tocar la guitarra como Prince.

Hay quienes conciben lo espiritual como referente a un plano inmaterial, ideal, y masturban sus platónicas cabezas con abstractas teorías sobre la reencarnación. Suelen mantener concepciones chiclosas sobre cómo la vida está llena de lecciones que si uno reprueba habrá de repetir infinitamente—como una perpetua pedagogía arquetípica. Estos son los Forevereados. Mientras que en el supuesto otro extremo, están los que no creen en “esas jaladas” y se dedican, con ejemplar devoción, a la acumulación de bienes, actitudes desencantadas y vivencias triviales. Los coleccionistas, pequeñodéspotas ensalzando sus narcisos con más (o menos) de lo que sea. Estos son los Nihilistas. Siempre y nunca, todo y nada. Y claro, toda una gama de combinaciones y cocteles intermedios. Nos tenemos que desprogramar, o programar, o reprogramar; que cortarnos el pelo, o dejárnoslo largo; que vestir de blanco, o dejar de hacerlo; regalar nuestros ahorros, o hacer mucho dinero; dejar de ser pretenciosos, o aceptar que lo somos. Lo que sea menos vivir directamente, en primera persona, desde nuestra corporalidad.

Pasa que nuestra concepción de lo espiritual suele estar al servicio de los más insidiosos de nuestros hábitos y miedos egocéntricos. Frecuentamos calumniosos y supuestamente sutiles concursos, para ver quién es más tolerante, sereno, desprendido, comprensivo, pleno, intenso, entusiasta, abundante, valemadres, sensato, temerario, solemne, etc. Sin importar si los valores que concursan son de índole “pacheco-buenavibra” o “satánico-gandallas” o “escéptico-cool” o “posmo-ingeniosos”, no deja de ser un concurso. No cesamos de percibirnos y tratarnos como objetos en una batalla con otros objetos. Amueblando y decorando nuestros egos, acabamos con frases como: “yo soy más chingón que tú porque tengo menos ego que tú” (que aunque no las digamos, las creemos).

Con ahínco ideamos nuestra experiencia como escindida: un sujeto y un objeto. Una división arbitraria fundada en la utilidad. Un mundo de objetos a los cuales atribuimos cualidades mágicas como la independencia, la esencia y la permanencia. Un mundo a disposición de un sujeto al cual proyectamos con características místicas, como la inherencia, la objetividad y la certeza. Acabamos alienados e intentando manipular nuestro entorno, y los mundos detrás del mundo, en una voraz persecución de inmunidad.



Cada que algo rebasa o se escapa de esta misión imposible, con tremenda velocidad, agilidad y una insistencia admirable, lo reinscribimos dentro de nuestro modelo habitual. Somos como una especie de MacGyver holográfico, volteando toda situación a ventaja de nuestra preciada fantasía de seguridad ontológica. Que nada nos toque, que nada nos cambie, que nada nos mueva…Pero claro, que los demás nos reconozcan por lo profundas que han sido nuestras vivencias, por lo especiales que somos. Ya sea que vayamos a las islas de Fiji a tener orgías en pañales o andemos de rodillas a la Villa, ya sea que nos rapemos la cabeza y no comamos más que hígado por 40 días o hagamos miles de postraciones en el Tibet antes (o después) de ir a Ibiza, o que cotorreemos con Tom Cruise y John Travolta en una convención Dianética, en general no hacemos más que procurar aprobación y ventaja. Huir de la humillación, correr hacia los aplausos (¿qué, nadie vio American Idol?).

Es peculiar que a pesar de lo inmersos que estamos—y quizás gracias a ello—, solemos obviar que la cosmovisión más en boga hoy día es el capitalismo. Si bien, cuando decimos Cristianismo o Maradonismo, nos referimos a la ciega afinidad y ferviente devoción para con Cristo o Maradona. Sin embargo, pasamos por alto que ahora somos fieles piadosos del capital. Admiramos las experiencias y sofisticaciones que el capital provee, el carisma y la superioridad que supone infundir como misterio en los sujetos que más poseen, el quesque sentido común y soluciones rápidas que ofrece. El Zen capitalista light: que nada te afecte, vive en el momento (¿cuál momento y cuánto cuesta?). ¿Qué mejor ejemplo de ello que el avasallador y siniestro auge que exhiben personajes como el Dr. Jesús Miranda (Cristo Hombre), o Madonna con sus matemáticas intergalácticas y baños de lluvia? ¿Y qué síntoma más nauseabundo que el trepidante éxito de la neurosis obsesiva por medio de El Secreto? ¿O qué tal que los grandes empresarios (del narco) se vuelven santos?



Y cómo no iba a suceder esto, si nuestra concepción de Espiritual es más difusa y tambaleante que la vida de José José. El diccionario ofrece lo siguiente: Referente al espíritu, ¿Qué diablos es eso del “espíritu”? (¿No se les dice así a los vinos?) Para cerrar me gustaría proponer lo siguiente: la espiritualidad se refiere a las prácticas de la subjetividad; técnicas que revelan su naturaleza, sus características, su plasticidad; métodos que alumbran el asombro mismo que nos constituye. La espiritualidad alude, así mismo, a las instancias—a menudo accidentales—en las cuales la delirante división sujeto/objeto es interferida y deconstruida por una inmanencia viral. Por ejemplo, una práctica que me parece atinada para describir la espiritualidad, vendría a ser la meditatio mortem. Es decir, una contemplación sobre la propia muerte, que nos restituye a una apreciación fulgurante del mundo.

En fin, creo que ninguna religión es tan deplorable como la psiquiatría, las nuerosciencias o la sociobiología—por la rampante homologización que propagan gracias a su supuesta “verdad empírica”. Pienso que no son mucho más que defensas místicas del neoliberalismo. Y no son tan distintas a las premisas del Opus Dei o aquellas de los Raelianos. No sé, pero lo que sí puedo asegurar es que aún prefiero releer La Panza es Primero de Rius que aventarme un “viaje de poder” en Teotihuacán (o en cualquier otro lado, pa’l caso) con Don Miguel Ruíz, y que cada que veo a algún chavito (o no tan chavito) Krishna, con su melenita esa, ya sea en un aeropuerto o en el Parque México, mi primera reacción es querer darles un sape. Y mi segunda reacción…también.

domingo, 26 de abril de 2009

noches quizás

pasé el día en casa y entre siestas me topé con este poema en un archivo...


