martes, 3 de marzo de 2009

puta madre

después de un tiempo, y con cierta resistencia, me tomo la libertad de publicar el siguiente poema...



Al filo de la miel
se derriten constelaciones
y la ternura
es brutal.

hemos desafiado a las lámparas,
con tus pupilas mantequilla,
y la mar de fluorescencias
vacilando tus pestañas.

la quietud es un himno
pero hace tanto que no dejo de cantar.
mientras te preguntas cosas serias
que nada tienen que ver con el tiempo:

avionazo decapitados Pemex
narcomenudeo secuestrados Telmex
walmart super k nicotina

defiendo el espacio,
cediendo el territorio,
y llueven flores de colores oscilantes,
y soñamos con rebeliones y semáforos rotos.

un beso quizás,
uno lejos del capital;
una caricia quizás,
una desprovista del pánico:

eta zetas afi
panchitos poetas malditos doritos
banco mundial fmi tlc

considero
que podría escribir
un tremendo poema
de amor.
solo tomo café,
busco culpables
me fatiga la indignación, y
abrazo la angustia:

'colgó los tenis' 'cenan plomo' 'su último danzón'
crisis deuda inversión
duvalin coca cola ricolino inflación

yo soy menos,
tu más-turbas los rayos del sol;
yo soy más,
tu menos-precias lo inmediato:

pri pan prd
jumex aeromex dvd
privatización inmigración importación

yo soy menos,
tu más-ticas mi sopa de letras;
yo soy más,
tu menos mal que no regresas:

mexicana mariguana springbreak
pgr pfp ddt
alpura silicona maizena

pero ya
da lo mismo,
y ni un segundo extra les ofrezco
ahora que tengo mil brazos
y sé bailar salsa.

ya
olvida mi nombre
ya
cancela mi servicio
ya
cierra la cortina
ya
borra mi historial:

televisa tv azteca mtv
madonna belanova ketamina
china cocaína china

doce meses sin intereses

-(credencial para votar)
ven, disfruta nuestras rebajas
-(credencial para votar)
doce
meses
sin
intereses
-(credencial para votar).

Porque:
Al filo de la miel
se derriten constelaciones
y la ternura
es brutal.
que no me canso de tararear
odas a la dulzura, a ritmo de quebradita huasteca ciber-punk,
y de intercambiar mensajes cochinos con la diosa a través
de mi celular.

que no he cesado de
asombrarme
y perder

y perder

y perder

y perder

el aliento.

jueves, 29 de enero de 2009

Ella es tuya: la venganza de las fembots

Este texto apareció en el número anterior de Picnic, "Irresistibles"; debo añadir que lo publicaron todo en rosa flourescente, lo cual quedó increible...


aunque no baste
Quieren saber que ese cuerpo es suyo
y que aunque el aire lo toque
saber que es suyo

aunque no baste
saberlo
estar tan completamente seguros de que les pertenece
de que nada dentro de esa piel es ajeno a ellos

-Andrés Cisneros de la Cruz, Vitrina de los turbantes

Supongamos que vives (bueno, más bien, padeces) una intensa pero inexplicable atracción por Paulina Rubio. Todo esto muy a pesar tuyo y contrario a todas tus creencias personales, preferencias estéticas y el más lúdico de tus gustos. Y supongamos que esta atracción no es tan sólo una mera infatuación o un deslumbre mediático, sino que genuinamente y en cada poro de certeza de tu cuerpo, y en tu más profundo sentir, lo que te atañe es una irrefutable conexión eroticoespiritual. Así, cada que la miras o escuchas su voz, se produce en ti una incontenible plenitud y apertura hacia la vida; te causa una serie de revelaciones marcadas por excitación sexual, un enternecimiento inmanente, y una lucidez mística sin precedentes.

Ahora, supongamos también que tras un tiempo de esto, te enteraras personalmente de que en realidad la chica dorada es un robot. Ahora que sabes que Pau es un aparato diseñado en alguna bodega gubernamental, como parte de un programa de desarrollo industrial-militar en Alemania, entonces, ¿cambia lo que sientes por ella? Explica porqué.

Puede que ésta sea el tipo de pregunta que cada vez más personas se harán en torno a su elección de pareja. Ese mítico futuro lleno de androides, cyborgs y robots, que tan alucinante y lejano parecía cuando mirábamos a R2D2 en Star Wars o cuando azorados vimos Blade Runner por primera vez, ahora se nos presenta como una actualidad.

Al mirar el video promocional de Lisa, la mujer robótica, el futuro parece desdoblarse, abalanzándose sobre nuestra vida, dejando de ser futuro. Lisa, también conocida como La Mujer Perfecta es el más reciente producto de AI Robotics, una compañía dedicada, como su nombre lo esclarece, a diseñar y programar robots de inteligencia artificial. En su página (www.perfect-woman.com) vemos a Lisa moverse, saludarnos, parpadear, hablar e intentar seducirnos, tras lo cual prontamente se nos ofrece una hoja de pedido, donde podemos ya solicitar a una de estas androides en rubia, morena o pelirroja; en casual, formal o sexy.

Según explican los creadores de Lisa, ella cuenta con sensores de tacto, audio, y ópticos, por medio de los cuales puede reconocer y distinguir entre objetos, diferenciar personas, e incluso discernir el estado de ánimo de su propietario por medio del tono e inflexión de su voz. Ella no sólo se viste y enchufa a la pared para recargar su batería por cuenta propia, también cocina, va al super, juega videojuegos, hace chistes, aprende actividades, baila, te informa sobre el clima…Así mismo, con su IQ de 130, y acceso inalámbrico a la red integrado, ella puede informarse sobre temas nuevos y ponerse al corriente en otros tantos, acoplándose a tus intereses (o los de las visitas). Mientras te ofrece una bebida y un relajante masaje después del trabajo, podrán charlar sobre política, música, deportes, viajes, cine, etc.

Ah, y por si no era ya aparente, Lisa está programada en base a estudios con sexólogos expertos, para complacer a su dueño, y como dicen los programadores: nunca le duele la cabeza. Después del tipo de striptease que el propietario elija—o saltándose este preámbulo—podrán, experimentar mecánicos movimientos y jadeos, vaciando su orgasmo en algún contenedor receptáculo de Lisa, sin ansiedad alguna alrededor de si está fingiendo o no.

Ya algunos se estarán preguntando “¿Cuánto cuesta? ¿Me puedes repetir la dirección de la página web?”. Pero antes de adorar a Lisa y el tremendo servicio que puede brindar a tantas almas desamparadas, o de moralizarla como un artefacto diabólico que habrá de romper hartos corazones; antes de entablar en justificarla por los méritos educativos y terapéuticos que pueda tener—en especial en áreas antes relegadas a la prostitución…y en tiempos del SIDA—o de condenar al machismo por este tipo de objetivización de la mujer, ya que también hay versión para damas (aunque cabe recalcar que saldrá al mercado posteriormente); consideremos el lugar que busca ocupar. Lisa no es un Frankenstein de generación espontanea, sino un síntoma de la cultura del narcisismo; cultura que habitamos y nos habita, en/por la cual se osa desaparecer al otro por completo.