Eres poema
que se duerme
Pero sueña

Eres satélite
que me habla
De dulzura
inequívoca y entrañable

Una ciudad
de hologramas
Que derrama luces
en un vaso infinito

Eres mente
que se torna piel
torna sol
torna mesa
que mezcla
misterios con sentidos

Frágil bestia
Cantando a latidos

Eres un beso
que interrumpe la locura
Un pecho abierto
que se rinde al silencio

Eres luna reflejada
espuma de mar

Eres danza que invita
A preguntar

una extraña fruta
que envenena la certidumbre
Una sonrisa a destiempo
Un viento de maíz

Eres aquello que nos llama
aquello que nos mata

Un hambre traviesa
Una sed sin nombre
La manecilla que se tuerce
La fantasía olvidadiza
(-quebradiza, mantequilla, sutura, mercurio, fractura, saliva, arcoiris, orquidea, licuadora)

Eres la guerra de sombras
la venta del trueno

Eres diluvio de risas
Un camino invisible

Eres nunca
Eres quizás
Eres no sé
fugaz rapto
Eres talvez

Y me regalaste un pasaje

viernes, 27 de marzo de 2009

Viajeros de Buró

Este texto fue incluido en el número pasado de Picnic, "Aventureros"...

…para una entidad simulada, la simulación es realidad, y debe vivirse de acuerdo a sus reglas internas.

-Hans Moravec, The Senses Have No Future


A pesar de los años, aún creo que nada significativo ha sucedido en el mundo del airguitar desde que C-Diddy ganó el torneo mundial en 2003. No que falten muestras de ánimo, destreza y vestuario, pero nadie ha logrado la ilusión que este tipo con una pechera de Hello Kitty generó en su momento. Sonyk-Rok, su discípula, y Rockness Monster (ambos, al igual que C-Diddy, curiosamente de descendencia asiática—¿será parte de un complo’?), despliegan fulgurante creatividad y una detallada habilidad teatral, pero el maestro no ha sido rebasado. EN FIN, lo que aquí me concierne es la gran cantidad de tiempo, entrega y constancia que estos personajes del mundo de la guitarra de aire dedican a ello. Seguro que si invirtieran tal energía y tiempo en tocar una guitarra de esas con cuerdas y todo, serían ya unos virtuosos, tocando el Concierto de Aranjuez sin traba alguna. Pero no, nada de eso, ellos han preferido consagrar su tiempo a otra cosa: al fino arte de hacer como si.

Indudablemente, uno de los peculiares sellos de estos tiempos es el como si: Café descafeinado, cerveza sin alcohol, chocolate sin carbohidratos, sexo virtual, ropa de diseñador que parece usada, votos sin democracia, endulzante sin azúcar, glúteos firmes sin sentadillas, cigarrillos electrónicos de vapor…Un mundo light. Y es que queremos el tour completo pero sin pagar el cover. No estamos dispuestos a ponernos en juego, a tomar riesgos, a aceptar la tarifa que cobra sobre nuestra subjetividad todo aquello en que nos incluimos. Queremos interacción sin involucramiento—contacto sin contacto. Solamente queremos todo, pero sin consecuencias. Ah, sí, y que sea bien realisimo.

Y, ¿por qué no? Digo, no por defender nuestros repetidos intentos de inmunidad y omnipotencia narcisoide, el aislamiento crónico y la fatiga empática. Pero tampoco oso tomar partido con alguna esponjosa nostalgia por un apócrifo recuerdo de la autenticidad (porque además seguro es una de esas nociones de autenticidad abstraída de las categóricas sensaciones que produce algún anuncio de cigarros sin filtro). O como lo leí en un grafiti: el nihilismo es nada de qué preocuparse. En otras palabras, nuestros intentos de inmunidad no son más que eso, intentos. El aspartame también tiene efectos secundarios.

Hoy en día se puede rockear a través de otros virtuales, disfrutando de supuestos aplausos, euforias y una progresión lineal hacia una finalidad clara: la fama vis a vis ganar el juego. Todo sin tener que ensayar, lidiar con las encantadoras personalidades y hábitos de intoxicación y egos de toda una serie de desadaptados; es más, no se tiene que cargar amplificadores y platillos, pedir prestada la camioneta de tu tía (y talonear una lana para la gas), vender boletos para luego ser chamaqueado por los semi-gangsteriles dueños de algún antrillo; ni es necesario batallar con tipos canosos en playeras del concierto de Heroes del Silencio, que con aliento a cubalibre y dos cajetillas al día, sin soltar de la mano a sus novias angustiadas te piden (¿exigen?) una y otra vez, gritando en tu oído, no sólo que toques una de Metallica, sino que además los dejes subir a cantarla contigo, y luego se resienten y te miran con despecho y hablan mal de tu banda porque no los dejaste hacer como si son el James Hetfield de Azcapotzalco, para quesque impresionar a sus encantadoras novias. Quizás sólo me encuentro un poco amargado ya que tras años de tocar la guitarra, por más que lo he intentado no logro pasar del primer nivel de Rock Band.

Otro fenómeno paralelo que me llega a incitar a giros reflexivos, (bueno, de menos cuando me encuentro en tráfico), son las estampas de Grand Theft Auto que veo pegadas a las cajuelas de autos, (generalmente camionetas SUV del año). No acabo de entender de qué se trata. ¿Acaso quiere decir que el dueño de la preciosa camioneta apoya al crimen y la impunidad? (¿Cómo compró esa camioneta?) ¿Si lo bajamos de su troca a punta de cachazos lo va a agradecer? ¿O sencillamente significa que el sujeto que vemos en la camioneta quiere que sepamos que no es quien parece ser (citando a Enrique Iglesia: “tú no sabes quién soy yo”), ya que en el fondo es un tipo rudo que preferiría estar en casa, sumergido en el sillón, ingiriendo una dosis de chicharrones y cacahuates, mientras juega a incinerar pandillas y patrullas con un lanzallamas, para luego chocar autos ajenos y cachetear prostitutas en la vía pública?

Puede que todavía valga la pena ponderar los efectos de la violencia y el sexismo en los videojuegos sobre nuestras frágiles mentes. Puede incluso que sostenga algún mérito hacer puntuales señalamientos sobre la reclusión, la enajenación y la falta de deporte; o al contrario, argüir a favor de la coordinación ojo-mano y los reflejos y las redes neuronales estimuladas por el ejercicio de resolver problemas…etc. Pero, aparte de que ya existen muchos y en ocasiones brillantes discursos al respecto, creo que hay otros ámbitos teóricos ahora más relevantes de contemplar, como el futuro de la simulación.

Nuestro amigo de la camioneta con la estampita de GTA nos dice algo importante: ¿cuáles son los límites de nuestra identidad? ¿De poder ser cualquier cosa, qué seríamos? Los videojuegos nos permiten, también, asumir roles y posturas que fuera de su código particular nos son inaccesibles. Uno de los atractivos cruciales de la aventura virtual es en quién nos podemos convertir. Y no es meramente materia de quién jugamos a ser en la pantalla, sino que quizás nos confronta con la plasticidad misma de nuestra subjetividad, en cuanto que es como tal gracias al mundo que le rodea y el lugar que le es permitido ocupar dentro de éste. Devela sentimientos encontrados, fantasías no exploradas y una complejidad imprevista en cuanto a la construcción de nuestra identidad. ¿Qué mejor ejemplo de que la virtualidad problematiza de fondo a la realidad—en tanto que expone la naturaleza replicable de ésta—, que un caso reciente en Inglaterra en que una mujer se divorció de su marido porque lo encontró teniendo sexo virtual con otro avatar en Second Life?

La más reciente versión de Grand Theft Auto, GTA IV Liberty City, vendió tan sólo en los estates, en transcurso de sus primeros cinco días a la venta, alrededor de 3 millones de copias. Creo que podemos decir que es una de las grandes narrativas de nuestros días. Cabe tomarle en cuenta, y reitero, menos desde la condena o defensa moral de sus contenidos y más por la narrativa que presenta. Amén de su lógica de capitalismo tardío: el personaje protagónico se observa, generalmente, en tercera persona, así como nosotros hemos internalizado la mirada ajena y tendemos a percibirnos y conducirnos como objetos disociados de nuestra experiencia directa; en el monitor tiene siempre presente su estado de cuenta; y no comienza con una narrativa clara o una teleología certera, pero sí con un protocolo hiper-definido y una contabilización detallada de sus supuestas transgresiones; así, los demás están siempre en función del cumplimiento de las tramas que se inventa para dar sentido a su existencia en una perpetua persecución de poder, prestigio, sexo y propiedad privada.

Es justo este tipo de caricaturización de nuestros esquemas de vida y modelos de sentido que atribuimos a nuestras experiencias diarias lo que me parece más interesante de juegos como GTA IV. Ya que por medio de estas caricaturizaciones se exponen también algunas de las certezas en las que creemos al grado de obviarlas. El futuro no tan lejano nos confronta ya con la posibilidad de la inmersión total en realidades virtuales. Simulaciones de creciente fidelidad en cuanto a las texturas que aún identificamos como realidad; simulaciones cuyas cualidades puede que rebasen muchas de las características de “esta realidad” (colores, pixeles, definición de sensaciones, edición y efectos en tiempo real). Todo un universo de experiencias posibles comienza a desdoblarse frente a nosotros. ¿A qué variedad de concepciones de tiempo y espacio tendremos acceso? ¿Qué tipo de corporalidades no serán posibles? Más aún, ¿qué suerte de vivencias habremos de crear y habitar? ¿A qué gama de identidades e interacciones nos abrirá las puertas? Y sobre todo, siendo que este ámbito de la simulación nos presenta con la oportunidad de experimentar ampliamente con las metáforas constitutivas de nuestra expresión y experiencia vital, ¿qué variaciones nos hará posibles en la totalidad de nuestra realidad, en tanto es ésta indivisible de la mente que la recibe/emite?


GAMEOVER


martes, 3 de marzo de 2009

puta madre

después de un tiempo, y con cierta resistencia, me tomo la libertad de publicar el siguiente poema...



Al filo de la miel
se derriten constelaciones
y la ternura
es brutal.

hemos desafiado a las lámparas,
con tus pupilas mantequilla,
y la mar de fluorescencias
vacilando tus pestañas.

la quietud es un himno
pero hace tanto que no dejo de cantar.
mientras te preguntas cosas serias
que nada tienen que ver con el tiempo:

avionazo decapitados Pemex
narcomenudeo secuestrados Telmex
walmart super k nicotina

defiendo el espacio,
cediendo el territorio,
y llueven flores de colores oscilantes,
y soñamos con rebeliones y semáforos rotos.

un beso quizás,
uno lejos del capital;
una caricia quizás,
una desprovista del pánico:

eta zetas afi
panchitos poetas malditos doritos
banco mundial fmi tlc

considero
que podría escribir
un tremendo poema
de amor.
solo tomo café,
busco culpables
me fatiga la indignación, y
abrazo la angustia:

'colgó los tenis' 'cenan plomo' 'su último danzón'
crisis deuda inversión
duvalin coca cola ricolino inflación

yo soy menos,
tu más-turbas los rayos del sol;
yo soy más,
tu menos-precias lo inmediato:

pri pan prd
jumex aeromex dvd
privatización inmigración importación

yo soy menos,
tu más-ticas mi sopa de letras;
yo soy más,
tu menos mal que no regresas:

mexicana mariguana springbreak
pgr pfp ddt
alpura silicona maizena

pero ya
da lo mismo,
y ni un segundo extra les ofrezco
ahora que tengo mil brazos
y sé bailar salsa.

ya
olvida mi nombre
ya
cancela mi servicio
ya
cierra la cortina
ya
borra mi historial:

televisa tv azteca mtv
madonna belanova ketamina
china cocaína china

doce meses sin intereses

-(credencial para votar)
ven, disfruta nuestras rebajas
-(credencial para votar)
doce
meses
sin
intereses
-(credencial para votar).