Antaño aquellas épocas de las muñecas inflables y su máxima expresión en las afamadas real dolls—muñecas de silicón, réplicas con impresionante semblanza de estrellas del mundo del entretenimiento (Pamela Anderson, Carmen Elektra, etc.). Ahora se pretende que el producto responda, que cubra la ausencia del otro—el solipsismo onanista—con un guión diseñado a la medida de la angustia del usuario. La ironía es que gracias a que la máquina pretende, el dueño también pretende. Y lo que pretende es no pretender.

Es esta lógica de la distancia, de un utópico sitio fuera del mundo: el café descafeinado, la azúcar sin azúcar, la cerveza sin alcohol, el sexo sin sexo: vivir la experiencia sin pagar el precio. Pero sin pagar el precio no se vive la experiencia—parte de la experiencia es el pago. Este precio lo paga la subjetividad, asumiendo y exponiendo esa radical vulnerabilidad que somos. Y es ahí, donde más se devela nuestra plasticidad, la maleabilidad de nuestra subjetividad, y la inevitable interpenetración que vivimos con el mundo, donde el empeño por la distancia y el control se acentúan.

La sexualidad humana es quizás donde más evidente sea la radical contingencia y permeabilidad que nos caracteriza. No por nada se ha osado una y otra vez hacer de este campo de la experiencia una ciencia—un saber—, o como lo plantea Foucault en su Historia de la Sexualidad, una scientia sexualis, en marcada diferencia a una ars erótica. Una y otra vez, en pos del saber, de la certeza, de poder controlar y predecir a eso otro que siempre ya por ello nos rebasa y sorprende, se busca ser a la vez juez y participe. Esta fantasía de disociación y poder, a pesar de su interés en no pagar, tiene un precio: la cancelación del otro: el delirio.

Normatividad total: “así se goza correctamente”, y el mandato obligatorio de “anda goza, goza, ¿qué te pasa?” Y para quien no goza como “dios manda”: un ansiolítico, un antidepresivo. Una terapia o una reivindicación. Así, la palabra relegada al dictamen y la verificación del diagnóstico y el remedio (producto farmacéutico). Ese otro con el que solíamos hablar y escuchar y empatizar y cachondear y amar: un artefacto. Uno desprovisto de contrariedades o de esa irreparable brecha que es la otredad, la diferencia.

Los progenitores de Lisa (Etienne Fresse y Yoichi Yamato) son nítidos (si no sórdidos) en su objetivo; no hay disimulo o encubrimiento, cito su página: “Lisa es un sustituto para una mujer real. Ella ha sido diseñada para todos los hombres que aun no encuentran a su alma gemela…” (http://www.perfect-woman.com/en/txt/compagnie.html). Por fin, ¿la mujer real o una idealizada no-relación: la media naranja, la solución a todo, un retorno al vientre materno? Comoquiera, aquí se anuncia el sitio que se busca ocupe Lisa: el de la mujer. ¿Y no es acaso la mujer quien nos presenta la otredad por excelencia, esa irreprochable y traumática diferencia que llamamos sexo?

Contemplemos brevemente cómo se vende a Lisa, qué demanda busca saciar. Es justamente en estas frases (es decir en sus antinomias) que se explicitan algunas de las más tajantes suposiciones que hay sobre la mujer. En su video promocional, aparece Lisa rubia en un vestido rojo, y con un trasfondo de música de lobby de hotel, se pasean cuatro frases clave por la pantalla: Ella es fiel, Ella es inteligente, Ella te entiende, Ella es tuya.

Ella es fiel: lo primero que pienso es en la más reciente versión cinemática de Stepford Wives (Frank Oz, 2004), con Nicole Kidman y Matthew Broderick. No hace falta ser un yogi con gran realización para entender que la conducta complaciente y fiel que tienen las damas para con sus resentidos maridos, no es más que un chip de computadora. Es decir que lo que les es fiel es un programa de su propio ahínco: no hay relación más que con un protocolo propio. La fidelidad implica una postura, una decisión subjetiva ética.

Ella es inteligente: ella es un código informático, y nada más. A Lisa no se le ocurre nada, sólo repite y sigue órdenes; supongo que a eso se refieren. Siguiendo por este argumento, Ella te entiende: Lisa procesa y computa información, pero no tiene una experiencia, archiva datos en su memoria mas no tiene una vivencia. Pasa que se nos da confundir un gesto por una experiencia, o para ponerlo de otra forma ¿por qué nos enternece Wall-E o el robo-dinosaurio Pleo? Porque sus gestos nos aluden a una emoción; pero para vivir una emoción hay que, de entrada, estar vivos. Lisa no comparte experiencia alguna con el usuario y por ello no es capaz de empatía. De nuevo: hace lo que digo cuando digo = me entiende. ¿Hmm?

Ella es tuya: ella es un producto, un bien, una mercancía. Mi horno de microondas no tiene sexo, sólo usos. Ella es tuya, pero no hay nadie ahí que te lo reconozca; se cae en esa trampa de la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, en la cual al amo no hay quien le reconozca, porque el reconocimiento de un esclavo no le vale. Cuando ella es ella, ella no es tuya; y cuando ella es tuya, ella no es ella.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Inmanencia Subversiva

Aquí va el texto de mi ponencia dada el 13 de noviembre como parte de las Jornadas de Historia, "Distopías de lo Real: Utopías de la contracultura", en la Universidad Iberoamericana.


Hay un capítulo de los Simpson en el cual Homero se determina a leer un libro de Bill Cosby sobre cómo educar a los hijos, para mejor lidiar con Bart. En dicha lectura encuentra una proposición que le parece paradójica y atractiva a la vez: Para lograr que un chico haga lo que quieres, dile que haga lo opuesto. Y le funciona. A lo que voy es—aparte de intentar amenizar el ambiente con una referencia cultural simpática y bien conocida—que la contracultura no es necesariamente contra de nada. Es decir que no se basa o se define en oposición—y/o por lo términos—de la cultura dominante a la cual presenta una alternativa o problematiza por añadidura. Creo inicialmente que este es un valor contracultural esencial: la diferencia. Sobra decirlo y es redundante, pero por algún motivo—la homologización rampante de esta época del sentido común y el brutal sintetismo jungiano de la tolerancia y el multiculturalismo por el cual se reduce y neutraliza—la diferencia es siempre radical. Es decir que marca algo que no es meramente el polo opuesto o complementario o contrario de un modelo, sino que introduce modelos distintos e inconmensurables. La contracultura no se define por la cultura dominante y sus términos.


Incluso un parte vital de las propuestas contraculturales, particularmente las que se encuentran en un estado de diáspora, es la gestación y establecimiento de lo que Hakim Bey designa como Zonas Autónomas Temporales; es decir, espacios en los cuales los valores de la cultura dominante cesen de operar, ofreciendo modalidades de interacción y vivencia de otra textura e índole. Así también las contraculturas no sólo se oponen a la cultura oficial o dominante, o el Zeitgeist, de cierto sitio o tiempo, sino que los desestabilizan y deconstruyen de paso. Es una suerte de hermenéutica de la subjetividad, subversiones de la mirada. Ya que si tomamos la palabra cultura por su designio clásico de hábitat; es decir, aquel sitio que habitamos y aquello que a su vez nos habita—espero tener tiempo para volver sobre este punto, ya que creo que hoy en día con las neurociencias tan en boga y bajo su delirio de poder y verdad, es esencial preguntarnos dónde empieza el mundo y dónde la mente, dónde quién percibe y lo percibido: es una raya tan borrosa y difusa como la que designa al narco y al gobierno.