Porque:
Al filo de la miel
se derriten constelaciones
y la ternura
es brutal.
que no me canso de tararear
odas a la dulzura, a ritmo de quebradita huasteca ciber-punk,
y de intercambiar mensajes cochinos con la diosa a través
de mi celular.

que no he cesado de
asombrarme
y perder

y perder

y perder

y perder

el aliento.

jueves, 29 de enero de 2009

Ella es tuya: la venganza de las fembots

Este texto apareció en el número anterior de Picnic, "Irresistibles"; debo añadir que lo publicaron todo en rosa flourescente, lo cual quedó increible...


aunque no baste
Quieren saber que ese cuerpo es suyo
y que aunque el aire lo toque
saber que es suyo

aunque no baste
saberlo
estar tan completamente seguros de que les pertenece
de que nada dentro de esa piel es ajeno a ellos

-Andrés Cisneros de la Cruz, Vitrina de los turbantes

Supongamos que vives (bueno, más bien, padeces) una intensa pero inexplicable atracción por Paulina Rubio. Todo esto muy a pesar tuyo y contrario a todas tus creencias personales, preferencias estéticas y el más lúdico de tus gustos. Y supongamos que esta atracción no es tan sólo una mera infatuación o un deslumbre mediático, sino que genuinamente y en cada poro de certeza de tu cuerpo, y en tu más profundo sentir, lo que te atañe es una irrefutable conexión eroticoespiritual. Así, cada que la miras o escuchas su voz, se produce en ti una incontenible plenitud y apertura hacia la vida; te causa una serie de revelaciones marcadas por excitación sexual, un enternecimiento inmanente, y una lucidez mística sin precedentes.

Ahora, supongamos también que tras un tiempo de esto, te enteraras personalmente de que en realidad la chica dorada es un robot. Ahora que sabes que Pau es un aparato diseñado en alguna bodega gubernamental, como parte de un programa de desarrollo industrial-militar en Alemania, entonces, ¿cambia lo que sientes por ella? Explica porqué.

Puede que ésta sea el tipo de pregunta que cada vez más personas se harán en torno a su elección de pareja. Ese mítico futuro lleno de androides, cyborgs y robots, que tan alucinante y lejano parecía cuando mirábamos a R2D2 en Star Wars o cuando azorados vimos Blade Runner por primera vez, ahora se nos presenta como una actualidad.

Al mirar el video promocional de Lisa, la mujer robótica, el futuro parece desdoblarse, abalanzándose sobre nuestra vida, dejando de ser futuro. Lisa, también conocida como La Mujer Perfecta es el más reciente producto de AI Robotics, una compañía dedicada, como su nombre lo esclarece, a diseñar y programar robots de inteligencia artificial. En su página (www.perfect-woman.com) vemos a Lisa moverse, saludarnos, parpadear, hablar e intentar seducirnos, tras lo cual prontamente se nos ofrece una hoja de pedido, donde podemos ya solicitar a una de estas androides en rubia, morena o pelirroja; en casual, formal o sexy.

Según explican los creadores de Lisa, ella cuenta con sensores de tacto, audio, y ópticos, por medio de los cuales puede reconocer y distinguir entre objetos, diferenciar personas, e incluso discernir el estado de ánimo de su propietario por medio del tono e inflexión de su voz. Ella no sólo se viste y enchufa a la pared para recargar su batería por cuenta propia, también cocina, va al super, juega videojuegos, hace chistes, aprende actividades, baila, te informa sobre el clima…Así mismo, con su IQ de 130, y acceso inalámbrico a la red integrado, ella puede informarse sobre temas nuevos y ponerse al corriente en otros tantos, acoplándose a tus intereses (o los de las visitas). Mientras te ofrece una bebida y un relajante masaje después del trabajo, podrán charlar sobre política, música, deportes, viajes, cine, etc.

Ah, y por si no era ya aparente, Lisa está programada en base a estudios con sexólogos expertos, para complacer a su dueño, y como dicen los programadores: nunca le duele la cabeza. Después del tipo de striptease que el propietario elija—o saltándose este preámbulo—podrán, experimentar mecánicos movimientos y jadeos, vaciando su orgasmo en algún contenedor receptáculo de Lisa, sin ansiedad alguna alrededor de si está fingiendo o no.

Ya algunos se estarán preguntando “¿Cuánto cuesta? ¿Me puedes repetir la dirección de la página web?”. Pero antes de adorar a Lisa y el tremendo servicio que puede brindar a tantas almas desamparadas, o de moralizarla como un artefacto diabólico que habrá de romper hartos corazones; antes de entablar en justificarla por los méritos educativos y terapéuticos que pueda tener—en especial en áreas antes relegadas a la prostitución…y en tiempos del SIDA—o de condenar al machismo por este tipo de objetivización de la mujer, ya que también hay versión para damas (aunque cabe recalcar que saldrá al mercado posteriormente); consideremos el lugar que busca ocupar. Lisa no es un Frankenstein de generación espontanea, sino un síntoma de la cultura del narcisismo; cultura que habitamos y nos habita, en/por la cual se osa desaparecer al otro por completo.

Antaño aquellas épocas de las muñecas inflables y su máxima expresión en las afamadas real dolls—muñecas de silicón, réplicas con impresionante semblanza de estrellas del mundo del entretenimiento (Pamela Anderson, Carmen Elektra, etc.). Ahora se pretende que el producto responda, que cubra la ausencia del otro—el solipsismo onanista—con un guión diseñado a la medida de la angustia del usuario. La ironía es que gracias a que la máquina pretende, el dueño también pretende. Y lo que pretende es no pretender.

Es esta lógica de la distancia, de un utópico sitio fuera del mundo: el café descafeinado, la azúcar sin azúcar, la cerveza sin alcohol, el sexo sin sexo: vivir la experiencia sin pagar el precio. Pero sin pagar el precio no se vive la experiencia—parte de la experiencia es el pago. Este precio lo paga la subjetividad, asumiendo y exponiendo esa radical vulnerabilidad que somos. Y es ahí, donde más se devela nuestra plasticidad, la maleabilidad de nuestra subjetividad, y la inevitable interpenetración que vivimos con el mundo, donde el empeño por la distancia y el control se acentúan.

La sexualidad humana es quizás donde más evidente sea la radical contingencia y permeabilidad que nos caracteriza. No por nada se ha osado una y otra vez hacer de este campo de la experiencia una ciencia—un saber—, o como lo plantea Foucault en su Historia de la Sexualidad, una scientia sexualis, en marcada diferencia a una ars erótica. Una y otra vez, en pos del saber, de la certeza, de poder controlar y predecir a eso otro que siempre ya por ello nos rebasa y sorprende, se busca ser a la vez juez y participe. Esta fantasía de disociación y poder, a pesar de su interés en no pagar, tiene un precio: la cancelación del otro: el delirio.

Normatividad total: “así se goza correctamente”, y el mandato obligatorio de “anda goza, goza, ¿qué te pasa?” Y para quien no goza como “dios manda”: un ansiolítico, un antidepresivo. Una terapia o una reivindicación. Así, la palabra relegada al dictamen y la verificación del diagnóstico y el remedio (producto farmacéutico). Ese otro con el que solíamos hablar y escuchar y empatizar y cachondear y amar: un artefacto. Uno desprovisto de contrariedades o de esa irreparable brecha que es la otredad, la diferencia.

Los progenitores de Lisa (Etienne Fresse y Yoichi Yamato) son nítidos (si no sórdidos) en su objetivo; no hay disimulo o encubrimiento, cito su página: “Lisa es un sustituto para una mujer real. Ella ha sido diseñada para todos los hombres que aun no encuentran a su alma gemela…” (http://www.perfect-woman.com/en/txt/compagnie.html). Por fin, ¿la mujer real o una idealizada no-relación: la media naranja, la solución a todo, un retorno al vientre materno? Comoquiera, aquí se anuncia el sitio que se busca ocupe Lisa: el de la mujer. ¿Y no es acaso la mujer quien nos presenta la otredad por excelencia, esa irreprochable y traumática diferencia que llamamos sexo?

Contemplemos brevemente cómo se vende a Lisa, qué demanda busca saciar. Es justamente en estas frases (es decir en sus antinomias) que se explicitan algunas de las más tajantes suposiciones que hay sobre la mujer. En su video promocional, aparece Lisa rubia en un vestido rojo, y con un trasfondo de música de lobby de hotel, se pasean cuatro frases clave por la pantalla: Ella es fiel, Ella es inteligente, Ella te entiende, Ella es tuya.

Ella es fiel: lo primero que pienso es en la más reciente versión cinemática de Stepford Wives (Frank Oz, 2004), con Nicole Kidman y Matthew Broderick. No hace falta ser un yogi con gran realización para entender que la conducta complaciente y fiel que tienen las damas para con sus resentidos maridos, no es más que un chip de computadora. Es decir que lo que les es fiel es un programa de su propio ahínco: no hay relación más que con un protocolo propio. La fidelidad implica una postura, una decisión subjetiva ética.

Ella es inteligente: ella es un código informático, y nada más. A Lisa no se le ocurre nada, sólo repite y sigue órdenes; supongo que a eso se refieren. Siguiendo por este argumento, Ella te entiende: Lisa procesa y computa información, pero no tiene una experiencia, archiva datos en su memoria mas no tiene una vivencia. Pasa que se nos da confundir un gesto por una experiencia, o para ponerlo de otra forma ¿por qué nos enternece Wall-E o el robo-dinosaurio Pleo? Porque sus gestos nos aluden a una emoción; pero para vivir una emoción hay que, de entrada, estar vivos. Lisa no comparte experiencia alguna con el usuario y por ello no es capaz de empatía. De nuevo: hace lo que digo cuando digo = me entiende. ¿Hmm?

Ella es tuya: ella es un producto, un bien, una mercancía. Mi horno de microondas no tiene sexo, sólo usos. Ella es tuya, pero no hay nadie ahí que te lo reconozca; se cae en esa trampa de la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, en la cual al amo no hay quien le reconozca, porque el reconocimiento de un esclavo no le vale. Cuando ella es ella, ella no es tuya; y cuando ella es tuya, ella no es ella.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Inmanencia Subversiva

Aquí va el texto de mi ponencia dada el 13 de noviembre como parte de las Jornadas de Historia, "Distopías de lo Real: Utopías de la contracultura", en la Universidad Iberoamericana.


Hay un capítulo de los Simpson en el cual Homero se determina a leer un libro de Bill Cosby sobre cómo educar a los hijos, para mejor lidiar con Bart. En dicha lectura encuentra una proposición que le parece paradójica y atractiva a la vez: Para lograr que un chico haga lo que quieres, dile que haga lo opuesto. Y le funciona. A lo que voy es—aparte de intentar amenizar el ambiente con una referencia cultural simpática y bien conocida—que la contracultura no es necesariamente contra de nada. Es decir que no se basa o se define en oposición—y/o por lo términos—de la cultura dominante a la cual presenta una alternativa o problematiza por añadidura. Creo inicialmente que este es un valor contracultural esencial: la diferencia. Sobra decirlo y es redundante, pero por algún motivo—la homologización rampante de esta época del sentido común y el brutal sintetismo jungiano de la tolerancia y el multiculturalismo por el cual se reduce y neutraliza—la diferencia es siempre radical. Es decir que marca algo que no es meramente el polo opuesto o complementario o contrario de un modelo, sino que introduce modelos distintos e inconmensurables. La contracultura no se define por la cultura dominante y sus términos.


Incluso un parte vital de las propuestas contraculturales, particularmente las que se encuentran en un estado de diáspora, es la gestación y establecimiento de lo que Hakim Bey designa como Zonas Autónomas Temporales; es decir, espacios en los cuales los valores de la cultura dominante cesen de operar, ofreciendo modalidades de interacción y vivencia de otra textura e índole. Así también las contraculturas no sólo se oponen a la cultura oficial o dominante, o el Zeitgeist, de cierto sitio o tiempo, sino que los desestabilizan y deconstruyen de paso. Es una suerte de hermenéutica de la subjetividad, subversiones de la mirada. Ya que si tomamos la palabra cultura por su designio clásico de hábitat; es decir, aquel sitio que habitamos y aquello que a su vez nos habita—espero tener tiempo para volver sobre este punto, ya que creo que hoy en día con las neurociencias tan en boga y bajo su delirio de poder y verdad, es esencial preguntarnos dónde empieza el mundo y dónde la mente, dónde quién percibe y lo percibido: es una raya tan borrosa y difusa como la que designa al narco y al gobierno.