Me parece también importante calcar una distinción entre contracultura y lo que hoy conocemos—y explotamos en los medios—como subculturas. Me gustaría aludir a esto en referencia al mercado del porno de imágenes en movimiento. Como en los años 70s que había el cine porno, con las mega-producciones y mega-narrativas como Garganta Profunda, Detrás de la Puerta Verde, El diablo en la señora Jones, EN FIN…la llamada Era Dorada del Porno. Propuestas ante las cuales se podrían presentar variaciones y propuestas alternas a sus narrativas del deseo y sus construcciones del sujeto deseante. Posteriormente, en los 80s, entran al mercado las videocaseteras Beta y con ello el mercado porno se divide en nichos, cada vez más específicos. Como analogía, mucho de lo que presenciamos hoy en día como subculturas no son necesariamente contraculturales, sino más bien nichos. Es decir que puede incluso que apoyen y reivindiquen los valores de la cultura dominante en vez de plantear alternativas o problematizaciones.


Con esto quiero hacer hincapié en un punto esencial en el estudio de la contracultura: distinguir la ética de la estética. Y esto no porque inicialmente estén separadas, sino porque una de las maneras más efectivas de cómo se desarma un movimiento contracultural es depurando su estética de la ética. El movimiento punk es un claro ejemplo de ello. Surgido a principios de los años 70s a la par del desencanto que trajo consigo la respuesta de la derecha global a las protestas de finales de los 60s, el Detente, el punk basó sus fundamentos ideológicos en la noción de comunidad y de escepticismo primordial y encarnado ante los criterios convencionales, incluso los ya instalados en la mente del individuo. Era de entrada un movimiento con una propuesta ética y política clara. Como muchas de las manifestaciones contraculturales, surgió de una comunidad para esa comunidad, y al ser asimilado y cooptado por el mercado, fue dirigido hacia un grupo demográfico desde un interés de capital, logrando mediar las relaciones entre los participantes por medio del consumo, generando un sentido de jerarquía antes ausente, pero ante todo, alienando a los sujetos, desarmando así el movimiento en su ámbito político. Depurado de su ética, hoy podemos incluso ir a Pabellón Polanco y a un lado de Radio Shack, comprar ropa "punk"; hoy en general tendemos a creer que el punk es mucho gel en el pelo pintado y aretes en las cejas y pulseras con picos de metal, y música apática. Cuando en su trama ideológica incluso la ropa tenía un sentido, la hacía uno mismo para no alienar a otros en su producción así como para desafiar la noción de belleza establecida. El sonido tenía un propósito, minimalista, para permitir la expresión de quienes no eran virtuosos musicales, y a volúmenes altos para descentrar al sujeto. Incluso había métodos para mantener alejados a los dorgadictos, para no darle escusa a la policía de irrumpir las tocadas y modos de presentar las tocadas, sin división entre público y banda para no hacer de la banda, ni de nadie una autoridad cultural. Fugazi es una banda ejemplar en estos sentidos: sus tocadas son siempre en lugares que no rebasen cierto tamaño para no permitir esa división, no se cobra más de cierta cantidad en la entrada para no excluir a nadie por falta de recursos, así mismo se hacen de tal manera que puedan entrar personas de todas edades.


O pensemos incluso en el movimiento Gótico, cuya propuesta en gran medida ha sido poner en escena algo obsceno: la tristeza. Darle sitio y movimiento dentro de lo público a la tristeza, a la melancolía. Creo que es una propuesta digna, en particular en una época que no porque tengamos I-Pods deja de ser feudal, y en la cual estamos, de una u otra forma normativizados por el protocolo más que el castigo, la disciplina y la vigilancia, de tener que gozar. Obligados a gozar en forma, en lo que bien podríamos designar, en acuerdo con Alexander R. Galloway, como una adhocracia. Me hace pensar en un espectacular de seguros monterrey que vi hace poco en Parque Lira, que decía: Ríe, nosotros nos encargamos del resto. O, "nosotros controlamos tu vida y hacemos lo que se nos antoje de ti, pero tu riete; no vayas a dar indicio de que no estás de acuerdo". Ahora no sólo hay que hacer lo que la autoridad con todo su aparato represor dictamina, sino que nos debe agradar. El jefe, como bien lo plantea Zizek, ya no ejerce su autoridad como lo que es, terror, sino que es más insidioso, ahora llega y nos cuenta un chiste obsceno, despliega un nuevo albur y nos dice "güey"; no sólo hay que hacer lo que dice, sino que hay que amarle. El movimiento gótico me recuerda un poco a Bartleby en este sentido, es decir, que el trabajo es trabajo y el hambre es hambre.


Pero no idealizemos al movimiento gótico tan pronto, ya que en general me encuentro con personas que visten de negro y traen unas botas francamente increíbles, pero no tienen idea de porqué o para qué o nada de eso. Curioso dato dentro de este esquema es que tanto el movimiento punk como el movimiento gótico, en sus propuestas ideológicas, tienen una gran aceptación a sexualidades fluidas, pero al ser asimilados se configuran hasta como modelos de hombría: más hardcore=más machin, o más dark= más machin.


Si bien la historia es también así—o sobre todo—la versión de lo acontecido que hace que hoy sea hoy; es decir el cuento, la trama, el choro de lo sucedido y el choro construido por lo sucedido—en sus términos—cabe, por ello echar un vistazo a la narrativa de la contracultura hoy en día; en un sentido quizás, por jugar con las palabras, estrictamente estético. En esta cuestión me viene a la mente esta suerte de propuesta literaria llamada literatura basura o hiperrealismo. De entrada, Bukowski y Burroughs tuvieron su época, y está claramente fechada, y lo que es más, son intentos de Celine, pero lo que me concierne en esta trama es la manera en que lo real y la realidad (y no dejemos de distinguirles…) son equiparados con lo sórdido en una variedad de exacerbación de ello. Es decir que entre más auto-obsesivos, egocéntricos y auto-críticos los personajes—nihilistas a fin de cuentas, que es una forma de considerarse realista "yo conozco la realidad de la situación, es grave y por ello yo soy apático y vivo fatiga empática"—, y entre más sórdido lo que acontece, más muertos, más vacío, menos sentido, más putas y cocaína y orina y demás, más real. Alguien realmente se ha meado en este tapete, ha sido realmente real. Alude mucho a la retórica de derecha extrema de la transparencia, que todo sea transparente. Y con ello conduce a la retórica del "a fin de cuentas" o el "bottom line" en inglés, tan en boga ahora con la sociobiología—a fin de cuentas lo que quieres es una Hummer nueva, a fin de cuentas todos sólo queremos más obscenidad…Y no sólo esto, sino que presenta un sujeto despolitizado por completo, absorto en sus pato-aventuras de lo sórdido, confundiendo esta "realidad" con la transgresión—transgresión que es ahora la norma incluso.