Me parece también importante calcar una distinción entre contracultura y lo que hoy conocemos—y explotamos en los medios—como subculturas. Me gustaría aludir a esto en referencia al mercado del porno de imágenes en movimiento. Como en los años 70s que había el cine porno, con las mega-producciones y mega-narrativas como Garganta Profunda, Detrás de la Puerta Verde, El diablo en la señora Jones, EN FIN…la llamada Era Dorada del Porno. Propuestas ante las cuales se podrían presentar variaciones y propuestas alternas a sus narrativas del deseo y sus construcciones del sujeto deseante. Posteriormente, en los 80s, entran al mercado las videocaseteras Beta y con ello el mercado porno se divide en nichos, cada vez más específicos. Como analogía, mucho de lo que presenciamos hoy en día como subculturas no son necesariamente contraculturales, sino más bien nichos. Es decir que puede incluso que apoyen y reivindiquen los valores de la cultura dominante en vez de plantear alternativas o problematizaciones.


Con esto quiero hacer hincapié en un punto esencial en el estudio de la contracultura: distinguir la ética de la estética. Y esto no porque inicialmente estén separadas, sino porque una de las maneras más efectivas de cómo se desarma un movimiento contracultural es depurando su estética de la ética. El movimiento punk es un claro ejemplo de ello. Surgido a principios de los años 70s a la par del desencanto que trajo consigo la respuesta de la derecha global a las protestas de finales de los 60s, el Detente, el punk basó sus fundamentos ideológicos en la noción de comunidad y de escepticismo primordial y encarnado ante los criterios convencionales, incluso los ya instalados en la mente del individuo. Era de entrada un movimiento con una propuesta ética y política clara. Como muchas de las manifestaciones contraculturales, surgió de una comunidad para esa comunidad, y al ser asimilado y cooptado por el mercado, fue dirigido hacia un grupo demográfico desde un interés de capital, logrando mediar las relaciones entre los participantes por medio del consumo, generando un sentido de jerarquía antes ausente, pero ante todo, alienando a los sujetos, desarmando así el movimiento en su ámbito político. Depurado de su ética, hoy podemos incluso ir a Pabellón Polanco y a un lado de Radio Shack, comprar ropa "punk"; hoy en general tendemos a creer que el punk es mucho gel en el pelo pintado y aretes en las cejas y pulseras con picos de metal, y música apática. Cuando en su trama ideológica incluso la ropa tenía un sentido, la hacía uno mismo para no alienar a otros en su producción así como para desafiar la noción de belleza establecida. El sonido tenía un propósito, minimalista, para permitir la expresión de quienes no eran virtuosos musicales, y a volúmenes altos para descentrar al sujeto. Incluso había métodos para mantener alejados a los dorgadictos, para no darle escusa a la policía de irrumpir las tocadas y modos de presentar las tocadas, sin división entre público y banda para no hacer de la banda, ni de nadie una autoridad cultural. Fugazi es una banda ejemplar en estos sentidos: sus tocadas son siempre en lugares que no rebasen cierto tamaño para no permitir esa división, no se cobra más de cierta cantidad en la entrada para no excluir a nadie por falta de recursos, así mismo se hacen de tal manera que puedan entrar personas de todas edades.


O pensemos incluso en el movimiento Gótico, cuya propuesta en gran medida ha sido poner en escena algo obsceno: la tristeza. Darle sitio y movimiento dentro de lo público a la tristeza, a la melancolía. Creo que es una propuesta digna, en particular en una época que no porque tengamos I-Pods deja de ser feudal, y en la cual estamos, de una u otra forma normativizados por el protocolo más que el castigo, la disciplina y la vigilancia, de tener que gozar. Obligados a gozar en forma, en lo que bien podríamos designar, en acuerdo con Alexander R. Galloway, como una adhocracia. Me hace pensar en un espectacular de seguros monterrey que vi hace poco en Parque Lira, que decía: Ríe, nosotros nos encargamos del resto. O, "nosotros controlamos tu vida y hacemos lo que se nos antoje de ti, pero tu riete; no vayas a dar indicio de que no estás de acuerdo". Ahora no sólo hay que hacer lo que la autoridad con todo su aparato represor dictamina, sino que nos debe agradar. El jefe, como bien lo plantea Zizek, ya no ejerce su autoridad como lo que es, terror, sino que es más insidioso, ahora llega y nos cuenta un chiste obsceno, despliega un nuevo albur y nos dice "güey"; no sólo hay que hacer lo que dice, sino que hay que amarle. El movimiento gótico me recuerda un poco a Bartleby en este sentido, es decir, que el trabajo es trabajo y el hambre es hambre.


Pero no idealizemos al movimiento gótico tan pronto, ya que en general me encuentro con personas que visten de negro y traen unas botas francamente increíbles, pero no tienen idea de porqué o para qué o nada de eso. Curioso dato dentro de este esquema es que tanto el movimiento punk como el movimiento gótico, en sus propuestas ideológicas, tienen una gran aceptación a sexualidades fluidas, pero al ser asimilados se configuran hasta como modelos de hombría: más hardcore=más machin, o más dark= más machin.


Si bien la historia es también así—o sobre todo—la versión de lo acontecido que hace que hoy sea hoy; es decir el cuento, la trama, el choro de lo sucedido y el choro construido por lo sucedido—en sus términos—cabe, por ello echar un vistazo a la narrativa de la contracultura hoy en día; en un sentido quizás, por jugar con las palabras, estrictamente estético. En esta cuestión me viene a la mente esta suerte de propuesta literaria llamada literatura basura o hiperrealismo. De entrada, Bukowski y Burroughs tuvieron su época, y está claramente fechada, y lo que es más, son intentos de Celine, pero lo que me concierne en esta trama es la manera en que lo real y la realidad (y no dejemos de distinguirles…) son equiparados con lo sórdido en una variedad de exacerbación de ello. Es decir que entre más auto-obsesivos, egocéntricos y auto-críticos los personajes—nihilistas a fin de cuentas, que es una forma de considerarse realista "yo conozco la realidad de la situación, es grave y por ello yo soy apático y vivo fatiga empática"—, y entre más sórdido lo que acontece, más muertos, más vacío, menos sentido, más putas y cocaína y orina y demás, más real. Alguien realmente se ha meado en este tapete, ha sido realmente real. Alude mucho a la retórica de derecha extrema de la transparencia, que todo sea transparente. Y con ello conduce a la retórica del "a fin de cuentas" o el "bottom line" en inglés, tan en boga ahora con la sociobiología—a fin de cuentas lo que quieres es una Hummer nueva, a fin de cuentas todos sólo queremos más obscenidad…Y no sólo esto, sino que presenta un sujeto despolitizado por completo, absorto en sus pato-aventuras de lo sórdido, confundiendo esta "realidad" con la transgresión—transgresión que es ahora la norma incluso.


Aquí quisiera citar a Baudrillard, de su libro La Inteligencia del Mal, en el cual dice: La realidad es la manera en que lidiamos con y encubrimos la radical incertidumbre e ilusoriedad del mundo. Contemplo eso como lo real: la radical ilusoriedad, la infinitud de la contingencia y nuestra completa permeabilidad. Estas tramas de lo sórdido como lo real, entre más chafa el video de camarita de celular, o entre más gacho el cuartito de hotel que se filma en tacubaya para el video de hoteles de México, más real, yo lo llamo el efecto chafita. Pero en este contexto quisiera plantear dos cosas: primero una defensa y profunda apreciación del sentido onírico de la vida del sujeto—de la subjetividad para ser redundante—, esa radical ilusoriedad y, segundo, que como historiadores una tarea que ahora les atañe en su sentido genealógico, foucauldiano-nietzschiano es la de estudiar lo que Barthes delineo como el Efecto de Realidad. Efecto que puede darse como en las series de televisión médicas (ER, Greys Anatomy, House) cuando el guión hace a los actores decir cefalea en vez de dolor de cabeza para darles mayor credibilidad. ¿Hemos confundido la credibilidad con la realidad? ¿Qué relación tiene esto con la historia de la locura? ¿Por qué creemos que el desencanto y lo sórdido son la realidad?


Bien, quisiera ahora plantear un valor contracultural que me atreveré de momento a llamar, abrazando las contradicciones de ello, como universal: la sabiduría. Y me refiero a ello en el sentido Hegeliano y también en el sentido del Budismo Mahayana y Tántrico a como lo destina Nagarjuna en el Sutra del Corazón de la sabiduría, como una inmanencia dialéctica (negativa). Es decir, cesar la arbitraria división del sujeto y el objeto—que luego culmina en inmersión y fascinación más que en inmanencia, la diferencia siendo que la inmersión no es dialéctica en el sentido que ya no hay un otro. A lo que voy con esto es que considero que una base para la contracultura es el involucramiento, en vez de la indignación. Hay que decirlo, desde estas supuestas literaturas hasta el periodismo mexicano, amén de la indignación y el tono indignado. Y cuán cómodo resulta, cuánta seguridad ontológica y qué noción de prestigio se construye el autor, como tal, tanto que incluso me parece que hay tales beneficios secundarios de tener un mundo que le indigne, que ya con ello ha resuelto gran parte de su vida. El involucramiento es asumirnos como parte inmanente de ese monstruo que nos asecha—no hay afuera del texto—y desde ahí, desde esa consciencia y claridad de la interdependencia que somos, actuar.


Así sucede, antes las contraculturas eran asimiladas y puestas en jaque en una constante necesidad de vanguardia, que se torna prontamente en innovación de mercado o de valores publicitarios. Ahora se denomina contracultura, muy prontamente, a la exaltación de estos valores de mercado. La estética o la pinta de la contracultura en vez de un movimiento sociopolítico. Asumimos sin reservas que ciertas apariencias son por ende contracultura, cuando gran parte de lo que constituye la contracultura no tiene este glamour prestigioso de contra y es más bien un trabajo riguroso y atinado de modificar políticas públicas. Si todas las personas que creyeron que metiéndose una dosis de LSD iban a cambiar al mundo hubiesen estado en lo cierto…hoy viviríamos en poco menos que un idilio.


Otro punto vital para la contracultura en estos tiempos, es la defensa de la palabra del sujeto, de la subjetividad. Y en este caso sí es una defensa; una defensa contra el supuesto saber de la nueva religión: la ciencia. Ese saber que es siempre ya una abstracción—bien lo plantea Hegel—ya que para constituirse parte necesariamente de la suposición de un sujeto aparte del objeto que estudia. ¿Pero, dónde cabe entonces el peso de la mirada? ¿La distancia ideológica entre el sujeto y el objeto? ¿Los intereses de poder y prestigio del sujeto en su observar al objeto? ¿Si no están relacionados, entonces cómo puede entrar en relación de observación? Es el saber en función y servicio del poder. Poder que luego se proclama "natural", se reifica a través de las tramas de la ciencia como lo más evolucionado, como el mando de aquellos cuyos genes son superiores, el resultado lógico de un proceso biológico de supervivencia milenario, y por ello como el mejor sistema político posible. No sólo el mejor, sino el único. (Creo que aquí cabe decir que una de las tareas más importantes del arte ahora, es la de crear espacio, espacio desde el cual la ideología pueda surgir, ideología que desafíe la noción de fin de historia del capitalismo tardío neoliberal, la idea de que es la única y mejor idea, y la última ideología, y lo único que podemos ya hacer es afinar sus tuercas, pero ya no pensar y proponer alternativas).


Así la sociobiología pretende estudiar al sujeto, al sujeto cuya palabra construye la política y propone ideologías, en tercera persona, cuando su experiencia es inasible y es siempre-ya en primera persona. Y sólo por su palabra la comunica. Bien podrán decirme que estoy deprimido porque mis neuroreceptores están bloqueados, pero el cómo es esta vivencia para mí sólo puedo decirlo yo. La palabra se borra con el diagnóstico y la totalidad de un neoliberalismo naturalizado y garantizado por las ciencias que le sirven.


Así mi angustia es un problema, uno que habrá de tratarse con un fármaco. Ya no habrá acceso a mis emociones y a lo que mi vida psíquica crea y expresa en relación al mundo, no, ya no. Será ahora una experiencia mediada por el capital, por un fármaco, por ese supuesto saber de la ciencia, yo me vivo en absoluto narcicismo: en tercera persona, alienado de mis emociones y mi decir. Creo entonces pertinente planear otra preferencia, y avocar por la empatía sobre el empirismo. Me baso aquí en lo propuesto por George Lakoff y Mark Johnson en su libro Philosophy in the Flesh, en el que describen cómo el empirismo se basa en una serie de metáforas cognitivas, tales como: Ver claramente y la manera en que el Ver y el saber y la iluminación y el entender terminan por equipararse generando el efecto del empirismo. Sugieren así, que el empirismo es una construcción metafórica (y me gusta aún más esto en el sentido Lacaniano de que no hay metalenguaje, no se puede vivir en 3era persona lo que se vive en 1era, no hay Otro del Otro), mientras que la empatía, al asumir la permeabilidad e involucramiento del sujeto, sus indudables interdependencias con ese supuesto objeto es tanto más atinada, así mismo, un modo de involucramiento basado en la sabiduría mas no en el saber. (He aquí otro tema interesante para los historiadores: la empatía).