Aquí quisiera citar a Baudrillard, de su libro La Inteligencia del Mal, en el cual dice: La realidad es la manera en que lidiamos con y encubrimos la radical incertidumbre e ilusoriedad del mundo. Contemplo eso como lo real: la radical ilusoriedad, la infinitud de la contingencia y nuestra completa permeabilidad. Estas tramas de lo sórdido como lo real, entre más chafa el video de camarita de celular, o entre más gacho el cuartito de hotel que se filma en tacubaya para el video de hoteles de México, más real, yo lo llamo el efecto chafita. Pero en este contexto quisiera plantear dos cosas: primero una defensa y profunda apreciación del sentido onírico de la vida del sujeto—de la subjetividad para ser redundante—, esa radical ilusoriedad y, segundo, que como historiadores una tarea que ahora les atañe en su sentido genealógico, foucauldiano-nietzschiano es la de estudiar lo que Barthes delineo como el Efecto de Realidad. Efecto que puede darse como en las series de televisión médicas (ER, Greys Anatomy, House) cuando el guión hace a los actores decir cefalea en vez de dolor de cabeza para darles mayor credibilidad. ¿Hemos confundido la credibilidad con la realidad? ¿Qué relación tiene esto con la historia de la locura? ¿Por qué creemos que el desencanto y lo sórdido son la realidad?


Bien, quisiera ahora plantear un valor contracultural que me atreveré de momento a llamar, abrazando las contradicciones de ello, como universal: la sabiduría. Y me refiero a ello en el sentido Hegeliano y también en el sentido del Budismo Mahayana y Tántrico a como lo destina Nagarjuna en el Sutra del Corazón de la sabiduría, como una inmanencia dialéctica (negativa). Es decir, cesar la arbitraria división del sujeto y el objeto—que luego culmina en inmersión y fascinación más que en inmanencia, la diferencia siendo que la inmersión no es dialéctica en el sentido que ya no hay un otro. A lo que voy con esto es que considero que una base para la contracultura es el involucramiento, en vez de la indignación. Hay que decirlo, desde estas supuestas literaturas hasta el periodismo mexicano, amén de la indignación y el tono indignado. Y cuán cómodo resulta, cuánta seguridad ontológica y qué noción de prestigio se construye el autor, como tal, tanto que incluso me parece que hay tales beneficios secundarios de tener un mundo que le indigne, que ya con ello ha resuelto gran parte de su vida. El involucramiento es asumirnos como parte inmanente de ese monstruo que nos asecha—no hay afuera del texto—y desde ahí, desde esa consciencia y claridad de la interdependencia que somos, actuar.


Así sucede, antes las contraculturas eran asimiladas y puestas en jaque en una constante necesidad de vanguardia, que se torna prontamente en innovación de mercado o de valores publicitarios. Ahora se denomina contracultura, muy prontamente, a la exaltación de estos valores de mercado. La estética o la pinta de la contracultura en vez de un movimiento sociopolítico. Asumimos sin reservas que ciertas apariencias son por ende contracultura, cuando gran parte de lo que constituye la contracultura no tiene este glamour prestigioso de contra y es más bien un trabajo riguroso y atinado de modificar políticas públicas. Si todas las personas que creyeron que metiéndose una dosis de LSD iban a cambiar al mundo hubiesen estado en lo cierto…hoy viviríamos en poco menos que un idilio.


Otro punto vital para la contracultura en estos tiempos, es la defensa de la palabra del sujeto, de la subjetividad. Y en este caso sí es una defensa; una defensa contra el supuesto saber de la nueva religión: la ciencia. Ese saber que es siempre ya una abstracción—bien lo plantea Hegel—ya que para constituirse parte necesariamente de la suposición de un sujeto aparte del objeto que estudia. ¿Pero, dónde cabe entonces el peso de la mirada? ¿La distancia ideológica entre el sujeto y el objeto? ¿Los intereses de poder y prestigio del sujeto en su observar al objeto? ¿Si no están relacionados, entonces cómo puede entrar en relación de observación? Es el saber en función y servicio del poder. Poder que luego se proclama "natural", se reifica a través de las tramas de la ciencia como lo más evolucionado, como el mando de aquellos cuyos genes son superiores, el resultado lógico de un proceso biológico de supervivencia milenario, y por ello como el mejor sistema político posible. No sólo el mejor, sino el único. (Creo que aquí cabe decir que una de las tareas más importantes del arte ahora, es la de crear espacio, espacio desde el cual la ideología pueda surgir, ideología que desafíe la noción de fin de historia del capitalismo tardío neoliberal, la idea de que es la única y mejor idea, y la última ideología, y lo único que podemos ya hacer es afinar sus tuercas, pero ya no pensar y proponer alternativas).


Así la sociobiología pretende estudiar al sujeto, al sujeto cuya palabra construye la política y propone ideologías, en tercera persona, cuando su experiencia es inasible y es siempre-ya en primera persona. Y sólo por su palabra la comunica. Bien podrán decirme que estoy deprimido porque mis neuroreceptores están bloqueados, pero el cómo es esta vivencia para mí sólo puedo decirlo yo. La palabra se borra con el diagnóstico y la totalidad de un neoliberalismo naturalizado y garantizado por las ciencias que le sirven.


Así mi angustia es un problema, uno que habrá de tratarse con un fármaco. Ya no habrá acceso a mis emociones y a lo que mi vida psíquica crea y expresa en relación al mundo, no, ya no. Será ahora una experiencia mediada por el capital, por un fármaco, por ese supuesto saber de la ciencia, yo me vivo en absoluto narcicismo: en tercera persona, alienado de mis emociones y mi decir. Creo entonces pertinente planear otra preferencia, y avocar por la empatía sobre el empirismo. Me baso aquí en lo propuesto por George Lakoff y Mark Johnson en su libro Philosophy in the Flesh, en el que describen cómo el empirismo se basa en una serie de metáforas cognitivas, tales como: Ver claramente y la manera en que el Ver y el saber y la iluminación y el entender terminan por equipararse generando el efecto del empirismo. Sugieren así, que el empirismo es una construcción metafórica (y me gusta aún más esto en el sentido Lacaniano de que no hay metalenguaje, no se puede vivir en 3era persona lo que se vive en 1era, no hay Otro del Otro), mientras que la empatía, al asumir la permeabilidad e involucramiento del sujeto, sus indudables interdependencias con ese supuesto objeto es tanto más atinada, así mismo, un modo de involucramiento basado en la sabiduría mas no en el saber. (He aquí otro tema interesante para los historiadores: la empatía).


Defendamos las causas pérdidas: al sujeto, a la inmanencia, a la sabiduría (y recordemos con esto que la filosofía no es una colección de paradigmas, sino un amor, una relación erótica-afectiva con la sabiduría—vis a vis, como sugiere Sloterdijk al principio de Crítica de la Razón Cínica, la sabiduría por vía del amor), así mismo, defendamos a la ternura y al amor, en tanto creaciones del sujeto y no como meras respuesta inventadas en el Medievo para procurar la perpetuación un dado gen, sino como un profundo asombro y un responder adecuado a la radical ilusoriedad del mundo. Asumamos nuestra permeabilidad e involucrémonos, de tal manera que dejemos colapsar ese modelo por el cual habitamos en un pánico constantemente vigilando nuestra noción de territorio, y a su vez, optemos por inspirarnos mutuamente sin buscar ventaja…y sin piedad.

lunes, 13 de octubre de 2008

Punk, Vanguardia y Espacio

Aquí va un texto sobre el PUNK que puibliqué hace un par de años en Replicante...




Cuestionar la conformidad involucra
también un cuestionamiento a la autoridad.
Craig O’Hara (The Philosophy of Punk, AK Press: San Francisco, 1999)



Lou Reed, ex-vocalista/guitarrista de The Velvet Underground, alguna vez dijo que para hacer una buena rola lo único que se necesita son tres acordes y una mala actitud. Parece ser que muchos le tomaron la palabra, salvo por un pequeñísimo detalle: olvidaron la mala actitud.



Tener una actitud nefasta o patética, o peor aún, emularla por la prisa de alimentar un narcisismo desenfrenado con aplausos zombis, es parte del paradigma que una mala actitud busca desintegrar. Hay un fenómeno recurrente en el mundo de la música, uno que a través de la historia de los movimientos musicales aparece tarde que temprano; es algo que llamamos asimilación o cooptación. En la historia del Punk esto ocurre una y otra vez. El Punk es asimilado y regurgitado como New Wave, para luego regresar con el Hardcore a mediados de los ochentas y ser inscrito dentro de un parámetro social moderado como Grunge. Pasa repetido en cualquier instancia de contracultura o oposición que un elemento problemático, algo que cuestiona las normas de comportamiento en una cultura, es depurado de su ética y catafixiado por una estética hueca ideológicamente. Así es como acabamos creyendo el Punk no es más que pelos parados o pulseritas de cuero con picos y piercings; productos que lejos de parodiar y criticar la alienación no hacen más que promover y perpetuarla. Es como decir que para ser punk necesitas dinero para comprar tinte de pelo, playeras de los Ramones y un tatuaje.



El corazón de la filosofía punk es un repudio casi innato a cualquier forma de autoridad, jerarquía u opresión. La música es minimalista no por estupidez, sino por convicción; es así para que no sólo los virtuosos que pueden pagar ir al conservatorio puedan tocar y expresarse. El sonido es veloz y a alto volumen para descentrar al individuo y abrirlo al presente; y lo más importante es que se toca en espacios pequeños sin distancia entre el público y la banda, para que la banda no se vuelva una autoridad—como las grandes y distantes bandas de estadios—sino que sean parte de un desacuerdo colectivo, como un carnaval pagano. La vestimenta es en parte parodia del circo de la formalidad; deviene de la ideología del Hazlo Tú Mismo, separarse de la producción de masas y manifestar la individualidad como algo poderoso. Pero otro aspecto de la vestimenta es un aliarse con quienes están marginados, además de retorcer los estándares de belleza. Otra cosa que suele olvidarse es que el Punk desde sus inicios fue una propuesta en la que se practica la equidad entre los géneros (biológicos y eróticos). Y todo esto con mucho sentido del humor…



¿Quién no ha escuchado las irritantes conmiseraciones del ahora llamado “Happy Punk” en el cual no se canta más que de derrotas amorosas y fiestillas con los cuates?; se emula el estilo musical pero se despolitiza el movimiento. Esto es similar al RAC, música neo-nazi, en la cual se utiliza un sonido minimalista y veloz para inspirar racismo, odio y violencia. En una instancia no considera siquiera el retar a la autoridad y en la otra se centraliza. El Punk no es una forma estética, es una forma de vida. Lo terrible es que dentro de la escena punk se repiten patrones que se buscaban invalidar: a ver quien es más “punk”, quien trae más picos más pintado en el pelo, quien es el más “loco”, quienes llevan más tocadas, quienes conocen a los Misfits en persona. En fin, mientras el ideal punk es generar espacios que operen bajo un paradigma libre de jerarquías, las mismas prácticas del punk pueden llegar a convertirse en una especie de código elitista.



Esto es algo que ocurre una y otra vez en la historia de las contraculturas, donde un movimiento se ve obligado a convertirse en una especie de vanguardia constante, defendiéndose de ser re-significado constantemente como una novedad por un mercado acelerado e indiferente; pero irónicamente al seguir siendo vanguardia se le sigue viendo como innovación de un mercado. El Punk surge de una comunidad para esa comunidad, expresando su estado y desacuerdo. Mas como sucede con tantos movimientos musicales llega a ser adoptado por intereses corporativos y luego vendido a una comunidad, desligado de las vivencias de esa comunidad. Simulacro. Se disocia, pierde su contacto, y quienes lo escuchan también se desconectan unos de otros: alienación y ventas—el individuo por debajo del producto.



Nuestro escepticismo interfiere con nuestra ingenuidad; no es una pose, es una aspiración. Pero que fácil nos resulta irnos con la finta de la imagen y se nos escurre entre los dedos la vitalidad de la música y la filosofía de la cual se alimenta. No queremos ídolos, no queremos una moda, no queremos juzgar, comparar y competir unos contra otros, queremos música, queremos bailar, protestar y brincar. Queremos un espacio alterno donde podemos operar e interactuar sin las jerarquías y reglas explícitas e implícitas de un mundo hostil, alienante, violento y apático; o como lo pone Hakim Bey: una Zona Autónoma Temporal…para empezar.

jueves, 18 de septiembre de 2008

La Nueva Esclavitud

Este es un texto que traduje hace un par de años para su publicación en Picnic.

Mientras que a menudo se plantea que la condicón global está ahora "mejor que nunca"--como si por una suerte de inercia evolutiva--, la evidencia señala lo contrario. He aquí un dato perturbador que seguro habrá de incitar a reflexionar, y actuar: hoy en día hay más esclavitud en el mundo que en cualquier otro punto de la historia.

Procuremos continuar generando espacio para desmantelar la sofocante lógica del protocolo que rige estos tiempos, con su mandato de que "la historia ha terminado" y sólo queda afinar tuercas y pulir esquinas y amplificr el cinismo.

La imagen viene de un artículo que salió en National Geographic sobre la esclavitud en el siglo 21. http://ngm.nationalgeographic.com/ngm/0309/feature1/




De la Introducción de Disposable People: New Slavery in the Global Economy
Kevin Bales, (University of California Press: California 1999) pp.1-6.

La Nueva Esclavitud


En el verano, el campo en Francia le hace honor a su reputación. Sentados afuera, en un pequeño pueblo a unas cien millas de Paris, la brisa trae consigo el aroma a manzanas de un huerto vecino. He venido aquí para conocer a Seba, una joven recientemente liberada de la esclavitud. Ella es una mujer bella y animada, de unos veintidós años; sin embargo, al contarme su historia, se retrae, fumando furiosamente, temblando, y luego vienen las lagrimas.