Defendamos las causas pérdidas: al sujeto, a la inmanencia, a la sabiduría (y recordemos con esto que la filosofía no es una colección de paradigmas, sino un amor, una relación erótica-afectiva con la sabiduría—vis a vis, como sugiere Sloterdijk al principio de Crítica de la Razón Cínica, la sabiduría por vía del amor), así mismo, defendamos a la ternura y al amor, en tanto creaciones del sujeto y no como meras respuesta inventadas en el Medievo para procurar la perpetuación un dado gen, sino como un profundo asombro y un responder adecuado a la radical ilusoriedad del mundo. Asumamos nuestra permeabilidad e involucrémonos, de tal manera que dejemos colapsar ese modelo por el cual habitamos en un pánico constantemente vigilando nuestra noción de territorio, y a su vez, optemos por inspirarnos mutuamente sin buscar ventaja…y sin piedad.

lunes, 13 de octubre de 2008

Punk, Vanguardia y Espacio

Aquí va un texto sobre el PUNK que puibliqué hace un par de años en Replicante...




Cuestionar la conformidad involucra
también un cuestionamiento a la autoridad.
Craig O’Hara (The Philosophy of Punk, AK Press: San Francisco, 1999)



Lou Reed, ex-vocalista/guitarrista de The Velvet Underground, alguna vez dijo que para hacer una buena rola lo único que se necesita son tres acordes y una mala actitud. Parece ser que muchos le tomaron la palabra, salvo por un pequeñísimo detalle: olvidaron la mala actitud.



Tener una actitud nefasta o patética, o peor aún, emularla por la prisa de alimentar un narcisismo desenfrenado con aplausos zombis, es parte del paradigma que una mala actitud busca desintegrar. Hay un fenómeno recurrente en el mundo de la música, uno que a través de la historia de los movimientos musicales aparece tarde que temprano; es algo que llamamos asimilación o cooptación. En la historia del Punk esto ocurre una y otra vez. El Punk es asimilado y regurgitado como New Wave, para luego regresar con el Hardcore a mediados de los ochentas y ser inscrito dentro de un parámetro social moderado como Grunge. Pasa repetido en cualquier instancia de contracultura o oposición que un elemento problemático, algo que cuestiona las normas de comportamiento en una cultura, es depurado de su ética y catafixiado por una estética hueca ideológicamente. Así es como acabamos creyendo el Punk no es más que pelos parados o pulseritas de cuero con picos y piercings; productos que lejos de parodiar y criticar la alienación no hacen más que promover y perpetuarla. Es como decir que para ser punk necesitas dinero para comprar tinte de pelo, playeras de los Ramones y un tatuaje.



El corazón de la filosofía punk es un repudio casi innato a cualquier forma de autoridad, jerarquía u opresión. La música es minimalista no por estupidez, sino por convicción; es así para que no sólo los virtuosos que pueden pagar ir al conservatorio puedan tocar y expresarse. El sonido es veloz y a alto volumen para descentrar al individuo y abrirlo al presente; y lo más importante es que se toca en espacios pequeños sin distancia entre el público y la banda, para que la banda no se vuelva una autoridad—como las grandes y distantes bandas de estadios—sino que sean parte de un desacuerdo colectivo, como un carnaval pagano. La vestimenta es en parte parodia del circo de la formalidad; deviene de la ideología del Hazlo Tú Mismo, separarse de la producción de masas y manifestar la individualidad como algo poderoso. Pero otro aspecto de la vestimenta es un aliarse con quienes están marginados, además de retorcer los estándares de belleza. Otra cosa que suele olvidarse es que el Punk desde sus inicios fue una propuesta en la que se practica la equidad entre los géneros (biológicos y eróticos). Y todo esto con mucho sentido del humor…



¿Quién no ha escuchado las irritantes conmiseraciones del ahora llamado “Happy Punk” en el cual no se canta más que de derrotas amorosas y fiestillas con los cuates?; se emula el estilo musical pero se despolitiza el movimiento. Esto es similar al RAC, música neo-nazi, en la cual se utiliza un sonido minimalista y veloz para inspirar racismo, odio y violencia. En una instancia no considera siquiera el retar a la autoridad y en la otra se centraliza. El Punk no es una forma estética, es una forma de vida. Lo terrible es que dentro de la escena punk se repiten patrones que se buscaban invalidar: a ver quien es más “punk”, quien trae más picos más pintado en el pelo, quien es el más “loco”, quienes llevan más tocadas, quienes conocen a los Misfits en persona. En fin, mientras el ideal punk es generar espacios que operen bajo un paradigma libre de jerarquías, las mismas prácticas del punk pueden llegar a convertirse en una especie de código elitista.



Esto es algo que ocurre una y otra vez en la historia de las contraculturas, donde un movimiento se ve obligado a convertirse en una especie de vanguardia constante, defendiéndose de ser re-significado constantemente como una novedad por un mercado acelerado e indiferente; pero irónicamente al seguir siendo vanguardia se le sigue viendo como innovación de un mercado. El Punk surge de una comunidad para esa comunidad, expresando su estado y desacuerdo. Mas como sucede con tantos movimientos musicales llega a ser adoptado por intereses corporativos y luego vendido a una comunidad, desligado de las vivencias de esa comunidad. Simulacro. Se disocia, pierde su contacto, y quienes lo escuchan también se desconectan unos de otros: alienación y ventas—el individuo por debajo del producto.



Nuestro escepticismo interfiere con nuestra ingenuidad; no es una pose, es una aspiración. Pero que fácil nos resulta irnos con la finta de la imagen y se nos escurre entre los dedos la vitalidad de la música y la filosofía de la cual se alimenta. No queremos ídolos, no queremos una moda, no queremos juzgar, comparar y competir unos contra otros, queremos música, queremos bailar, protestar y brincar. Queremos un espacio alterno donde podemos operar e interactuar sin las jerarquías y reglas explícitas e implícitas de un mundo hostil, alienante, violento y apático; o como lo pone Hakim Bey: una Zona Autónoma Temporal…para empezar.