Yo crecí con mi abuela en Mali, y siendo aún una niña, vino a visitarnos una conocida de la familia. La mujer le preguntó a mi abuela si podría llevarme con ella a Paris para que yo cuidara de sus hijos. Le aseguro a mi abuela que ella se encargaría de inscribirme en una escuela, y que aprendería francés. Cuando llegue a Paris no me enviaron a ninguna escuela; me pusieron a trabajar todo el día. Yo hacía todas las labores de la casa; limpiaba, cocinaba las comidas, cuidaba a los niños, y bañaba y alimentaba al bebé. Comenzaba a trabajar a las 7AM todos los días y terminaba por ahí de las 11PM; no tuve ni un día libre. Mi patrona no hacía nada; dormía hasta tarde y luego miraba la televisión o a veces salía.

Un día le dije que yo quería ir a la escuela. Me contestó que ella no me había traído a Francia para que fuera a la escuela, sino para que cuidara a sus hijos. Estaba cansada y en muy malas condiciones. Mis dientes se encontraban deteriorados; a ratos se me inflamaba el cachete y el dolor era insoportable. Frecuentemente tenía fuertes dolores de estomago; pero aunque estuviera enferma tenía que trabajar. A veces el dolor me hacía llorar, pero la patrona sólo me gritaba.

Dormía en el piso de una de las habitaciones de los niños; mi comida era lo que ellos dejaban en sus platos. No me estaba permitido tomar alimentos del refrigerador. Si tomaba comida del refrigerador me golpeaba. Ella me golpeaba a menudo. Me soltaba cachetadas todo el tiempo. Me daban golpizas con la escoba, con utensilios de la cocina, o me daba latigazos con un cable eléctrico. En algunas ocasiones hacía que sangrara; hasta la fecha tengo marcas en el cuerpo.

Una vez en 1992 se me hizo tarde para recoger a los niños de la escuela; la patrona y su esposo estaban furiosos y tras darme una paliza me echaron a la calle. No tenía a donde ir; no entendía nada, vagué sin rumbo por las calles. En poco tiempo su marido me encontró y me llevo de vuelta a la casa. Una vez ahí me desnudaron, amarraron mis manos detrás de mi espalda, y comenzaron a latiguearme con un alambre atado a una escoba. Ambos me pegaban al mismo tiempo. Luego ella me froto un chile picante en las heridas y me lo insertó en la vagina. Caí inconsciente.

Pasado un largo rato uno de los niños me encontró y me desató. Estuve en el piso, justo como me dejaron, por varios días. El dolor era terrible y nadie trató mis heridas. Cuando por fin pude incorporarme tuve que comenzar a trabajar inmediatamente, pero después de esto siempre me dejaban encerrada en el apartamento. Continuaron las golpizas.

Seba fue finalmente liberada cuando un vecino, tras oír el abuso y las golpizas, logró hablar con ella. Al ver las cicatrices y heridas, el vecino llamo a la policía y al Comité Francés Contra la Esclavitud Moderna (CCEM), quienes abrieron el caso y llevaron a Seba bajo su custodia. Los exámenes médicos confirmaron que ella había sido torturada.

Hoy en día Seba recibe las atenciones necesarias, viviendo con una familia voluntaria. Recibe terapia y está aprendiendo a leer y escribir. La recuperación tomará años, pero ella es una joven con mucha fuerza y determinación. Lo que más me asombró fue lo lejos que Seba está de sanar por completo. Mientras charlábamos me fue aparente que a pesar de sus veintidós años de edad y de su aguda inteligencia, el entendimiento del mundo que ella tiene es aún menos desarrollado que el de un niño promedio de cinco años. Por ejemplo, antes de ser liberada ella no tenía noción de lo que es el tiempo –no sabia lo que son las semanas, los meses, los años. Para Seba sólo había una inagotable ronda de trabajar y dormir. Ella sabía que había días calientes y días fríos, pero nunca había aprendido que hay estaciones que siguen un patrón. Si alguna vez supo la fecha de su cumpleaños, lo había olvidado, y no sabía su edad. La idea de “elegir” aún la abruma. Su familia voluntaria trata de ayudarla a tomar sus decisiones, pero ella todavía no lo comprende del todo.

Si el caso de Seba fuera único, eso en sí ya sería impactante, pero Seba es una de quizás 3,000 esclavas/os domésticas/os en Paris. Ni es este tipo de esclavitud exclusiva a esta ciudad. En Londres, Nueva York, Zurich, Los Ángeles, en todo el mundo, niños y niñas son brutalizados diariamente como esclavos domésticos. Y son sólo un pequeño grupo de los esclavos que hay en el planeta.

La esclavitud no es un horror consignado al pasado; continúa existiendo en todo el planeta, inclusive en países desarrollados como Francia y los Estados Unidos. En el mundo entero esclavos trabajan y sudan, y construyen y sufren. Esclavos en Pakistán hicieron los zapatos que estás usando y la alfombra en la que estás parado. Esclavos en el Caribe quizás cosecharon la azúcar que llega a tu mesa, e hicieron los juguetes con los que juegan tus hijos. En India pudieron haber hilvanado la camisa que cubre tu espalda, y pudieron ser ellos quienes le dieron ese brillo al anillo que llevas puesto. No reciben ni un centavo. Nada.

Los esclavos también tocan tu vida indirectamente. Ellos forjaron los ladrillos para la fábrica donde se hizo el televisor que miras. En Brasil, esclavos hicieron el carbón con el cual se calentó el acero con que se fabrican los resortes de tu coche y la navaja de tu podadora. Esclavos cosecharon el arroz que alimentó a la mujer que hiló esa linda tela que colgaste encima de tus cortinas. Tu portafolio de inversiones y tu fondo de pensión tienen acciones en compañías que usan la labor de esclavos en países en vías de desarrollo. La esclavitud mantiene bajos tus costos y altas tus ganancias.

La esclavitud es un negocio que está en auge, y el número de esclavos en el mundo está creciendo constantemente. Las personas se enriquecen usando esclavos. Y cuando han terminado con sus esclavos, se deshacen de ellos. Esta es la nueva esclavitud, cuyo enfoque son las grandes ganancias y las vidas baratas. Ya no se trata de ser dueños de otra persona, en el sentido tradicional de la antigua esclavitud, sino de controlarlos por completo. Las personas se vuelven en utensilios, para hacer dinero. Se vuelven totalmente desechables.

En más de diez ocasiones desperté temprano en la mañana para encontrarme con el cuerpo de una niña flotando en el agua cerca de la barca. Nadie se ocupaba ni siquiera de enterrar a las niñas. Sólo arrojaban sus cuerpos al río para ser devorados por los peces.[i]

Este fue (y es) el destino de muchas niñas esclavizadas como prostitutas en los pueblos mineros del Amazonas, explicaba Antonia Pinto -quien trabajaba ahí como cocinera y enfermera. Mientras el primer mundo se queja de la destrucción de la selva, pocas personas se dan cuenta de que se utiliza el trabajo de esclavos para destruirla. Con el cuento de que harán grandes fortunas con oro en polvo, se atrae a miles de hombres a esa región, y niñas, hasta de once años de edad, son prometidas trabajo en oficinas y restaurantes que sirven a los mineros. Cuando llegan a las remotas áreas mineras, los hombres son encerrados y se les obliga a trabajar en las minas; las niñas son golpeadas, violadas, y forzadas a trabajar como prostitutas. A los “reclutadores” se les paga una pequeña suma por cada cuerpo, quizás unos $150. Los “reclutas” se han convertido en esclavos –no por medio de la propiedad legal, sino a través de la autoridad final de la violencia. La policía local ayuda a controlar a los esclavos. Como nos contó una joven mujer, “Aquí los dueños del burdel envían a la policía a lastimarnos…si huimos van tras nosotras, si nos encuentran nos matan, y si no nos matan nos apalean todo el camino de regreso al burdel.”[ii]

Estos burdeles son increíblemente lucrativos. Una niña que “costó” $150 puede ser vendida hasta diez veces en una noche y generar ingresos para el burdel hasta de $10,000 al mes. Los únicos gastos son los sobornos para la policía y una miseria para la comida de las niñas. Si una pequeña causa problemas, intenta huir, o se enferma, es fácil deshacerse de ella y reemplazarla. Antonia Pinto describió lo que le ocurrió a una niña de once años quien se rehusó a tener sexo con un minero: “Después de decapitarla con su machete, el minero anduvo en su lancha, por todo el río, enseñando la cabeza a los otros mineros, quienes aplaudían y gritaba eufóricos con aprobación.”[iii]

Tal como muestra la historia de estas niñas, la esclavitud, contrario de lo que muchos creíamos, no ha terminado. La palabra esclavitud continúa siendo utilizada para significar todo tipo de cosas,[iv] y demasiado a menudo ha sido aplicada como metáfora. Tener justo el dinero suficiente para sobrevivir, recibir un salario que apenas te mantiene vivo, puede ser llamado esclavitud salarial, pero no es esclavitud. Los campesinos viven una vida dura, pero no son esclavos. Que haya niños trabajando en fábricas es terrible, pero no necesariamente es esclavitud.

Podremos pensar que la esclavitud tiene que ver con la posesión, pero eso depende con lo que queramos decir por posesión. En el pasado, esclavitud suponía que alguien era dueño de otra persona, pero la esclavitud moderna es diferente. Hoy en día la esclavitud ilegal está en todas partes, con todo y que ya no es constitucional que un ser humano sea la propiedad de otro. Ahora cuando alguien compra un esclavo, no piden un recibo o papeles de titulo, pero sí establecen control –y utilizan la violencia para mantener este control. Actualmente cuando alguien tiene esclavos, conserva todos los beneficios sin tener que lidiar con las legalidades. De hecho no ser dueño legal es para su ventaja, ya que así obtienen el control absoluto de esa persona sin tener que asumir las responsabilidades. Por está razón uso el termino tener esclavos en vez de poseer esclavos. A pesar de las diferencias entre la nueva y la vieja esclavitud, creo que todos estamos de acuerdo que a lo que me refiero es, sin duda, esclavitud: el control total sobre una persona por parte de otra con el propósito de explotarlos económicamente. La esclavitud moderna se esconde tras varias mascaras, usando abogados ingeniosos y cortinas de humo legales; pero cuando la despojamos de sus mentiras, nos encontramos con alguien siendo controlado por medio de violencia, y privado de cualquier libertad personal, para a fin de cuentas hacerle dinero a otro(s). Viajando por el mundo, estudiando la nueva esclavitud, miré detrás de las mascaras legales y lo que vi fueron

[i] Alison Sutton citada en Slavery in Brazil: A Link in the Chain of Modernisation (London: Anti-Slavery International, 1994) p.102.
[ii] Proveniente de una carta entregada a investigadores de SEICOM (Secretaria de Industria, Comercio e Mineracao do Estado do Para), publicado en 1992 en, As Mulheres do Ouro: A Forca da Trabalho Femenino nos Garimpos do Tapajos (Las Mujeres de Oro: La Fuerza Laboral Femenina en los Garimpos de Tapajos), de Rita Maria Rodrigues. (Belem: SEICOM, 1992), Citado por Sutton en Slavery in Brazil, p.97.
[iii] Citado por Sue Bradford, “Brazilian Congreso Tells of Half-Million Child Prostitutes,” Guardian, 29 Junio 1993, p.12.
[iv]

Kevin Bales es director de Free the Slaves, Washington DC, (http://www.freetheslaves.net/) y profesor de sociología en la Universidad de Surrey Rehampton en Inglaterra. Es el más reconocido experto mundial en lo que concierne a esclavitud contemporánea.

miércoles, 9 de julio de 2008

La Poética del Sujeto




Diario hablamos. Intercambiamos idiosincrasias y observaciones, demandas y seducciones, reclamos y aspiraciones, gruñidos y gemidos, pausas e interrupciones…Transferimos sentimientos y deseos en pequeñas y arborescentes capsulas volátiles: palabras. Signos asechados por otros signos y significados diferidos en un juego de historias y espejos. Y a veces para decir algo, callamos; el peso del silencio, el espacio que transporta en eclosión, puede en instancias instigarnos a compartir la incertidumbre o el asombro.

La palabra generalmente se ve relegada a dos campos opuestos, pero mutuamente edificantes; es decir, o nos topamos con la concepción de que la palabra designa algo directamente, como en un contrato; o encontramos lo que algunos místicos plantean, que la palabra es un gesto vacío y pretensioso que enreda la experiencia de lo inmediato. Cuanta paranoia.

Menos mal que hay poetas.

En la poesía la palabra puede ser música, como los juegos fonosemánticos que un niño repite, absorto y expandido en lo que acontece; o bien puede ser martillo o una lengua cálida al lóbulo de la oreja; la palabra es lo que es y su fantasma, y la brecha entre estos; la palabra es la ruptura del tiempo por el afecto; la palabra se desnuda, se viste de geisha o de rayo de sol, y baila y muere y sonríe. En la poesía la palabra se devela extraña e íntima, intermitentemente y a la vez.

No hay un sitio fuera de la narrativa para nosotros. No hay adonde correr a esconderse de la palabra. Si bien en la inmanencia el sujeto y el objeto pierden sus contornos y contrastes, dicha experiencia se verá narrada posteriormente. Si bien la experiencia como tal no será inscrita en ningún morfema, sí se buscará transmitir, comunicar a otro—se traducirá, por lo menos el método para provocar dicha experiencia. Ya sean las direcciones para llegar a dicha epifanía, o una lista de desviaciones en potencia que habría que procurar evitar. Nadie puede decirte a qué sabe la cajeta, pero sí te pueden decir dónde comprar una lata de ésta y dónde no.

La poesía transmite experiencias no sólo en los juegos con los múltiples significados y connotaciones de la palabra (como un albur), la rítmica, métrica, arreglo visual, tono, etc. sino que hay una función directa que la poesía puede provocar por medio de estos recursos. Como los famosos Koan de la tradición del Zen, la poesía puede alterar las estructuras neuronales del lector/escucha a través de lo inesperado, lo inefable, la aporía. Rupturas y suturas paradigmáticas, rizomáticos retornos a lo inefable, confusiones y despertares latentes. Se modifica el registro de la experiencia misma, gracias al efecto que tiene lo inexplicable ante la lógica—la lógica misma debe ceder, así abriendo campo a toda otra gama de experiencias antes insospechadas.

El sujeto mismo puede ser poetizado. Durante el transcurso de un día suelo pensar compulsivamente, narrándome los eventos que suceden a mi alrededor, casi como si no estuvieron sucediendo. Agregando y encimando juicios y afectos y recuerdos y asociaciones y resentimientos a este cuento. A ratos esta tendencia se altera, florece o se cae y ocurre poesía. Habito más cerca de la inmanencia en esas interferencias. En otras ocasiones es la manera en que escucho la que cede ante el flujo poético; la verborrea sigue, pero la oigo con espacio, distinguiendo sus causas infinitas y la textura precisa de su desborde. Así los movimientos y desplazamientos del sujeto se vuelven poesía. La identidad misma se derrite develando la continua y brillante elusión de aquello que llamamos el sujeto: el deseo.

La historia que formula el presente como tal es una novela—la historia es siempre la ficción, los límites de lo concebible. El sujeto, está sujeto a su enunciación, a su tenaz causalidad. Al poetizarse el sujeto el enunciado cambia—nuestras relaciones se tornan más empáticas y jugosas, fractal y exponencialmente. El significado de la novela entera se ve en problemas, en duda. Así se articula lo indecible. Miles de formas de opresión son develadas y expuestas. Miríada de libertades cobran vida, y lo posible se ofrece con ética. Rescatemos la poesía de escondites y pedanterías. Habitémosla y llevémosla en la lengua y el escucha; en el trazo de los sentidos sobre las huellas de la experiencia; en la carne; abramos sus puertas para que la interpretación le bese el cuello y así suspiren revueltas. Caminemos junto a ella, hacia ella, en ella, por ella.

Poetizemos la calle.

lunes, 19 de mayo de 2008

Recurrencias...


I never love nobody fully
Always one foot on the ground
And by protecting my heart truly
I got lost
In the sounds
I hear in my mind
All these voices
I hear in my mind
-Regina Spektor, Fidelity


Y aquí regresa, ese punzocortante torbellino de calor en el pecho, aquel dolor de amor. El incierto peso de lágrimas anunciadas gira en la boca de mi estómago mientras como jeroglíficos, lo dicho se repite en mi cabeza. De pronto llega una brisa de calma y sé que así de pronto también se irá; pero aún así, entiendo que de momento no hay nada más que pueda hacer—salvo quizás abrirme sin reservas a ese oleaje de pena en el pecho para así acariciar al mundo, con la tierna evidencia de una vulnerabilidad total.


Pues batallar contra la niebla de la ideología, contra la constitución química de su historia y los gases de su propagación continua, no es más que disponerme a una intoxicación severa—mareo, vértigo, distorsión. No puedo. No puedo más. No puedo más que considerar que yo soy esa niebla; que la llevo inhalando desde que tengo nombre, y que mis células no se distinguen de ella. Hasta esa sensación de distancia escéptica es producto de la niebla; la claridad no es más que un concepto significado por el transcurso e inercia de la ideología. Cuando pienso en la niebla aún pienso engullido, cubierto en sus nebulosas constelaciones de sentido. Sin embargo, la tragicómica ironía es que a pesar de estas contemplaciones continuas, todavía creo que sé, hasta sé que sé; y con todo y el horror que este caer en cuenta trae consigo en las instancias de lucidez, el hábito es brutal.

Bien, pero, ¿por qué habría de importarme? ¿Qué más da, no? Si fuera un determinista (y la tentación de hacerlo es tremenda), o un nihilista (y la inclinación a ello es seductora), habría de acordarlo, y callar con un supuesto loop de chistes siniestros, para seguir convencido de un inicio y un fin. Pero algo me rebasa, continuamente hay agujeros en la textura de la verdad, y la certeza se disuelve en algo sin nombre que recorre el cuerpo inminentemente. Y esto es recurrente, algo se repite en mi experiencia, algo abismal y ominoso que regresa y dispersa la solidez de cualquier fórmula.

La sensación de voluntad es eso, una sensación; un efecto especial producido a posteriori por reacciones neuronales. Mi voluntad es un recuento de memorias recalentadas y repeticiones insaciables, de fabricaciones de significados; es una colección de historias que generan la ilusión de que hay, en efecto [sic], un coleccionista. Un especie de agente adhesivo que surge en dependencia de la narrativa asumida, y este efecto se re-presenta como inherente, y es más, como creador absoluto e inmutable del efecto en sí…Amén de paradojas. Ni tanto. Sino que aparecen recurrentemente las fallas en esta construcción, y nuestra reacción es querer taparlas, para mantener la sensación de singularidad, en vez de ese vacío múltiple que invita a la aceptación del desconocer. Soy un concepto en una venta de garaje de conceptos.

Y no.

Aquello que interrumpe, aquello que interfiere, aquello que instiga, aquello que provoca hacia el entender, mas no el saber… Tampoco hay manera de que eso no me afecte de forma entrañable y constante. Pero no puedo forzar las cosas, no puedo más que cooperar con propiciar las causas y condiciones necesarias para un profundo romance con lo que sí hay. Ese gran sí que Nietzsche anuncia y Bataille reclama y declama.

Bien, pues a ello: el amor. Refrescante rayo de lúcida dulzura radical. Y la palabra teñida de historias y figuraciones con las que no puedo osar romper y adentrarme en un nuevo mito adánico. En el banquete de Platón, ya se quebraban el habla con este tema en la lengua. Amor puro, amor platónico, amor romántico, amor apache, amor fraternal, amor problemático, amor sincero, amor filial, amor por el arte, amor por el prójimo, amor loco, amor idílico, amor mesiánico, amor propio, amor único, amor, amor, amor. Amor de mis amores.

Es ahí, en eso que llamamos amor, y hemos de despojar de su signo para probar en su inconmensurable ferocidad e inmanencia, que nos es posible ser trastocados por el peso de la locura de nuestro mundo. Es ahí en esa inevitable disposición a la apertura que la carga de las perturbaciones en nuestra radical interdependencia se hacen manifiestas y más de una vez hemos de aullar. La bestial interpelación de nuestra propia ignorancia se aparece entre los huecos y en general no hay más que una terrible impotencia ante su momentum.

Reñimos contra los fantasmáticos tintes de la utopía en boga en nuestra cabeza acomodada, para terminar exhaustos y heridos y resentidos con aquella alucinación auto-profética. Quizás lo suficientemente derrotados para disponernos a examinar cómo nos habita ese fantasma. Quizás lo suficientemente inspirados para cariñosamente oír a ese espectro llorar emberrinchado y acariciarle sin razón, hasta desmentir su locura y apreciar cómo en su rostro se tuerce una sonrisa luminosa, aquella que surge cuando lo real regresa en eclosión.

Es hermoso sin mesura, atestiguar, cómo abres los ojos para despertar a un mundo desprovisto de obviedad, de nuevo fresco, extraño y asombroso. Y tu corazón en flamas… contagioso.

Somos mortales.